El futuro también necesita luz: ¿cómo avanzar con el temor a los apagones?
Opinión | Ecuador vuelve a enfrentar el temor a los apagones. Una reflexión sobre el futuro tecnológico de un país que todavía lucha por garantizar lo esencial

Mientras la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades, Ecuador sigue pendiente de las lluvias para garantizar su suministro eléctrico.
Inteligencia artificial y crisis energética
- Mientras la inteligencia artificial transforma el mundo y abre posibilidades que parecían imposibles, Ecuador vuelve a enfrentar la incertidumbre energética.
- Las restricciones eléctricas a las industrias y el temor a nuevos apagones evidencian cuánto nos falta por avanzar. ¿Cómo construir un futuro tecnológico si todavía dependemos de las lluvias para garantizar la electricidad?
- Esta es una reflexión sobre innovación, planificación y los desafíos de un país que también merece ser parte de esta revolución.
Hay días en los que me despierto pensando en todas las cosas extraordinarias que podríamos conseguir con la inteligencia artificial. Imagino enfermedades detectadas antes de que aparezcan los primeros síntomas, tratamientos diseñados para cada paciente, ciudades capaces de anticiparse a los desastres naturales y sistemas educativos que entiendan las necesidades de cada estudiante.
Me entusiasma pensar en cuánto podríamos avanzar durante los próximos años. Soy profundamente optimista sobre el potencial de esta tecnología y creo que estamos viviendo uno de los momentos más fascinantes de la historia de la humanidad. Tenemos frente a nosotros herramientas que pueden ayudarnos a resolver problemas que durante décadas parecían imposibles.
Después miro lo que ocurre en Ecuador y ese entusiasmo se encuentra con una realidad que me cuesta comprender: todavía tenemos que preocuparnos por algo tan elemental como contar con electricidad.
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El miedo a repetir 2024
Este mes volvimos a escuchar palabras que creíamos haber dejado atrás: estiaje, restricciones energéticas, cortes de luz. Las industrias enfrentan limitaciones en el suministro eléctrico y algunas deben recurrir a generadores para continuar operando. Los apagones de hace dos años siguen demasiado presentes en nuestra memoria. Fueron jornadas de hasta catorce horas sin energía que trastocaron nuestra manera de trabajar, estudiar y vivir.
Hay una cifra que ayuda a comprender nuestra vulnerabilidad: el complejo hidroeléctrico Paute, integrado por Mazar, Paute y Sopladora, cubría alrededor del 38 % de la demanda eléctrica nacional durante la crisis de 2024. Buena parte del suministro dependía de un sistema expuesto a las variaciones de las lluvias.
Y basta con que se interrumpa el servicio durante unos minutos para que regrese aquella incertidumbre. Me impresiona la distancia que existe entre el mundo que estamos construyendo y el país en el que vivimos.
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La IA está acelerando investigaciones científicas, transformando industrias y abriendo posibilidades que hace apenas unos años pertenecían a la ciencia ficción. Al mismo tiempo, en Ecuador seguimos pendientes de los niveles de los embalses y de las lluvias que necesitamos para sostener nuestra generación eléctrica.
Tenemos un enorme potencial energético, pero también una dependencia que nos vuelve vulnerables cada vez que las condiciones climáticas dejan de acompañarnos.
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Costa Rica y una lección de planificación
Pienso en Costa Rica, un país pequeño que ha conseguido desarrollar una matriz eléctrica renovable con fuentes hidroeléctricas, eólicas, geotérmicas, solares y biomasa.
En 2025, Costa Rica produjo el 98,6 % de su electricidad con fuentes renovables, según el Instituto Costarricense de Electricidad. Su experiencia demuestra lo que puede conseguirse cuando la planificación energética se sostiene durante décadas.
También pienso en todo lo que podríamos hacer con las herramientas que hoy tenemos disponibles. La IA ya permite mejorar los pronósticos de demanda eléctrica, identificar posibles fallas en las redes y optimizar el aprovechamiento de distintas fuentes de generación. Son avances que podrían contribuir a gestionar mejor nuestros recursos y anticiparnos a situaciones críticas.
Me gustaría que en Ecuador habláramos mucho más de estas posibilidades. Que discutiéramos cómo aprovechar la tecnología para mejorar nuestros servicios públicos, fortalecer nuestra infraestructura y prepararnos para los desafíos que vienen. Porque el futuro del que tanto hablamos también debería construirse aquí.
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El país que queremos construir
Tenemos profesionales preparados, jóvenes con talento, emprendedores que buscan innovar y empresas dispuestas a invertir. Hay una generación que está aprendiendo a utilizar herramientas capaces de multiplicar sus oportunidades. Sería lamentable que sus aspiraciones siguieran tropezando con problemas que debimos resolver hace mucho tiempo.
Me niego a perder el entusiasmo por lo que viene. Sigo creyendo que la inteligencia artificial puede contribuir a mejorar profundamente nuestras vidas. Quiero ver a Ecuador participando de esa transformación, aprovechando sus oportunidades y desarrollando soluciones propias.
Pero quisiera, sobre todo, que pudiéramos mirar hacia adelante con la tranquilidad de saber que nuestro país también está preparado para avanzar.
Porque resulta difícil imaginar hasta dónde podemos llegar con la inteligencia artificial cuando todavía tenemos que mirar al cielo, esperando que mañana llueva lo suficiente para que podamos seguir teniendo luz.