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Diario Expreso Ecuador

Medicamentos para bajar de peso: ¿solución real o riesgo para la salud?

Nuevos fármacos prometen bajar de peso, pero especialistas advierten que no son una cura definitiva, sino tratamientos prolongados con beneficios y riesgos

Referencial.La medición y supervisión médica acompañan los tratamientos para bajar de peso.

Referencial.La medición y supervisión médica acompañan los tratamientos para bajar de peso.Foto: Canva

Valeria Alvear
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Lo que debes saber

  • Enfermedad crónica: La obesidad es una patología compleja, similar a la diabetes, que requiere un tratamiento médico sostenido y no debe enfocarse solo como un problema estético.
  • Impacto de fármacos: Medicamentos como la Semaglutida logran una pérdida de peso de hasta el 20%, reduciendo además riesgos cardiovasculares y mejorando la salud del hígado graso.
  • Enfoque integral: Los fármacos no son una cura definitiva; funcionan como complementos de una dieta proteica y ejercicio para evitar recuperar el peso al suspender el tratamiento.

El auge de medicamentos para bajar de peso ha reconfigurado el debate sobre la obesidad. Lo que antes parecía limitado a dietas estrictas o cirugías bariátricas, hoy incluye una nueva generación de fármacos que prometen resultados rápidos y sostenidos. Sin embargo, la pregunta sigue abierta: ¿son realmente una solución definitiva o representan riesgos y dependencia a largo plazo?

Para el médico internista Enrique Boloña Gilbert, el punto de partida es entender que la obesidad no es un problema estético ni una cuestión de voluntad, sino una enfermedad compleja que requiere tratamiento médico.

La obesidad: una enfermedad crónica, no un problema pasajero

El especialista es claro al señalar que el enfoque tradicional es insuficiente.“La obesidad es una patología compleja como decir hipertensión, como decir diabetes”, explica Enrique Boloña Gilbert .

Desde esta perspectiva, los medicamentos no deben entenderse como una cura, sino como parte de un tratamiento sostenido en el tiempo.

No es un tratamiento necesariamente curativo”, advierte .

El médico enfatiza que, al igual que otras enfermedades crónicas, la obesidad requiere seguimiento y decisiones compartidas entre paciente y especialista, lo que implica asumir que el tratamiento puede ser prolongado.

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¿Cómo funcionan estos medicamentos?

Los fármacos más populares pertenecen a la familia de las incretinas, diseñados inicialmente para tratar la diabetes. Con el tiempo, se comprobó su efecto en la pérdida de peso.

“Son medicamentos que actúan a nivel hormonal, a nivel cerebral y también enlentecen el vaciamiento gástrico”, detalla Boloña Gilbert .

Precisamente a partir de este mecanismo, estas terapias han evolucionado por generaciones. La primera, como la semaglutida, actúa sobre una hormona (GLP-1). La segunda, como la tirzepatida, actúa sobre dos (GLP-1 y GIP), lo que aumenta su eficacia y mejora la tolerancia.

Esto se traduce en una sensación de saciedad más rápida, menor consumo de alimentos y reducción del apetito. En términos de resultados, los estudios muestran diferencias entre generaciones de medicamentos:

  • Semaglutida: pérdida de entre 10% y 12% del peso corporal
  • Tirzepatida: reducción de hasta 18% o 20%

Estos porcentajes se acercan, en algunos casos, a los resultados de procedimientos quirúrgicos.

Beneficios: más allá de lo estético

Uno de los principales argumentos a favor de estos tratamientos es su impacto en la salud integral.

Los beneficios de bajar de peso no solamente son estéticos”, señala el especialista .

Entre los efectos positivos documentados están:

  • Reducción del riesgo de infartos y eventos cerebrovasculares
  • Mejora del hígado graso
  • Beneficios en la función renal
  • Disminución de conductas compulsivas
Referencial. Especialistas subrayan que la pérdida de peso aporta beneficios médicos más allá de la apariencia física.

Referencial. Especialistas subrayan que la pérdida de peso aporta beneficios médicos más allá de la apariencia física.Foto: Canva

Estos resultados han sido respaldados por estudios clínicos, lo que ha impulsado su aprobación por organismos regulatorios internacionales.

Riesgos y efectos secundarios

Aunque los beneficios son relevantes, los medicamentos no están exentos de efectos adversos.

Los efectos colaterales más comunes son estreñimiento, sensación de llenura, diarrea o reflujo”, explica Boloña Gilbert .

Estos síntomas afectan aproximadamente entre el 10% y el 15% de los pacientes, aunque suelen ser manejables. Además, el especialista advierte que la pérdida de peso también puede implicar reducción de masa muscular si no se acompaña de ejercicio y una dieta adecuada.

¿Dependencia a largo plazo?

Uno de los puntos más debatidos es la posibilidad de recuperar el peso tras suspender el tratamiento.

“Hay estudios que demuestran que la gente recupera dos terceras partes del peso perdido a los pocos años”, afirma .

Esto refuerza la idea de que no se trata de una solución definitiva. Incluso procedimientos como la cirugía bariátrica presentan patrones similares de recuperación de peso con el tiempo.

Acceso y costos: una barrera persistente

El acceso a estos medicamentos sigue siendo limitado, especialmente por su costo. Aunque en la actualidad los precios han comenzado a disminuir, durante los primeros años representaban una barrera casi infranqueable para la mayoría de pacientes.

Por ejemplo, un mes de tratamiento te podía costar mil, mil quinientos, dos mil dólares”, explica el médico internista.

En la actualidad, el panorama ha cambiado parcialmente.“Ahora esos costos están bajando… te puede costar entre 200 y 400 dólares al mes”, añade .

Pese a esta reducción, el tratamiento sigue siendo elevado para gran parte de la población, lo que limita su acceso y abre el debate sobre la cobertura de seguros y su inclusión en sistemas de salud pública.

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¿Solución o complemento?

Para el médico internista Enrique Boloña Gilbert, el uso de fármacos para bajar de peso no admite respuestas absolutas. Más que una solución definitiva, plantea que se trata de una herramienta dentro de un abordaje integral de una enfermedad compleja como la obesidad.

El ejercicio es clave también… una dieta rica en proteínas es fundamental”, sostiene el especialista, al insistir en que los medicamentos no sustituyen los hábitos saludables, sino que los complementan.

En esa línea, Boloña recalca que el tratamiento debe adaptarse a cada paciente. “Hay pacientes para cada indicación… hay que individualizar la recomendación”, explica, al tiempo que advierte que no todos son candidatos a este tipo de terapias.

Referencial. La actividad física y la nutrición equilibrada refuerzan los tratamientos médicos sin reemplazarlos.

Referencial. La actividad física y la nutrición equilibrada refuerzan los tratamientos médicos sin reemplazarlos.Foto: Canva

Más allá de dieta y ejercicio

El especialista también cuestiona la idea de que los fármacos son el “último recurso” cuando la alimentación y el ejercicio fallan. Desde su experiencia clínica, asegura que la obesidad responde a múltiples factores que van más allá del control individual.

La obesidad es mucho más compleja que simplemente cuánto como y cuánto ejercicio hago”, afirma. En consulta, añade, es frecuente encontrar pacientes que cumplen con dietas supervisadas y rutinas físicas sin lograr resultados sostenidos.

Hay gente que, a pesar de hacer todo bien, no puede perder peso… porque intervienen factores hormonales, genéticos y metabólicos”, detalla.

Aun así, aclara que el uso de medicamentos no es automático. “Si alguien lleva una dieta pésima y no hace ejercicio, no salto al fármaco de entrada… intento primero con nutrición y actividad física”, precisa.

Desmitificar el tratamiento

Para Boloña, uno de los principales retos es eliminar el estigma alrededor de estos tratamientos. En su criterio, recurrir a medicamentos no debería generar cuestionamientos cuando se trata de una enfermedad.

“¿Por qué te da vergüenza decir que usas un fármaco, pero no decir que tratas tu diabetes o tu hipertensión?”, plantea, al defender que se trata de aplicar herramientas respaldadas por la ciencia.

Además, subraya que los beneficios van más allá de lo estético. “Los beneficios son inmensos… hay menos infartos, menos eventos cerebrovasculares, mejora el hígado graso, la función renal”, afirma, citando evidencia clínica.

En ese contexto, insiste en que estos medicamentos no son experimentales. “No son fármacos nuevos… se conocen muy bien sus beneficios y efectos colaterales”, comenta.

Para que un fármaco logre salir al mercado ha pasado, en promedio, entre 10 y 15 años de estudios”, añade. Este proceso incluye fases en animales y humanos, con el objetivo de demostrar primero su seguridad, luego su eficacia y finalmente determinar las dosis adecuadas.

Además, señala que organismos como la Food and Drug Administration (FDA) mantienen estándares estrictos en la aprobación de medicamentos. “Son entes reguladores con muy, muy altos estándares y muy estrictos”, afirma.

Así, el debate no se centra en elegir entre fármacos o hábitos saludables, sino en entender que, frente a una enfermedad compleja, el tratamiento requiere una combinación de estrategias y un seguimiento médico personalizado.

Obesidad: el reto de ir más allá de los medicamentos

El desarrollo de medicamentos para bajar de peso marca un avance significativo en el abordaje de la obesidad. Sin embargo, lejos de ser una solución mágica, estos fármacos forman parte de un tratamiento más amplio que incluye cambios en el estilo de vida y seguimiento médico. 

El desafío no solo está en su efectividad, sino en cómo se integran dentro de un sistema de salud que enfrenta una epidemia global de obesidad. La clave, según los especialistas, está en entender que no hay respuestas rápidas para problemas complejos.

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