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Hígado graso en jóvenes: causas, riesgos y cómo prevenirlo
Especialistas advierten que el hígado graso en jóvenes crece por el consumo excesivo de azúcares, sedentarismo y malos hábitos alimenticios

El aumento del hígado graso en jóvenes ecuatorianos evidencia una crisis silenciosa vinculada al consumo excesivo de azúcares, el sedentarismo y la falta de educación alimentaria.
Lo que debes saber
- Hasta el 70% de adolescentes con obesidad puede desarrollar hígado graso.
- Perder entre el 7% y 10% del peso corporal puede revertir la enfermedad.
- El hígado graso aumenta el riesgo de infartos y diabetes, siendo más probable morir por causas cardiovasculares.
El hígado graso, antes asociado a adultos mayores, hoy se ha convertido en una alerta creciente entre jóvenes ecuatorianos, impulsada por cambios en los hábitos alimenticios y el estilo de vida. Aunque Ecuador no cuenta con registros nacionales robustos sobre esta enfermedad en adolescentes, los indicadores disponibles ya encienden las alarmas: más del 30% de los adolescentes presenta sobrepeso u obesidad, mientras que en adultos jóvenes la cifra supera el 60%, condiciones estrechamente relacionadas con la acumulación de grasa en el hígado .
El hígado graso metabólico en jóvenes
“El problema ya no es aislado, es estructural”, explica Javier Flores, médico y docente universitario. Según detalla, estudios internacionales evidencian que hasta el 70% de adolescentes con obesidad desarrolla hígado graso metabólico, una tendencia que también se replica en Ecuador. “Lo que antes se diagnosticaba en la quinta o sexta década de vida, hoy aparece en jóvenes universitarios”, advierte .
Detrás de este fenómeno está la resistencia a la insulina, un proceso que se instala tempranamente y que es impulsado por factores específicos: el consumo excesivo de bebidas azucaradas, la acumulación de grasa visceral y la falta de sueño. La fructosa líquida —presente en gaseosas, jugos industrializados y bebidas energizantes— evita los mecanismos de saciedad y activa directamente la producción de grasa en el hígado. A esto se suma la disrupción del sueño, que altera hormonas clave como la leptina y la grelina, afectando la regulación del apetito .
Causas: Alimentos azucaros y sedentarismo
Desde la nutrición, Dayanara Alvarado recalca que el problema no radica únicamente en las grasas, sino en el exceso de azúcares simples. “Muchas personas creen que el hígado graso es por comer grasa, pero en realidad es por el alto consumo de azúcares añadidos y carbohidratos simples”, señala la especialista. Además, destaca un dato clave: la baja ingesta de proteínas en la población provoca que las personas compensen con más carbohidratos, aumentando el riesgo de acumulación de grasa en el organismo .
El estilo de vida moderno también influye directamente. Para el médico general, Romario Riera, la combinación de sedentarismo, consumo de comida rápida y exposición constante a publicidad de alimentos ultraprocesados ha generado un entorno propicio para esta enfermedad. “Es un cóctel: bebidas azucaradas, embutidos, conservantes y poca actividad física”, explica, al tiempo que advierte que este escenario también incrementa el riesgo de diabetes y enfermedades endocrinas .
La receta para mejorar: La dieta y el ejercicio
Pese a este panorama, existen datos alentadores. La evidencia clínica muestra que una pérdida de entre el 7% y el 10% del peso corporal puede lograr la resolución del hígado graso, incluso con regresión de la inflamación y fibrosis hepática. Este dato posiciona al cambio de hábitos como la principal herramienta terapéutica disponible en el país, donde los tratamientos farmacológicos aún no están ampliamente accesibles .
En el ámbito internacional, se han desarrollado medicamentos como resmetirom y semaglutida, que han demostrado resultados significativos. "Por ejemplo, la semaglutida logró una resolución de la enfermedad en el 62,9% de los pacientes frente al 34,3% con placebo en estudios clínicos recientes. Sin embargo, estos tratamientos están indicados solo en casos avanzados y no forman parte del acceso regular en Ecuador", asegura Javier Flores.
La prevención, por tanto, sigue siendo la estrategia más efectiva. La doctora Carolina Palacios recomienda priorizar una alimentación equilibrada basada en proteínas, grasas saludables y vegetales, además de reducir el consumo de azúcares y harinas refinadas. A esto se suma la actividad física: al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, junto con entrenamientos de fuerza, ayudan a mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la grasa hepática .
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El descanso también cumple un rol determinante. Dormir menos de seis horas altera el metabolismo, incrementa el cortisol y desregula la glucosa en el organismo. “No es solo disciplina, es fisiología”, enfatizan los especialistas, al señalar que el sueño insuficiente modifica incluso la conducta alimentaria hacia productos ultraprocesados .
Marcador de riesgo sistémico
Más allá del daño hepático, el hígado graso es considerado un marcador de riesgo sistémico. Las estadísticas muestran que los pacientes tienen mayor probabilidad de morir por enfermedades cardiovasculares, como infartos o accidentes cerebrovasculares, antes que por complicaciones hepáticas. Además, está vinculado con diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica y ciertos tipos de cáncer .
Así, el hígado graso deja de ser una condición silenciosa para convertirse en una advertencia visible del impacto que tienen los hábitos cotidianos en la salud.