Regreso a clases 2026
Regreso a clases en Ecuador: cómo enfrentar el miedo y la inseguridad
El retorno a clases en Ecuador enfrenta un nuevo desafío: gestionar el impacto emocional de la inseguridad en estudiantes, docentes y familias

Especialistas advierten sobre la importancia de fortalecer la comunidad educativa y el acompañamiento socioemocional en las aulas.
Lo que debes saber
- La inseguridad está afectando la salud emocional de estudiantes.
- El DECE brinda apoyo psicosocial clave en las instituciones.
- La comunicación familiar ayuda a reducir la ansiedad escolar.
El retorno a clases en Ecuador ya no solo implica cuadernos nuevos y reencuentros en las aulas. En un contexto marcado por la inseguridad y la violencia en varias zonas del país, estudiantes, docentes y familias enfrentan un desafío adicional: gestionar el miedo, la ansiedad y la incertidumbre que se cuelan en la rutina escolar. Este escenario ha obligado a repensar el rol de las instituciones educativas, no solo como espacios de aprendizaje, sino como entornos de contención emocional.
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Comunidad educativa preparada
Para el psicólogo y educador Luiggi Sáenz de Viteri, la clave está en la preparación institucional. “Tener protocolos claros y personal capacitado para responder ante situaciones de amenaza es primordial”, sostiene, al tiempo que destaca que algunos planteles ya han implementado simulacros frente a escenarios de violencia. Según explica, una estructura organizada permite que tanto estudiantes como docentes reaccionen con mayor calma ante situaciones adversas.
Sin embargo, el impacto no se limita a lo operativo. La dimensión emocional es igual de determinante. Sáenz advierte que minimizar lo que sienten los estudiantes puede ser contraproducente. “Decir ‘no pasa nada’ invalida lo que los chicos experimentan. Lo importante es que el adulto esté regulado emocionalmente para acompañar”, afirma, subrayando que el miedo es una emoción natural, pero debe ser gestionada adecuadamente.
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Desde la academia, la psicóloga y catedrática Ginger Ruiz coincide en la necesidad de fortalecer el trabajo conjunto entre escuela y familia. “Es importante activar rutas y protocolos, pero también establecer una triada entre casa, colegio y alumno”, explica. Este enfoque busca que el estudiante no solo reciba formación académica, sino también acompañamiento socioemocional que le permita enfrentar contextos adversos.
Atención a los cambios de comportamiento
Las señales de alerta en niños y adolescentes son un punto crítico. Cambios bruscos de comportamiento, aislamiento, alteraciones en el sueño o incluso malestares físicos pueden evidenciar que el entorno está afectando su bienestar. Ruiz añade que también se pueden manifestar como desinterés académico o miedo constante a asistir a clases. “Es fundamental escuchar y, de ser necesario, derivar a un acompañamiento terapéutico”, enfatiza.
En este contexto, los docentes asumen un rol complejo: no solo educan, también contienen. No obstante, ellos mismos enfrentan el mismo estrés que sus estudiantes. Por ello, los especialistas coinciden en la importancia de fortalecer la comunidad educativa. “Cuando los alumnos ven que sus profesores se manejan bien, replican esa calma”, señala Sáenz, quien resalta el valor del apoyo mutuo en momentos de crisis.
Otro factor determinante es el acceso a la información. La sobreexposición a noticias violentas, especialmente en redes sociales, puede intensificar la ansiedad en los jóvenes. Regular el consumo de contenido y orientar sobre fuentes confiables se vuelve una tarea urgente para padres y educadores, quienes deben guiar a los estudiantes en la comprensión de la realidad sin generar pánico.
La familia y los DECE
A nivel familiar, el reto es evitar que la ansiedad de los adultos se transfiera a los hijos. Ruiz propone generar espacios de diálogo y programas para padres que permitan manejar la incertidumbre desde la comunicación asertiva. Además, destaca el rol de los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE) en el acompañamiento continuo, tanto a estudiantes como a sus familias.
Más allá de la crisis, la escuela sigue siendo un espacio clave para la construcción de vínculos. Como recuerda Ruiz, retomando ideas del psicoanálisis, la educación no solo transmite conocimientos, sino que enseña a convivir. En tiempos de incertidumbre, fortalecer esos lazos se convierte en una herramienta esencial para sostener a los estudiantes.