
Martha Rizzo: "Ecuador aún no ha apostado por la cultura como motor de desarrollo"
Con presupuesto limitado y dependencia del sistema estatal, la Casa de la Cultura apuesta por alianzas y trabajo comunitario
La Casa de la Cultura Núcleo del Guayas atraviesa un proceso de transformación que busca redefinir el rol de la cultura en el país. Bajo la dirección de Martha Rizzo, la institución ha dejado de centrarse únicamente en la producción artística para orientarse hacia un modelo que prioriza el impacto social, educativo y comunitario. Esto a pesar de las vicisitudes económicas que atraviesa, según informa la directora de la Casa, y la centralización de recursos "que reparte con disparidad" a las instituciones culturales.
¿Cómo se define hoy su gestión al frente de la Casa de la Cultura del Guayas?
Nuestra gestión responde a una transformación profunda. La Casa de la Cultura dejó de ser un espacio únicamente artístico para convertirse en un actor social. La cultura no es solo arte ni entretenimiento, es un eje de desarrollo que permite reconstruir el tejido social. Hoy trabajamos con impacto educativo, comunitario y humano.
¿Cuál es la estructura del plan que actualmente ejecuta la institución?
Trabajamos bajo cuatro ejes: gestión, vinculación, investigación e internacionalización. Este último es clave, porque buscamos que los artistas locales accedan a mercados internacionales. Queremos que el arte ecuatoriano no se quede solo en lo local, sino que tenga proyección global.
¿Qué significa en la práctica la internacionalización del arte?
Significa movilidad. Significa que nuestros artistas puedan circular, formarse, vender sus obras y conectarse con otros mercados. Esto se logra mediante alianzas, convenios y vinculación con instituciones internacionales.
¿Con qué presupuesto trabaja actualmente la Casa de la Cultura del Guayas?
Tenemos un presupuesto aproximado de 600 mil dólares al año. El problema es que la mayor parte se destina a sueldos, servicios básicos y funcionamiento. A veces no tenemos ni para seguridad. Todo lo que hacemos lo logramos a través de convenios y gestión externa.
¿Por qué existe esta limitación económica en una institución cultural?
Porque no tenemos autonomía financiera. Desde la Ley Orgánica de Cultura de 2017, los núcleos provinciales dependemos de la sede nacional en Quito. Antes éramos autónomos. Hoy todos los recursos pasan por procesos centralizados, lo que vuelve la gestión burocrática y lenta. La centralización frena la gestión cultural provincial.
¿Cómo es la relación con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y el sistema estatal?
Formamos parte del Sistema Nacional de Cultura, pero somos independientes del Ministerio. Eso ha generado históricamente dificultades de articulación. La cultura debería ser un eje transversal en las políticas públicas, pero aún falta esa visión integral.

¿La inestabilidad política afecta el desarrollo cultural?
Totalmente. Cuando cambian autoridades, los procesos se detienen y hay que empezar de nuevo. Eso impacta directamente en la continuidad de proyectos. Sin embargo, nuestra posición es clara: no respondemos a partidos políticos, sino al servicio público.
¿Qué desafíos enfrenta internamente la institución?
Uno de los mayores retos es el talento humano. Me encontré con una estructura con nombramientos definitivos que vienen de administraciones anteriores. Eso dificulta implementar cambios porque no siempre hay alineación con la nueva visión institucional.
¿Cómo impacta eso en áreas clave como la comunicación?
Mucho. Tenemos una gran cantidad de actividades, pero no siempre se comunican de manera efectiva. No contamos aún con un plan comunicacional dinámico, y eso hace que el trabajo no se visibilice como debería.
¿Cómo han logrado sostener proyectos pese a estas limitaciones?
A través de alianzas. Hemos trabajado con universidades, instituciones y organizaciones. Por ejemplo, estamos digitalizando el patrimonio bibliográfico y pictórico con apoyo académico. Tenemos libros desde el siglo XVI que ahora buscamos poner en acceso universal.
¿Qué rol juega el espacio público en su modelo de gestión?
Es fundamental. La cultura no puede estar encerrada en un edificio, tiene que estar en el espacio público. Estamos llevando actividades a parques, plazas y comunidades para generar integración social y bienestar emocional.
¿Qué impacto ha tenido este enfoque en la ciudadanía?
Hemos visto resultados importantes. En nuestros eventos conviven personas de distintos contextos: profesionales, poblaciones vulnerables, artistas. La cultura logra unirlos, generar diálogo y devolver dignidad.
¿Cuántas personas forman parte de la Casa de la Cultura actualmente?
Tenemos alrededor de 1.300 miembros. Además, estamos trabajando para integrar a más actores culturales, incluyendo nuevos registros y sectores que antes no estaban articulados.
¿Qué beneficios ofrece la institución a sus miembros?
Capacitaciones gratuitas, acceso a convenios de salud, oportunidades académicas y becas. Tenemos acuerdos que permiten acceder a estudios de posgrado con financiamiento de hasta el 70%. “Creemos que el conocimiento es la principal herramienta de desarrollo”.
¿Qué espacio tienen los jóvenes dentro de esta nueva visión?
Un espacio central. Hemos abierto la institución a artistas emergentes, muralistas, audiovisuales y estudiantes. Hoy somos una casa intergeneracional, no un espacio cerrado de élites.
¿Qué le falta al Ecuador en materia cultural?
Falta una visión estructural. Ecuador no ha apostado por la cultura como motor de desarrollo. Sin inversión, sin políticas transversales y sin infraestructura cultural, es difícil avanzar en turismo, educación o cohesión social.