
La Soledad de María: tradición de Semana Santa que recorre el Centro Histórico
La tradición, con raíces en 1601, acompaña el duelo de la Virgen en silencio colectivo
Un caminar pausado acompaña el peso de la ausencia en el ancestral barrio de San Marcos, en el Centro Histórico de la capital. No hay prisa ni estridencia, solo un silencio que parece remontarse hasta la muerte de Jesús en la cruz y revive una escena desgarradora: su cuerpo ha sido depositado en el sepulcro y, en medio del llanto, permanece María, su madre, enfrentada a la pérdida.
Ese dolor, hondo e innombrable, revive año a año en la procesión de la Soledad de María, que recoge ese instante y lo traslada a las calles durante el Sábado Santo.
Los fieles avanzan callados junto a una imagen vestida de luto, acompañando simbólicamente a una madre que ha perdido a su hijo y que, aun en el duelo, permanece en recogimiento. La marcha no busca romper el silencio, sino sostenerlo: es un acto de compañía y de espera, atravesado por la esperanza de la resurrección.
El origen de esta procesión se remonta a siglos atrás, al periodo colonial. Data de 1601, cuando la devoción ya formaba parte de las prácticas religiosas vinculadas a la parroquia de San Marcos y al antiguo convento de Santo Domingo.
Desde entonces, la imagen de la Virgen recorre las calles como parte de una tradición que ha perdurado y se ha transmitido de generación en generación durante la Semana Mayor.
Un acto de fe comunitario
El padre Eduardo Ayala, párroco de ese templo construido en el siglo XVI explica el sentido de esta práctica y su lugar en la Semana Santa: “Mientras Cristo está en el sepulcro, María, su madre, que estaba a pie de la cruz, se queda sola. La Iglesia la acompaña en ese momento de soledad, en ese enorme dolor que atraviesa”.
Para él, la procesión no es un hecho aislado, sino un momento de transición dentro del itinerario espiritual: “Es el hilo conductor entre el Viernes Santo y el Domingo de la Resurrección”, añade.
Ese tránsito también se refleja en el tono de la procesión. No es únicamente un acto de tristeza, sino un recorrido que avanza hacia la esperanza.
La comunidad lo vive como un proceso emocional compartido: “Esta procesión se da en dos estados anímicos. El primero es de tristeza, de recogimiento, y después, el segundo estado explota en alegría, porque la madre de Jesús sabe que su hijo va a resucitar”, indica el sacerdote.

Los vecinos son parte del montaje de la procesión desde hace décadas, y muchos colaboran desde niños. Para ellos, la romería tiene un significado profundo: con ella se rinde homenaje a la patrona del templo y, al mismo tiempo, se establece una conexión con el sentimiento de la pérdida.
Azalea Oña acude desde niña, primero junto a su madre y su abuela; luego, ya como adulta, con una experiencia personal que resignificó su participación. “Hace dos años perdí a mi bebé, y esta procesión ya no solo era un acto más de la Semana Santa que hacía en mi barrio, sino que la siento en los huesos. Como madre que ha perdido un hijo, es una pena honda. Acompañar a María es acompañar a nuestra propia madre y sentirnos acompañados en nuestras penas”.
Entre la fe y la cultura popular
La procesión también incorpora elementos tradicionales en su transitar. Durante la peregrinación participan bandas de paz de colegios cercanos, que interpretan marchas fúnebres mientras los fieles avanzan, y agrupaciones artísticas como el Ballet Folclórico Nacional Ñucanchi Allpa, que traducen en danza e interpretación la pena que atraviesa la Madre de Dios.
Javier Pineda, director de esta agrupación, explica el sentido de su participación: “Nos parece muy importante ser parte de la Semana Santa y que nuestras expresiones culturales también estén inmersas en estos actos religiosos”.
El padre Ayala subraya que esta combinación de elementos no es casual: “este es un acto litúrgico que toma en cuenta la religiosidad popular, porque nuestra religión es fruto del mestizaje”, comenta.
Una expresión iberoamericana
Aunque tiene una presencia marcada en Quito, la procesión de la Soledad de María se realiza en diversos países de tradición católica. Está presente en España, donde forma parte de las grandes celebraciones de Semana Santa; en México y Guatemala, donde se integra a procesiones multitudinarias; y también en Colombia, Perú, Bolivia, El Salvador, Argentina y Portugal.
En cada uno de estos lugares adquiere características propias, pero mantiene un mismo núcleo simbólico: acompañar a la Virgen en su momento de soledad.

Una esperada agenda
La procesión de la Soledad de María está programada para el sábado 4 de abril, a partir de las 16:00.
La romería saldrá desde la iglesia parroquial, en la plaza central de San Marcos, avanzará por la calle Junín y continuará con un recorrido que se extenderá por cerca de dos horas alrededor del Centro Histórico.
Pero este es solo uno de los momentos más esperados dentro de la agenda de la Semana Mayor en Quito, que reúne diversas manifestaciones religiosas a lo largo de varios días.
El domingo 29 de marzo, la Semana Mayor empieza con la Procesión de Domingo de Ramos que partirá desde la Basílica del Voto Nacional a las 09:30 y recorrerá el Centro Histórico hasta la Plaza de San Francisco, donde a las 11:00 se celebrará la misa campal y la bendición de ramos.
El miércoles 1 de abril tendrá lugar el tradicional Arrastre de Caudas en la Catedral Metropolitana, a las 16:00, una ceremonia que se mantiene como una de las más antiguas y simbólicas de la ciudad, y que actualmente ya solo se realiza en Quito.
El viernes 3 de abril se vivirá una de las jornadas más multitudinarias de la capital con la Procesión de Jesús del Gran Poder, que partirá a las 12:00 desde la iglesia de San Francisco.
Ese mismo día se desarrollará también la procesión del sur, que saldrá desde la iglesia de la Virgen del Quinche, en el barrio La Unión.
Se tiene previsto que la jornada culmine a las 18:00 con la Procesión del Silencio, que iniciará en la Plaza de Santo Domingo.
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