Buenavida

Cristina Latorre, por una cruzada de amor

El terremoto que azotó Ecuador en el 2016 fue el inicio de una gran historia protagonizada por dos ecuatorianos, ejemplos de valentía y tenacidad.

Cristina Latorre, ecuatoriana
Cristina Latorre, ecuatoriana GUSTAVO GUAMAN

El “spanglish” es su idioma, al haber nacido en Washington DC, con una madre ecuatoriana que se formó y trabajó en Norteamérica (en el BID), y un padre de origen colombiano que laboraba en la OEA. La familia decidió radicarse en Ecuador al cumplir Cristina los 9 años, y aunque siempre quiso volver a sus raíces en los Estados Unidos, acabó afianzando una vida plena y llena de sorpresas en Ecuador.

Mujer fuera del molde común, ha forjado sus propios espacios con una sólida carrera en el campo turístico y, más allá, entre ciencias y prácticas que elevan el espíritu hacia otro nivel de conciencia. Su inmersión en el kundalini yoga, el rakiram (o terapias de sanción ) y el ayurveda le han hecho atravesar diferentes períodos de crecimiento personal que ha disfrutado en el camino, ayudando a los demás: “Con todo lo que he estudiado, he aprendido a honrar mi cuerpo y mente. Aprendes lo que debes comer y cómo cuidarte”.

Al conocer a quien hoy es su esposo, Manuel Pallares, dos almas gemelas se conjugaron en un destino trazado por los astros, Dios, o la mismísima fortuna: “Cuando conocí a Manuel me invitó a la selva, porque él tenía una relación muy cercana con los secoyas, con quienes vivió dos años mientras estudiaba Biología. En ese viaje, que fue superintenso, pensé ¿con quién me he metido? Al volver a Quito creo que le peleo ¡esto no puede ser! ¡Era en época de lluvia y éramos 3 blancos y 5 secoyas buscando tierra firme por días! ¡Una historia larga de contar!”.

Juntos han hecho milagros, al unificar sueños y llevarlos a cabo. Ha sido aventura tras aventura, mientras formaron una familia, o un “clan”, como dice, con sus hijos Emilio, de 24 años; Juliana, de 20, y Paola, de 25, de origen esmeraldeño, a quien acogieron desde muy chica con una historia que parecería de película.

Cristina Latorre en compañía de esposo e hijos
Cristina Latorre en compañía de esposo e hijos Emilio y Juliana.GUSTAVO GUAMAN

Caemba

Aquel fatídico 16 de abril, hace más de 4 años, el terremoto que sacudió Manabí y Esmeraldas fue el inicio de un proyecto que ha cambiado la vida de cientos de familias, cuando Cristina y Manuel Pallares crearon la Fundación Raíz Ecuador, e impulsando el programa Caemba, con la firme intención de dar vivienda digna a quienes se quedaron desamparados en el siniestro, sobre todo a madres solteras: “Empezamos con un equipo increíble de gente con quienes creamos un modelo de albergue, utilizando el bambú de 30 años sembrado por mi suegro en una hacienda”.

Los primeros 20 albergues fueron para gente damnificada que estaba apostaba en las vías, lo que dimos a conocer en las redes sociales para que la gente se sume en esta ayuda. El impacto fue inmediato y a gran escala: “Todo se sincroniza cuando el destino está escrito. Con la ayuda de 4 hermanos técnicos en bambú que conocíamos, voluntarios y el material que teníamos, construimos 350 albergues desde el sur de Manabí hasta el norte de Esmeraldas en los siguientes 8 meses”.

Entonces afianzaron la idea de construir casas permanentes, considerando la pobreza y necesidad que existía en diferentes zonas de la costa ecuatoriana, con la ayuda de donaciones privadas y de empresas que han aportado a que el proyecto siga adelante y sin pausas. “Contamos con una estructura armada de un gran equipo humano que trabaja incansablemente para dar casas dignas a familias y madres solteras”.

Al finalizar el 2020, Caemba entregó 353 casas, 315 albergues y 6 centros comunitarios. Además, la pareja ha logrado construir, hasta la fecha, 27 escuelas y 8 centros infantiles en zonas costeras: “Todo empezó cuando se cayó una escuela de 400 niños y el expresidente Correa dijo que los estudiantes irían a escuelas del Milenio si no se reconstruía su escuela en un mes. Aquello no era sustentable porque eran niños que no podían trasladarse a otras zonas para estudiar por los recursos que eso representaba. Entonces armamos 16 aulas en 28 días para que la escuela pudiera seguir funcionando en Playa Prieta, Manabí”.

Vale recalcar la presencia de ángeles que han estado presentes desde el día 1, como el de un donante estadounidense - que se mantiene de forma anónima -, aportando así a esta misión incansable tras el terremoto y la pandemia en Ecuador. Al mismo tiempo, la ayuda caritativa de la empresa privada, ONG y sociedad en general ha permitido estos logros remarcables.

Barrio Nueva Esperanza, en Atacames
Barrio Nueva Esperanza, en Atacames, con promociones del Colegio Americano de Quito.Cortesía

Emprender y crecer

Mientras las obras continuaban, Cristina recibió una donación de 20 máquinas de coser, lo que amplió sus horizontes con la idea de apoyar a que mujeres, sustentos de hogar, tengan un oficio digno para salir adelante“.

“Creo mucho en la proyección y cuando las cosas nacen del corazón se dan. Nos escribieron del programa The Fixers y, en un reality show, construimos con 4 “fixers”, o constructores, una casa de emprendimiento para la mujer, en un terreno que nos donó el Municipio. ¡Fue algo mágico! En cuestión de meses, con Funder (Fundación Educativa) graduaron a 15 mujeres en corte y confección y, hace 3 semanas, con donaciones de Paz y Desarrollo -una ONG española-, hemos graduado a otras 20 mujeres en Estética y Belleza. De esta forma vamos haciendo de Caemba un proyecto integral”.

Durante la pandemia

En la emergencia sanitaria, esta cruzada de ayuda humanitaria entregó 22 mil kits alimenticios -de 23 kilos cada uno- en zonas de Manabí, Esmeraldas y la Amazonia, con la intención de que la gente permanezca en sus casas y así evitar el contagio. También llevaron a cabo operativos, en conjunto con el Ministerio de Salud, para hacer pruebas rápidas y de PCR en estas zonas, y tratar adecuadamente los contagios. De forma paralela, consiguieron construir un centro de salud para COVID-19 en Atacames, Esmeraldas, totalmente equipado y un subcentro de salud en territorio Chachi, en la misma provincia, con el aporte de varias entidades como el fideicomiso Por Todos, organizado por Roque Sevilla.

Combatiendo la pobreza

La misión de Cristina, Manuel y todo el gran equipo que conforma Caemba es erradicar la vivienda precaria y construir sociedades sanas con la conciencia de que todos somos responsables de mejorar la calidad de vida de los más necesitados: “Si no ayudamos a quienes no pueden, estamos poniéndonos la soga al cuello. Debemos aportar para mejorar la calidad de vida de gente que vive en condiciones paupérrimas con vivienda y educación, y así dar oportunidades a nuestra gente. Con esta visión hemos creado varias campañas para superar ese concepto de marginalidad que existe”.

Sin duda, esta pareja ecuatoriana mira firmemente el futuro con la esperanza de mejorar al Ecuador golpeado por la necesidad. Ambos dejaron sus carreras y se dedican en cuerpo y alma a esta misión que, simplemente, se ha convertido en su pasión más grande.

Cristina Latorre, ecuatoriana
Con la práctica del kundalini yoga, el rakiram y el ayurveda ha aprendido honrar cuerpo y muerte.GUSTAVO GUAMAN

Personal

  • Impulsora, junto a su esposo, del programa Caemba.

  • Agente de viajes.

  • Casada con Manuel Pallares.

  • Hijos: Emilio (24), Juliana (20) y Paola (25).