Cuando el control se disfraza de ayuda: Cómo reconocer una secta y ayudar a un ser querido
Cualquiera puede ser captado por una secta. Conocer sus estrategias de manipulación ayuda a identificar las señales antes de que el aislamiento sea total

El apoyo familiar puede convertirse en el primer paso hacia la recuperación
Lo que debes saber:
- Cualquier persona puede ser captada por una secta, incluso quienes poseen una sólida formación o experiencia.
- Los cambios repentinos de conducta, el aislamiento y el secretismo representan señales de alerta que merecen atención.
- La paciencia, el afecto y el acompañamiento resultan más efectivos que la confrontación para ayudar a un ser querido.
Un hijo que deja de responder llamadas, una hermana que evita las reuniones familiares, un padre que repite las mismas frases como si alguien más hablara por él. La preocupación crece cuando la persona cambia de forma repentina, se distancia de quienes siempre estuvieron a su lado y protege con firmeza a un grupo que nadie conoce. En ese momento surge una pregunta difícil: ¿cómo ayudar sin romper el último puente que todavía los une?
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Las sectas suelen asociarse con historias lejanas o casos extremos que aparecen en documentales. Sin embargo, la realidad demuestra que pueden estar mucho más cerca de lo que imaginamos. Hoy existen organizaciones que se presentan como espacios de crecimiento personal, grupos terapéuticos, comunidades espirituales o iniciativas para "transformar vidas". Detrás de algunas de ellas puede esconderse una estructura basada en el engaño, la manipulación psicológica y el control de sus integrantes.
Para comprender cómo funcionan estos grupos y qué puede hacer una familia cuando sospecha que un ser querido forma parte de uno, SEMANA conversó con Luis Santamaría del Río, investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) y docente del primer curso universitario en España dedicado al estudio del abuso psicológico y las sectas, que se imparte en la Universidad Pontificia de Salamanca.
En primer lugar, el especialista explica que la principal diferencia entre una secta y una organización religiosa o espiritual legítima radica en la transparencia. "Hay secta cuando hay engaño", afirma. Según explica, estos grupos muestran una imagen atractiva para captar personas, aunque esconden una dinámica completamente distinta, marcada por la devoción absoluta hacia un líder y por una pérdida progresiva de la libertad individual.
Para muchas familias, los primeros cambios aparecen de forma inesperada. La persona modifica sus rutinas, cambia de amistades, adopta una nueva manera de hablar y comienza a ocultar aspectos importantes de su vida. Las conversaciones se vuelven tensas, cualquier pregunta provoca incomodidad y el contacto con la familia pierde fuerza. Santamaría señala que estos cambios suelen acompañarse de una actitud defensiva cuando alguien cuestiona al grupo o a sus integrantes.
Otro de los grandes mitos consiste en creer que solo ciertas personas pueden caer en estas organizaciones. El investigador desmiente esa idea con una frase contundente: "Cualquiera puede ser captado. ¡Cualquiera!". A su juicio, pensar que uno es inmune representa uno de los mayores riesgos, ya que todas las personas atraviesan momentos de vulnerabilidad a lo largo de su vida.
Además, aclara que las sectas aprovechan tanto las dificultades personales como las cualidades positivas. La generosidad, el deseo de ayudar a otros, la búsqueda de sentido o el interés por mejorar el mundo también pueden convertirse en puertas de entrada para quienes dominan las técnicas de manipulación psicológica.
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El alcance de las redes sociales
Internet cambió la forma en que estas organizaciones encuentran nuevos integrantes. Antes era necesario un contacto presencial. Hoy basta una pantalla. Santamaría explica que las redes sociales permiten identificar personas con intereses, preocupaciones o momentos de crisis específicos. La información que millones de usuarios comparten a diario facilita un acercamiento mucho más preciso.
"La sobreexposición personal en las redes abre el camino al engaño sectario", advierte el investigador. Además, señala que estos grupos utilizan estrategias de seducción emocional que responden a necesidades humanas tan profundas como el sentido de pertenencia, el afecto o la búsqueda de respuestas para la vida.
¿Cómo ayudar a un familiar?
- Mantener la calma y conservar la esperanza.
- Preservar el contacto y los espacios de comunicación.
- Expresar cariño de forma constante, incluso cuando resulte difícil.
- Evitar enfrentamientos directos con la persona o ataques al grupo.
- Buscar información especializada antes de actuar.
- Acompañar con paciencia hasta que la persona pueda analizar su situación con mayor libertad.
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Cuando un ser querido cambia
Para el especialista, el objetivo principal consiste en fortalecer el vínculo familiar. "La familia debe luchar por ayudar a ese ser querido a que se dé cuenta de su situación actual", explica. También insiste en que el afecto y la paciencia ofrecen mayores posibilidades de recuperación que la confrontación inmediata.
Comenta de forma categórica que salir de una secta tampoco significa que el problema termine. Muchas personas enfrentan ansiedad, culpa, tristeza, vergüenza y dificultades para recuperar la confianza en sí mismas y en los demás. El proceso se parece al de quienes han vivido otros traumas profundos y requiere tiempo, acompañamiento profesional y una red de apoyo sólida.
Santamaría invita a superar otra idea muy extendida: pensar que las sectas pertenecen únicamente al ámbito religioso. En la actualidad, explica, muchas organizaciones de este tipo operan bajo la apariencia de propuestas terapéuticas, programas de desarrollo personal o espacios de coaching.
Esa diversidad hace aún más importante aprender a identificar las señales de alerta y fortalecer el pensamiento crítico sin perder de vista el componente emocional que todos compartimos. "Somos más que cabeza: también somos corazón. Y las sectas son expertas en apuntar a nuestro corazón", concluye el investigador.