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Diario Expreso Ecuador

Victhoria Pérez: “La música puede llegar a lugares donde las palabras no alcanzan”

Con creatividad y sensibilidad, una joven directora demuestra que una sinfonía puede emocionar tanto como una película o un musical

Victhoria Pérez apuesta por repertorios sinfónicos hasta conciertos de artistas contemporáneos

Victhoria Pérez apuesta por repertorios sinfónicos hasta conciertos de artistas contemporáneosTotto Avilés

María Verónica Vernaza Guerrero

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Lo que debes saber:

  • Victhoria Pérez impulsa una programación que acerca la música clásica a nuevos públicos.
  • La directora venezolana encontró en Ecuador el espacio para desarrollar su carrera profesional.
  • Para ella, dirigir una orquesta significa combinar liderazgo, sensibilidad y escucha.

La música clásica tiene la capacidad de detener el tiempo. Basta con escuchar los primeros acordes de una gran obra para que las emociones encuentren un camino distinto. Hoy, además, ese universo resulta cada vez más cercano gracias al trabajo de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, que ha abierto sus puertas a nuevos públicos con conciertos inspirados en el cine, Broadway, el rock y la cultura popular, sin perder de vista el repertorio que ha marcado la historia de la música.

Detrás de varias de esas propuestas está la directora asistente Victhoria Pérez, una venezolana que encontró en Ecuador el escenario ideal para desarrollar una carrera que combina disciplina, sensibilidad y el deseo de acercar la música sinfónica a todas las generaciones.

Esta entrevista fue realizada por SEMANA a Victhoria, días antes del terremoto que devastó la costa de Venezuela.

La partitura cambió su destino

Comenzó su camino musical como oboísta dentro del reconocido Sistema de Orquestas de Venezuela. Sin embargo, hubo un instante que transformó su vida: encontró una partitura de dirección sobre un atril durante un ensayo. "Abrir esa partitura era ver toda la orquesta al mismo tiempo. Ahí entendí cómo pensaba el compositor y supe que eso era lo que quería hacer", recuerda.

Se graduó como directora de orquesta en 2017 y, poco después, una convocatoria internacional de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador cambió el rumbo de su carrera. En 2018 llegó a Quito para crear la Orquesta Juvenil y, casi en seguida asumió el cargo de directora asistente de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil.

Una orquesta que conversa con la ciudad

Para Victhoria, una orquesta también debe escuchar a su público. Por eso celebra que la programación incluya desde grandes sinfonías hasta conciertos inspirados en películas icónicas como Harry Potter, los superhéroes, los musicales de Broadway o artistas como Luis Miguel. Esa diversidad permite que muchas personas entren por primera vez a un teatro y descubran el poder de una orquesta en vivo.

"Hay personas que llegan porque reconocen la música de una película. Después vuelven para escuchar una sinfonía de Beethoven o de Mahler. Ese es el puente que queremos construir", explica. Cada concierto requiere un proceso creativo. Elegir las obras, imaginar el hilo conductor y pensar en el público forman parte de un trabajo que va mucho más allá de levantar la batuta.

La agenda de próximos conciertos de la Sinfónica, dirigida por Victhoria, incluye Luis Miguel Sinfónico y una propuesta que une la fuerza de la orquesta con los ritmos de la música afroesmeraldeña.

Dirigir también significa escuchar

Aunque desde el escenario la figura del director parece representar autoridad, asegura que el verdadero liderazgo nace de la capacidad de comprender a quienes tiene delante. "Una orquesta puede reunir hasta cien músicos. Cada uno llega con su energía, su sensibilidad y su forma de vivir la música. El director tiene que saber escuchar todo eso", afirma.

Para ella, dirigir exige preparación técnica, intuición, inteligencia emocional y una enorme capacidad para interpretar tanto la partitura como el momento que vive cada integrante del conjunto. "El director tiene que ser artista, psicólogo y líder al mismo tiempo", resume.

La música, dice, también ha sido el hilo conductor de toda su vida. "Es mi motor. Siempre estoy escuchando música. Es un lenguaje capaz de llegar a lugares donde las palabras ya no alcanzan", expresa.

Quizá esa sea también la razón por la que tantos espectadores salen conmovidos después de un concierto. Porque, al final, una buena interpretación consigue exactamente eso: recordar que la música habla un idioma que todos entendemos.

Cara a cara con Victhoria Pérez

  • ¿Qué es la música para usted? Es el motor de mi vida. Siempre estoy escuchando música. Es un lenguaje que conecta a las personas de una forma en la que, muchas veces, las palabras no pueden hacerlo.
  • Si su vida tuviera una banda sonora, ¿cómo sonaría? Tendría música de Jóhann Jóhannsson, de Ennio Morricone y, por supuesto, de Bruckner. Hay obras que incluso me dan valentía cuando la necesito.
  • ¿Qué obra nunca se cansa de escuchar? Los Planetas, de Holst; la Cuarta Sinfonía de Bruckner, que siento como una catedral sonora; la Segunda Sinfonía de Mahler, que siempre me conmueve, y algunas piezas de Debussy.
  • ¿Qué música le lleva de vuelta a su infancia en Venezuela? La música clásica que sonaba en casa de mis abuelos. Crecí escuchando obras de Verdi, Wagner y Tchaikovsky, aunque de niña no sabía cómo se llamaban. También recuerdo mucho las canciones de Ilan Chester, que mi mamá escuchaba siempre.
  • ¿Qué ha descubierto de la música ecuatoriana? Me fascina el trabajo alrededor de la marimba y admiro profundamente los pasillos. Sus letras transmiten una historia y una sensibilidad muy especial.
  • ¿Con qué compositor le habría gustado tomar un café? Aldemaro Romero, un compositor venezolano.
  • ¿Partitura en papel o tableta digital? Depende del momento, pero sigo prefiriendo la partitura en papel.
  • ¿Se dirige una orquesta con las manos o con los ojos? Con los ojos. A veces la orquesta deja de seguir las manos, pero nunca deja de responder a una mirada.
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