De las cartas a los sucres: así son las nuevas salas del Museo de la Moneda de Quito
Con juegos, pantallas táctiles y recursos interactivos el espacio cultural busca acercar el patrimonio y la historia nacional a niños y jóvenes

En 'El mangle del tiempo', en lugar de una línea recta que ordena fechas y acontecimientos, raíces, ramas y copas conectan procesos que sucedieron simultáneamente.
Una animada travesía por el pasado
- El Museo de la Moneda del Banco Central del Ecuador renovó parte de su recorrido con propuestas interactivas que buscan acercar el patrimonio a nuevas generaciones y conectar la historia con experiencias cotidianas.
- La muestra recorre desde las antiguas formas de comunicación postal y los procesos históricos del país hasta la memoria del sucre y conceptos de ahorro, consumo y educación financiera.
Para un niño que ha crecido entre mensajes instantáneos y videollamadas, el correo postal puede resultar difícil de imaginar. Escribir una carta a mano, guardarla en un sobre, colocarle una estampilla y confiarla a un sistema que podía tardar días o incluso semanas en llevarla hasta otra ciudad o país pertenece a una forma de comunicarse que hoy les resulta lejana.
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Ese universo ocupa ahora una de las salas renovadas del Museo de la Moneda del Banco Central del Ecuador (BCE), en Quito. Allí, cartas, postales, estampillas y antiguos registros reconstruyen una época en la que mensajes, noticias y afectos recorrían largas distancias sobre papel.
Para los visitantes más jóvenes, descubrir cómo funcionaba aquel sistema se convierte, además, en una puerta de entrada a la historia, la geografía y las distintas maneras en que Ecuador se ha comunicado y conectado con el resto del mundo.
“Una de las actividades que tiene la sala es un mapamundi interactivo, con sellos postales magnéticos que pueden ir ubicando y desplazando sobre el mapa para descubrir cómo eran las rutas postales. Los niños y adolescentes se sorprenden muchísimo cuando lo ven, porque es un proceso que les resulta totalmente ajeno”, explica Andrea Ludeña, investigadora y curadora del museo.
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De cartas y estampillas
La renovada sala de Filatelia lleva por nombre ‘Viajantes de papel: un recorrido por la historia postal’ y reúne alrededor de 7.000 bienes. La muestra comienza incluso antes de la aparición de las estampillas, con piezas de prefilatelia y cartas de la época colonial, y avanza entre sellos postales, sobres, álbumes y postales para reconstruir las transformaciones que experimentaron las comunicaciones a lo largo del tiempo.
Una parte importante de este acervo corresponde a la colección de César Molestina Oquendo, donada por su familia en 2003. A ella se suman piezas provenientes de Correos del Ecuador. Repensar la sala tomó cerca de un año y la investigación estuvo a cargo de la historiadora Malena Bedoya. La intervención fue más allá de reorganizar el relato: se cambiaron vitrinas, soportes y otros recursos museográficos, y se incorporaron elementos interactivos pensados para establecer nuevas formas de relacionarse con los contenidos.
Para Norka Guevara, coordinadora nacional del Museo de la Moneda, detrás de estos cambios hubo una pregunta que atravesó todo el proceso: cómo hablar de patrimonio a personas que llegan al museo desde generaciones, experiencias y referentes distintos.

La renovación también alcanza la sala ‘¿Qué hace el Banco Central del Ecuador?’, donde el recorrido se acerca a la historia del Sucre.
“Estas nuevas adecuaciones parten de preguntarnos cómo acercar el patrimonio a la ciudadanía y, sobre todo, a la gente más joven, cómo hablarles un poco más en su idioma. Nos sentimos más identificados cuando los contenidos se alinean con nuestras propias prácticas diarias y nuestra realidad”, sostiene.
La sala permite seguir también la evolución de las comunicaciones, desde las rutas terrestres y aéreas hasta la llegada de la era digital. Veinticuatro postales aportan una dimensión más íntima a esa historia a través de los mensajes que alguna vez circularon entre personas y lugares. Al final de la visita, una pantalla táctil propone una trivia que invita a poner a prueba lo aprendido durante el trayecto.
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Entre las piezas que guarda la sala se encuentra, además, el primer sello postal del Ecuador, diseñado por Emilia Rivadeneira, considerada la primera grabadista ecuatoriana. “Es importante hablar de su figura porque no era común que una mujer ocupara ese espacio en aquella época. Destacarla también permite devolverle su lugar dentro de esta historia”, añade Ludeña.
Un mangle para contar el tiempo
Pero la renovación no se limita a la filatelia. Forma parte de ‘Caminos para recorrer nuestra historia’, una propuesta que incorpora nuevos elementos museográficos en distintos puntos del museo y que busca alejarse de una lectura estrictamente cronológica.
Uno de ellos es el ‘Mangle del tiempo’. Ahí, raíces, ramas y copas conectan procesos que sucedieron simultáneamente o que continúan dialogando entre sí. Organización social, naturaleza, circulación, transformaciones políticas, democracia y derechos aparecen entrelazados.
“La metáfora del mangle habla de historias transversales. Es mirar la historia desde una lógica de entrelazamiento. No es una línea continua, porque nuestra historia tiene subidas, bajadas y muchísimos cambios sociales, políticos y económicos. Lo que queremos es contar las historias que nos unen y que también nos unifican como nación”, explica Ludeña.
En la muestra hay pequeñas puertas que pueden abrirse, elementos que se pueden tocar y recursos vinculados con cada sala. El recorrido aborda, por ejemplo, el voto femenino y la figura de Matilde Hidalgo.
La sala de la nostalgia
La renovación también alcanza la sala ‘¿Qué hace el Banco Central del Ecuador?’, donde el recorrido se acerca a una historia que muchos visitantes todavía conservan en la memoria: la del sucre y su desaparición con la dolarización.
Monedas y billetes permiten regresar a una época en la que 1.000 o 5.000 sucres formaban parte de los gastos cotidianos y, al mismo tiempo, reconstruir el proceso que llevó al país a adoptar el dólar en 2000.
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Uno de los nuevos elementos museográficos reúne una gran cantidad de sucres que, de acuerdo con los cálculos del museo, equivaldrían a unos 700 dólares al momento de la conversión. Frente a ellos, las reacciones suelen convertirse en recuerdos: cuánto dinero recibían los visitantes para la semana, qué podían comprar con él o cómo era enfrentarse diariamente a precios expresados en miles de sucres.
“Yo digo que esta es la sala de la nostalgia. Hay mucha gente que se acuerda y dice: ‘A mí me daban 1.000 sucres y me alcanzaba para un helado o para un trompo’. Aquí tenemos las monedas, los billetes y los sucres, y eso hace que las personas también recuerden cómo era su vida cotidiana en ese momento”, cuenta Ludeña.

Un lingote de oro no monetario que permite explicar algunas de las funciones que cumple actualmente el Banco Central es parte de la muestra.
La sala continúa ese relato con las monedas fraccionarias de dólar emitidas en Ecuador en 2000 y 2023, que conservan personajes de la historia nacional en sus diseños. También exhibe monedas conmemorativas, cuños utilizados en procesos de acuñación y un lingote de oro no monetario que permite explicar algunas de las funciones que cumple actualmente el Banco Central.
Aprender a ahorrar jugando
Pero hablar de dinero no implica únicamente mirar hacia el pasado. Otro de los objetivos de la renovación es acercar conceptos de economía a situaciones que forman parte de la vida diaria, especialmente para niños y adolescentes. Para hacerlo, la sala incorpora pantallas táctiles y juegos.
Una de las actividades pregunta qué haría el visitante cuando desea comprar algo: adquirirlo inmediatamente, hacerlo sin importar cuánto cueste o detenerse primero a pensar si realmente puede pagarlo. A partir de las respuestas, el ejercicio establece conexiones con leyendas ecuatorianas y propone reflexionar sobre los hábitos de consumo. Otro recurso plantea un juego en el que ganar no significa llegar primero, sino terminar con una mayor cantidad de ahorros.
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“Son aproximaciones a la educación financiera y monetaria, pero de una manera mucho más aterrizada a nuestra rutina. Si quiero un helado, por ejemplo, hablamos de cosas del diario vivir. La idea es que, a través de juegos y dinámicas, podamos acercarnos a conceptos que técnicamente pueden resultar más complejos”, explica Norka Guevara.

Un juego, en el que ganar no significa llegar primero, sino terminar con una mayor cantidad de ahorros, esta disponible para los visitantes.
Para Guevara, estos recursos forman parte de la búsqueda de un lenguaje que permita relacionar las funciones del Banco Central y los conceptos económicos con experiencias reconocibles para públicos de distintas edades.
El Museo de la Moneda del Banco Central del Ecuador, en Quito, abre de martes a viernes, de 09:00 a 17:00, y los sábados, domingos y feriados, de 10:00 a 16:00. La entrada es gratuita.