‘Más allá de la tinta’: la faceta gráfica de Eduardo Kingman se redescubre en Quito
Más de 80 obras y documentos muestran el lugar que ocuparon el dibujo y la experimentación con tinta en la trayectoria del artista ecuatoriano

El recorrido está organizado en tres núcleos: “La tinta como gesto”, “La tinta como compromiso social” y “Historia ilustrada del Ecuador”.
Una muestra que ahonda en el pasado
- La exposición 'Eduardo Kingman. Más allá de la tinta' reúne más de 80 obras y documentos que recuperan una faceta menos conocida del artista ecuatoriano, desde sus experimentaciones con tinta y xilograbado hasta su inconclusa Historia ilustrada del Ecuador.
- La muestra, abierta en el Centro Cultural Benjamín Carrión Bellavista, inaugura además el Circuito de Arte Kingman, una iniciativa destinada a investigar, preservar y acercar su legado a nuevos públicos.
Dos cuerpos descansan uno sobre otro: la tinta se concentra en un extremo y, poco a poco, deja avanzar el blanco del papel. Juntas, las figuras parecen guarecerse de la crudeza del mundo. Construida a partir de manchas, líneas rápidas y zonas apenas insinuadas, la pieza sin título forma parte del recorrido de “Eduardo Kingman. Más allá de la tinta”, una exposición que se aparta de los grandes y conocidos óleos del artista ecuatoriano para detenerse en uno de los territorios menos explorados de su obra: el dibujo y la gráfica.
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Kingman (Loja, 1913-Quito, 1997) fue pintor, dibujante, grabador y muralista, y una de las figuras del expresionismo y el indigenismo ecuatoriano del siglo veinte. Campesinos, indígenas y trabajadores fueron presencias recurrentes en sus composiciones, mientras las manos sobredimensionadas que atraviesan buena parte de su producción terminaron por convertirse en uno de los rasgos más reconocibles de su lenguaje.
La exposición, abierta en el Centro Cultural Benjamín Carrión Bellavista, reúne más de 80 obras y documentos que permiten acercarse, en cambio, a una faceta que durante años permaneció lejos de la mirada del público.
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Juliana Zúñiga Kingman, nieta del artista y miembro de la Fundación Kingman, institución que participó en la realización de la muestra, recuerda que el dibujo fue una práctica fundamental en su proceso creativo.
“Cuando pensamos en Eduardo Kingman es inevitable que vengan a nuestra mente sus grandes pinturas al óleo. Pero antes de la pintura estuvo el dibujo, siempre el dibujo. Kingman tenía una extraordinaria capacidad para observar. Miraba con una agudeza poco común, encontraba relaciones entre ideas, imágenes y emociones que luego transformaba en trazos aparentemente sencillos, pero profundamente expresivos”, reflexiona.

En “Historia ilustrada del Ecuador”, Kingman se propuso narrar episodios de la historia nacional mediante imágenes y recursos cercanos a la historieta.
Los tesoros ocultos
El recorrido está organizado en tres núcleos. “La tinta como gesto” reúne composiciones realizadas con tinta de mimeógrafo entre las décadas de 1960 y 1970, un periodo en el que Kingman experimentó con el trazo, los formatos y las posibilidades del material. En estas obras, la tinta adquiere autonomía y permite seguir una búsqueda marcada por la libertad de la línea y el gesto.
El segundo núcleo, “La tinta como compromiso social”, retrocede hasta 1937 para presentar la serie de xilograbados “Hombres del Ecuador”. Allí reaparecen trabajadores, campesinos e indígenas y, con ellos, algunas de las preocupaciones que atravesaron buena parte de la trayectoria de Kingman. La gráfica se convierte así en otra vía para representar las condiciones de vida y las tensiones sociales de su tiempo.
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Para Abril Altamirano, directora del Centro Cultural Benjamín Carrión Bellavista, esa relación entre creación y realidad social también establece un diálogo con el espacio que hoy recibe la exposición. “Las obras que componen ‘Más allá de la tinta’ son evidencia de un arte más personal y sentido, un artista promotor de un arte que inspira al espectador no solo a mirarlo, sino a cuestionarse y a actuar”, afirma.
El tercer apartado abre otra puerta del archivo: “Historia ilustrada del Ecuador”, un proyecto editorial inconcluso desarrollado en los años sesenta. Kingman se propuso narrar episodios de la historia nacional mediante imágenes y recursos cercanos a la historieta.
“Es un proyecto de los años 60 en el que, a través del relato de la historieta, refleja no solo su talento como dibujante, sino también un profundo interés por comprender e indagar nuestra historia desde el arte”, señala Zúñiga.

La recuperación forma parte del trabajo de investigación, conservación y difusión que desarrolla la Fundación Kingman.
El circuito Kingman
Las piezas reunidas permanecieron durante años fuera de la mirada del público. Su recuperación forma parte del trabajo de investigación, conservación y difusión que desarrolla la Fundación Kingman, una tarea que ahora busca ampliarse a través del denominado Circuito de Arte Kingman.
La iniciativa pretende tender puentes entre instituciones, museos, centros de arte y otros espacios culturales para acercar la producción del artista a nuevos públicos. La exposición en Bellavista marca el primer paso de ese proyecto.
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“Vivimos en un tiempo de poca memoria y con escasos referentes culturales. Por eso creemos que preservar, investigar y compartir el legado de nuestros artistas no es un acto de nostalgia, sino una responsabilidad con el presente y con el futuro. Un país que conoce a sus artistas comprende mejor su historia y fortalece su identidad”, sostiene Zúñiga.

“E. Kingman. Más allá de la tinta” permanecerá abierta hasta el 26 de septiembre.
Ese trabajo continúa también en la sede de la Fundación Kingman, en La Mariscal, donde se mantiene una exposición permanente y se desarrollan proyectos de investigación, conservación y difusión relacionados con el archivo y la obra del artista.
“E. Kingman. Más allá de la tinta” permanecerá abierta hasta el 26 de septiembre, de lunes a sábado, de 09:00 a 17:00, en el Centro Cultural Benjamín Carrión Bellavista, ubicado en las calles Giacomo Rocca N33-32 y Bosmediano. La entrada es libre.