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El voto oculto, el reflejo del estigma y la división política

También llamado voto vergonzante fue del 19 % en las recientes elecciones en Bolivia. Expertos consideran que Ecuador no es ajeno a este fenómeno electoral

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Un miembro de la entidad cívica Comité Pro Santa Cruz, en Bolivia, muestra un acta de votación para reclamar fiabilidad al órgano electoral en el recuento de votos.Juan Carlos Torrejón / EFE

Vergüenza o temor. Uno o ambos de estos principales ingredientes le dan vida al llamado voto oculto o voto vergonzante. Es aquel que el votante, pese a saber con certeza por quién sufragará en las próximas elecciones, no lo manifiesta abierta o públicamente o miente cuando surge la pregunta en alguna reunión privada o cuando algún encuestador le solicita manifestar su intención de voto para un estudio de medición.

Tipos de sufragio que definen el comportamiento del elector y cuyo voto se define frente a las urnas: indeciso; duro; oculto; castigo; blando, dudoso o inseguro.
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Este tipo de sufragio encuentra un ambiente propicio para germinar en sociedades con una marcada polarización política y estigmas ideológicos. El analista político y electoral, Pablo Ruiz Aguirre, explica que este tipo de voto surge en momentos en los que el elector ve que el candidato de su predilección se contrapone con su forma de pensar o que no representa al sector de la sociedad al que pertenece, por lo que teme manifestar su intención por la reacción de otras personas o evita conflictos. “Es la negación a cualquier de estos tres tipos de votos: racional, por afinidad ideológica y el voto de acuerdo al grupo al que pertenece. Esto por el temor a la precisión de la masa”.

Desde el punto de vista sociológica que somos animales sociales y que necesitamos el reconocimiento de la sociedad para avanzar, es mejor votar oculto a decir por dónde voy y ser un poco más libre.

Pablo Ruiz Aguirre, analista político y electoral.

La encuestadora Cedatos realizó una comparación utilizando datos de una encuesta realiza en la fecha más cercana a las elecciones y de los resultados oficiales de los recientes comicios presidenciales en Bolivia y llegó a la conclusión de que el voto oculto en ese país llegó a un 19 %.

Ángel Polibio Córdova, presidente ejecutivo de Cedatos, explica que este tipo de voto, que además de alimentarse de los temerosos y vergonzosos también se nutre de los indecisos, dudosos e inseguros, no es ajeno en Ecuador. Recordó las elecciones de 1978 en las que ganó Jaime Roldós y en las de 1996 en las que ganó Abdalá Bucaram. Cree que ahora se suma un nuevo factor que alimenta ese tipo de sufragio: quién está detrás del candidato.

El voto oculto sí se puede medir. Los candidatos deben saber manejar y medir progresivamente este tipo de voto para saber hacia dónde deben apuntar con sus propuestas.

Ángel Polibio Córdova, presidente ejecutivo de Cedatos.

El analista electoral, Daniel González, prefiere hablar de tendencias más que de candidatos al ser consultado si alguno de los rostros presidenciales en Ecuador puede estar o no aglutinando un voto oculto. “Es posible que muchos votantes que se inclinen por Guillermo Lasso no lo manifiestan por el estigma del banquero. O por el candidato Andrés Arauz, pero que tenga temor a que le digan corrupto... Ese tipo de estigmas que se llevan a las tendencias caen también en los candidatos y empuja a que el votante mejor no manifieste su intención o pueda mentir para solo votar en secreto el 7 de febrero”.

La ciudadanía teme mucho a los estigmas, al qué dirán, que sea atacada por decir por quién votará por lo que prefiere mentir y sumarse a una mayoría o a una indecisión.

Daniel González, analista electoral.

¿Esto constituye un riesgo? A decir de González, no. Siempre y cuando se insista en que las encuestas son mediciones científicas que son un acercamiento y no un reflejo exacto de los resultados oficiales.