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Salvar al Maria Auxiliadora

La educación es un bien social que se hereda y transmite a las generaciones futuras. Escuelas y colegios son vehículos necesarios a través de los cuales el proceso de enseñanza y aprendizaje se cristaliza. Guayaquil tiene una rica historia de colegios particulares católicos que han contribuido con responsabilidad, eficiencia y entrega a forjar el espíritu de hombres y mujeres de esta ciudad.

El colegio femenino católico María Auxiliadora, creado en 1911 por la comunidad salesiana, que mucho ha contribuido a la educación local, está en peligro. Por eso es necesario impedir su extinción. No cabe que una institución de prestigio, que ha educado a muchas generaciones, finalice por avatares del destino.

El incumplimiento de pago de pensiones por parte de padres de familia, la migración de familias hacia otras zonas urbanas, la inapropiada política de captar todo para el Estado, etc., han incidido en su situación. El número de estudiantes bajó de 800 a 273 en los últimos 5 años.

Es singular que en una ciudad comercial y laica la educación católica haya tenido un rol tan destacado, el cual la sociedad guayaquileña valora y reconoce. En esta institución muchas de sus bachilleres aprendieron una línea pastoral de servicio a la comunidad que agradecen y que marcó y orientó sus vidas.

Son positivos los pasos dados para unir fuerzas para que la ciudad no siga perdiendo importantes instituciones de su historia. Los representantes dicen que “la idea es que este plantel, que durante 105 años ha educado de manera eficiente, en calidad y con una excelente formación en valores, no cierre. Eso ya los padres lo hemos decidido y se lo comunicamos a sus autoridades”.

Es hora de que las mujeres y profesionales egresadas de este plantel acudan a su rescate. Y que las fuerzas cívicas comprendan que el caso del María Auxiliadora puede ser parte de una cadena de desapariciones de instituciones que deben seguir vigentes, porque son organismos vitales de la marcha humana de la cultura y educación guayaquileñas.

Hacemos votos para que las fuerzas sociales de Guayaquil, y especialmente de quienes ahí se educaron, vayan al rescate de ese colegio bajo los parámetros en los cuales nació; que permanezca así y que no se salga con la idea de una posible estatización de ella, que no recuperará su historia y su tradición.