El retrato, desde Rubens hasta el selfie

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El retrato, desde Rubens hasta el selfie

La exposición Promesas de un rostro, de los Museos Reales de Bélgica, recorre la historia del retrato.

El retrato, desde Rubens hasta el selfie

Símbolo de poder o reconocimiento social, el arte del retrato se remonta a los orígenes del hombre, un viaje por distintas corrientes artísticas que puede hacerse ahora en una exposición en Bruselas, desde la saga flamenca de los Brueghel, Rubens o Rembrandt, hasta el selfie del siglo XXI.

Seis siglos de historia del arte a través de pinturas, dibujos, esculturas y fotografías de las colecciones de los Museos Reales de Bélgica, que hasta el 15 de julio albergan la exposición Promesas de un rostro, más de 160 obras que encarnan un diálogo entre artistas y épocas.

Van Dyck, Gauguin, Chagall o Bacon destacan en un recorrido que busca también poner en valor a artistas contemporáneos belgas como Luc Tuymans y Michaël Borremans que han revisitado este género en un mundo en el que el retrato pictórico está “en vías de extinción”, afirma el comisario de la exposición, Jean-Philippe Theyskens.

“Estos artistas han vuelto a la tradición del retrato con materiales tradicionales en un momento en el que el género está dominado por la fotografía instantánea y los píxeles”, explica.

El objetivo de este museo estatal belga es crear un “diálogo” entre las obras de ayer y hoy, para mostrar “lo que las une y lo que las separa”: el recorrido arranca con una contraposición de un ciudadano de Brujas del siglo XV a la fotografía de un sintecho en Estados Unidos, con un paralelismo en los colores y el enfoque de la imagen.

La exposición recuerda que antaño solo los más pudientes tenían ese derecho a la imagen, “que requería tiempo, artesanía y una inversión mucho mayor que tomar una fotografía con un teléfono”, subraya el comisario.

“El retrato estaba vinculado al poder. Hoy en día es algo muy raro y que está incluso en vías de desaparecer”, añade.

La muestra también recoge el valor histórico de los retratos de personalidades de la elite política o religiosa, como los del jesuita Juan Carlos de la Faille, retratado por Van Dyck en torno al 1600, del rey Balduino, retratado por Luc de Decker en 1963, o una de las reinterpretaciones del papa Inocencio X que Francis Bacon hizo del retrato de Velázquez.

“Son documentos históricos. Hay personajes históricos de los que nos forjamos una idea a través de las representaciones que tenemos y esto es un problema porque a menudo es una imagen de una imagen”, añade el historiador del arte.

Una expresión artística que también es reflejo de las tendencias de moda, como muestran la Mujer de azul, del belga Edouard Agneessens, o la Dama del pañuelo del francés Jacques-Emile Blanche, mujeres refinadas de finales del XIX y principios del siglo XIX que simbolizan la elegancia y el canon de belleza de la época.

Theyskens traza un paralelismo con el mundo actual y admite que si bien hoy muchas de estas mujeres son anónimas, “en su día serían lo que hoy representan las ‘bloggers’ en Instagram, ‘it girls’, modelos que definen una moda”.

La fotografía de una joven inmigrante “anónima” retratada en las calles de Bruselas y convertida en “superestrella” por el artista que la captó en su objetivo se contrapone a una “superestrella” del siglo XVI, la segunda esposa de Peter Paul Rubens, Hélène Fourment, hoy anónima, un juego que ahonda en la reflexión sobre la evolución del retrato como expresión artística.

Una de las joyas de la exposición es El retrato de Suzanne Bambridge, de Paul Gauguin, que el artista parisino pintó en su primer viaje a Tahití, en 1891, y que el museo ha sacado a la luz tras un año de restauraciones posibles gracias a una operación de crowdfunding (financiación colectiva).

Se trata del primer retrato frontal del pintor postimpresionista, una rareza en el conjunto de su obra, dañada por sus múltiples transportes y lugares de almacenamiento antes de ser adquirida por el museo belga en 1923.

Durante el proceso de rehabilitación, los expertos han descubierto numerosos detalles de la obra, como que Gauguin (1848-1903) realizó algunas restauraciones durante sus estancias en la Polinesia Francesa, donde falleció, dejando huella en la capa pictórica del lienzo.

Con estas reflexiones y una sala llena de espejos, que inaugura y cierra el recorrido, el museo invita a los ciudadanos del siglo XXI a “enfrentarse a su propia imagen antes y después de enfrentarse a la de los demás”.

Los aleatorios espejos se encuentran con autorretratos como Yo y el pueblo (1911), de Marc Chagall, con el que ahonda en sus raíces rusas, o las imágenes desdibujadas que Tuymans o Jan Vercruysse, recientemente fallecido, hicieron de sus rostros.

Un viaje que aboca en las hoy manidas autofotos (o selfies), nada nuevo si uno piensa que Goya, Modigliani, Sorolla, Van Gogh, Picasso o el mismo Velázquez en Las meninas han explorado desde hace siglos el arte de retratarse a sí mismos.

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