Recuperar la solidaridad

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Recuperar la solidaridad

Guayaquil (las ciudades son entes vivos con las virtudes y defectos de sus habitantes) emana desde lo más profundo de su ser, un aire fresco de libertades, una enorme voluntad de progreso y un arraigado sentido de solidaridad.

Conviene examinar cómo están de robustas esas categorías cuando se aproxima la conmemoración de doscientos años de vida independiente. ¿Cuánto en relación con libertades seguimos ofreciendo, para continuar siendo leales a esa actitud de los primeros días de la jornada octubrina?: “Guayaquil por la Patria.” Dejo el examen a los lectores.

En relación con la voluntad de progreso, pareciera que se ha retomado el impulso de los tiempos en que éramos el primer astillero de la Mar del Sur, el primer puerto del Ecuador, puerta de salida del mejor cacao del mundo, la capital económica de la República.

Acabamos de ratificar nuestro “destino marinero” con la contratación de los trabajos para un nuevo puerto en Posorja. Pronto tendremos otro aeropuerto en Daular. Avanzamos en telecomunicaciones y en agua potable y alcantarillado. Progresamos pero, ¿progresamos todos al mismo ritmo? ¿Se ha reducido la brecha entre ricos-riquísimos- y pobres-pobrísimos?

Bien sabemos que no. Al tiempo que se construyen mansiones que cuestan millones de dólares hay gente que se sigue muriendo de hambre en la calle.

Antes, las diferencias se paliaban con organización social y solidaridad. Por eso se crearon en Guayaquil las primeras organizaciones de trabajadores para la defensa de sus intereses y otras para su capacitación, tal cual la Sociedad Filantrópica del Guayas.

También las primeras instituciones de servicio público de origen privado, como la Junta de Beneficencia. Después ese ritmo fue diluido por un egoísmo creciente. Casi todo lo que aún podemos exhibir destinado a la solidaridad viene del pasado, tal cual Solca, ahora en riesgo de que la estulticia resentida le quiera “meter la mano” en ánimo de apropiársela.

Entre lo poco reciente está la Fundación Ecuador pero incluso ella acaba de superar los 25 años. Toca hoy hacer esfuerzos para reducir la brecha económica.