Opera barroca

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Opera barroca

Fue un espectáculo diseñado para atraer a la vista y al oído. Se difundió por toda Europa pero su trayectoria triunfal fue seguida por dos siglos de abandono, denigrada por pasada de moda, falta de dramatismo, pomposa y vacía.

La ópera seria derivaba sus elementos de la historia y las leyendas clásicas; a todos los héroes mitológicos les alcanzó un libreto de versos pomposos. Había escenas corales pero pocas de conjunto. Los recitativos y las arias determinaban el curso de la ópera.

La acción era desarrollada por un recitativo “secco” (solo acompañado por el clave y los instrumentos bajos), en tanto que las más emotivas arias expresaban los sentimientos de los personajes individuales. En su riqueza de coloratura, en su capacidad para conmover y su belleza, estas arias tenían un brillo artificial y una tendencia intrínseca hacia el manierismo; se tornaron interminables.

La orquesta constaba de cuerdas que en ocasiones se verían reforzadas por un fagot; luego por oboes, flautas y trompas. También podían utilizarse metales. La ejecución era dirigida desde el clave, a menudo por el propio compositor.

Los cantantes, especialmente los “castrati”, se erigieron en déspotas. A los libretistas se les quemaban las pestañas de tanto escribir. Alessandro Scarlatti (1660-1725), fundador de la escuela napolitana, dejó ciento quince óperas, ciento cincuenta oratorios y como seiscientas cantatas. La autocopia, la producción masificada y el manierismo eran inevitables.

Venecia, con compositores más o menos fieles al austero estilo de Monteverdi, cedió la supremacía a Nápoles, que era la mayor ciudad de Italia a principios del siglo XVIII, con 300.000 habitantes, y la ciudad con mayor exigencia de diversiones.

La escuela napolitana se puso pronto a la cabeza del género. Las diferencias con respecto a la veneciana eran ligeras; el recitativo “accompagnato” (recitativo con acompañamiento orquestal) se puso de moda, el aria se fue haciendo más flexible, la ópera seria se despojó de algunos de sus amaneramientos, a pesar de que aún tendía a exagerar la expresión emocional.

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