Miguel Hernández: “Con la Constitución de 1998 era más fácil gobernar”

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Miguel Hernández: “Con la Constitución de 1998 era más fácil gobernar”

Experto en materia constitucional y derecho procesal. Por su bagaje académico, se desempeña como director de la maestría en Derecho Constitucional.

Dato. Hernández es Catedrático de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.
Dato. Hernández es Catedrático de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.Cortesía

Hernández dirige el evento gratuito ‘Reflexiones en torno a la Constitución vigente y la derogatoria de 1998’ que se desarrollará el 6 de octubre próximo a las 17:00 en el auditorio Vicente Rocafuerte de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. En esta cita, expertos constitucionalistas, como Hernán Salgado, Jorge Zavala o Rafael Oyarte, reflexionarán sobre la carta magna de 1998 y la Constitución vigente, y realizarán una comparativa de cuál fue o es mejor para la democracia e institucionalidad del país.

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¿Cuál de las dos Constituciones ampara a la población y la democracia del país?

Desde el punto de vista de los derechos humanos, la Constitución vigente es mejor, porque la gran filosofía de esta radica en la centralidad de los derechos. En la otra no es que no eran importantes, pero la Constitución de 2008 supo recoger el pensamiento jurisprudencial de otros países y los convirtió en derecho.

Y en términos de institucionalidad, ¿también es mejor para el país la carta magna de 2008?

No, la Constitución de 1998 era mejor, mucho más sencilla para gobernar. Con la vigente, es complicado. Si aún estuviese vigente, no existirían los problemas que hay actualmente en función de ciertas instituciones que no han tenido un desempeño notable.

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La Constitución de 2008 fue articulada para que no se reformen sus bases. ¿Qué lo impide?

La Carta Magna de 1998 hacía más fácil la reforma constitucional. La vigente establece tres procesos: el de la Asamblea Constituyente, la reforma constitucional y la enmienda constitucional. La reforma pasa por la Asamblea, y si el Gobierno de turno no tiene mayoría en el pleno, tal reforma no va a ser aprobada. Por eso este Gobierno optó por las enmiendas constitucionales, para establecer ciertas preguntas importantes y con la expectativa de que la ciudadanía responda afirmativamente. En sí, la actual es compleja.

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¿Esta carta magna ha dificultado la gobernabilidad de la administración de turno?

En una pequeña porción, porque la gestión gubernamental, su éxito, agilidad y el cumplimiento de los indicadores no dependen de la Asamblea ni tampoco de la Función Judicial. Todo gobierno que no tiene mayoría, aquí y en cualquier país del mundo, tiene tropiezos importantes. Lo que se debe hacer es maximizar las herramientas que se tienen, sacarles provecho. Este no es un tema de Constitución, sino más bien de mayoría y minorías legislativas, que siempre han sido, a lo largo del tiempo, difíciles. Pero está claro que la gestión, eficacia, actividad, decisiones y reacción de un gobierno solo dependen de la gestión administrativa.

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¿Qué cambiaría para que gobernar no sea complicado?

El famoso Consejo de Participación Ciudadana, pero eso no se puede conceder con una reforma, se necesitaría una Asamblea Constituyente. Aunque es unánime la crítica vivencial de esa institución. Por la concentración de procedimientos y estimación, tardan los procesos y se complica todo. Solamente con esta reforma se podría ganar bastante.