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En las manos de Maria

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Depositó un papel con dos nombres en la canasta que sería puesta a los pies de la imagen de la Virgen de la Buena Esperanza.

En él estaban los nombres que había escogido para su futuro bebé.

Pero Ana Serrano, de 21 años, no lo hizo con una sonrisa, sino entre lágrimas.

“Mi embarazo ha sido difícil. Mi hijo no fue planificado y ha sido una etapa muy tensa. No cuento con el papá de mi bebé ni con el apoyo de mi familia. Siento que al consagrar a mi hijo a la madre de Dios, tengo a alguien de mi lado que estará conmigo pase lo que pase”, comentó.

Al igual que ella, cerca de un centenar de mujeres embarazadas acudió el pasado martes a la liturgia realizada en la parroquia San Antonio María Claret a consagrar a sus futuros hijos a la madre de Dios.

La ceremonia, que cerró el mes de María, se lleva a cabo desde 2007 y es organizada por la Casa de la Vida, agrupación católica provida de la urbe.

Sin embargo, a esta también asistieron mujeres que llevan años en la búsqueda de un vástago y que esperan la intervención divina para cumplir su anhelo.

Entre ellas estaba Irma Vacacela, de 37 años.

La odontóloga guayaquileña tiene ocho años de matrimonio y siete a la espera de un bebé.

“No hemos tenido éxito. Unas amigas me comentaron de esta misa y quise venir a pedirle a la Virgen su ayuda. Siento que ser mamá es mi vocación, y espero que pueda cumplir ese sueño”.

Para Milna de la Cruz, miembro de la Casa de la Vida, este tipo de plegarias es el principal motivo por el que continúan impulsando la ceremonia de consagración, que no solo se realiza en esta fecha, sino el último martes de cada mes.

Sin embargo, por ser mayo el mes de María, la ceremonia del pasado martes, que empezó a las 18:30, fue una de las más concurridas.

“La fe es muy importante. La primera vez que se celebró la misa, en noviembre de 2007, vinieron 700 mujeres. Actualmente vienen entre cincuenta y cien, y acuden, sobre todo, quienes están en los últimos meses de embarazo. Piden, sobre todo, un buen alumbramiento, pero también fuerza y salud para sus bebés”.

Esta añadió que transmitir la inviolabilidad de la vida, precepto católico que este grupo defiende, es también otro de los objetivos de la ceremonia.

“Vienen muchos matrimonios, pero también madres solteras e incluso mujeres que consideraron abortar, por distintas circunstancias, pero gracias a Dios escogieron otro camino. Es una ceremonia muy íntima y muy especial, que sirve también para hablar de ese hermoso regalo que es la vida”.

Previo a la liturgia, la agrupación ofreció la conferencia “El nacimiento del Niño Jesús y el enfoque positivo de las dificultades del alumbramiento” a las asistentas.

La misa concluyó con la bendición de los niños recién nacidos. Estos acudieron al altar junto a sus padres, quienes los dejaron en manos de María.

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