Guayaquil, viento en popa

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Guayaquil, viento en popa

La imagen de la llegada de los ocho veleros internacionales a aguas ecuatorianas tiene un grato simbolismo para Guayaquil, cuyo mes de fundación está por empezar.

Junto al Buque Escuela Guayas, de Ecuador, arribaron el Cisne Branco, de Brasil; Cuauhtémoc, de México; Gloria, de Colombia; Simón Bolívar, de Venezuela; Esmeralda, de la Armada de Chile; Unión, de Perú; y, Libertad, de Argentina.

Sus nombres denotan aspectos específicos de la identidad y pujanza de las naciones reflejados en procesos libertarios que tienen algunos puntos en común.

La presencia de estas naves en aguas porteñas se debe a la regata Velas Latinoamérica 2018, que empezó en marzo y concluirá en septiembre, la cual coincide con la celebración del 483 aniversario de fundación de la Perla del Pacífico.

Esta travesía se realiza cada cuatro años con el fin de estrechar y fortalecer los lazos de amistad entre las distintas armadas y pueblos visitados.

Los barcos arribaron desde Perú y se quedarán todo este fin de semana, antes de zarpar hacia Balboa, en Panamá. Durante la jornada, el público podrá abordar las embarcaciones, recorrer sus instalaciones y dialogar con sus tripulantes, quienes también ofrecerán su homenaje a la ciudad durante el pregón juliano en la avenida 9 de Octubre.

El gesto es muy significativo para avanzar en la unión de los pueblos sudamericanos, que luchan por la integración desde hace varios años.

Los retos que Guayaquil ha logrado cumplir consolidaron una identidad que le ha permitido convertirse en un referente nacional y exportar su imagen al mundo.

Pese a todos los problemas aún pendientes de resolver, la ciudad huancavilca se levanta con hidalguía y le planta la cara al futuro, tras más de dos décadas de pujantes administraciones que le devolvieron el orgullo y la dignidad.

Es fundamental que los guayaquileños no claudiquen en la búsqueda del desarrollo y que se erijan para siempre como los grandes herederos de su padre predilecto, José Joaquín de Olmedo.

El mensaje que nos deja la grata visita de los veleros es que Guayaquil sigue y seguirá viento en popa hacia el progreso.

La imagen de la llegada de los ocho veleros internacionales a aguas ecuatorianas tiene un grato simbolismo para Guayaquil, cuyo mes de fundación está por empezar.

Junto al Buque Escuela Guayas, de Ecuador, arribaron el Cisne Branco, de Brasil; Cuauhtémoc, de México; Gloria, de Colombia; Simón Bolívar, de Venezuela; Esmeralda, de la Armada de Chile; Unión, de Perú; y, Libertad, de Argentina.

Sus nombres denotan aspectos específicos de la identidad y pujanza de las naciones reflejados en procesos libertarios que tienen algunos puntos en común.

La presencia de estas naves en aguas porteñas se debe a la regata Velas Latinoamérica 2018, que empezó en marzo y concluirá en septiembre, la cual coincide con la celebración del 483 aniversario de fundación de la Perla del Pacífico.

Esta travesía se realiza cada cuatro años con el fin de estrechar y fortalecer los lazos de amistad entre las distintas armadas y pueblos visitados.

Los barcos arribaron desde Perú y se quedarán todo este fin de semana, antes de zarpar hacia Balboa, en Panamá. Durante la jornada, el público podrá abordar las embarcaciones, recorrer sus instalaciones y dialogar con sus tripulantes, quienes también ofrecerán su homenaje a la ciudad durante el pregón juliano en la avenida 9 de Octubre.

El gesto es muy significativo para avanzar en la unión de los pueblos sudamericanos, que luchan por la integración desde hace varios años.

Los retos que Guayaquil ha logrado cumplir consolidaron una identidad que le ha permitido convertirse en un referente nacional y exportar su imagen al mundo.

Pese a todos los problemas aún pendientes de resolver, la ciudad huancavilca se levanta con hidalguía y le planta la cara al futuro, tras más de dos décadas de pujantes administraciones que le devolvieron el orgullo y la dignidad.

Es fundamental que los guayaquileños no claudiquen en la búsqueda del desarrollo y que se erijan para siempre como los grandes herederos de su padre predilecto, José Joaquín de Olmedo.

El mensaje que nos deja la grata visita de los veleros es que Guayaquil sigue y seguirá viento en popa hacia el progreso.