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De la esquila de la oveja a las manos tejedoras

Los comuneros se levantan antes del alba. Luego de recorrer extensos tramos de camino desde lo alto de las montañas hasta la verde planicie andina, desafiando el frío de las madrugadas en el páramo, primero acompañan a sus hijos a la escuela, antes de

En la lavada el producto pasa por una máquina (cardado), de la que salen unas mechas de hilos que son retorcidos antes de llegar finalmente a la madejadora.

Los comuneros se levantan antes del alba. Luego de recorrer extensos tramos de camino desde lo alto de las montañas hasta la verde planicie andina, desafiando el frío de las madrugadas en el páramo, primero acompañan a sus hijos a la escuela, antes de dirigirse a donde está el ganado ovino y sus cultivos de hortalizas. Así inician su rutina diaria de trabajo en el campo.

En este sector donde se asientan las comunidades Yorauzcha, Pachango, Rincón de los Andes y San José de Natagua, pertenecientes al cantón Salinas de Guaranda, los agricultores y ganaderos crían ovejas con las que proveen de lana a la Hilandería comunitaria.

Antonio Bayas, encargado de los centros de acopio de la Hilandería, recorre estas comunidades para capacitar a los agricultores sobre la forma de cosechar lana de buena calidad.

Algo similar ocurre en otras comunidades de la Sierra central. Juan Torochima, presidente de la Asociación Artesanal Águila, de la comunidad Yaguarchico, parroquia Quisapincha, es uno de los campesinos que llevan a pastar sus ovinos muy temprano en la mañana, trasquila junto con un ayudante los que están listos y lleva la materia prima a los centros de acopio. La lana sale oscura y con tierra luego del trasquilado, por lo que se debe aplicar un proceso de limpieza.

Tanto Torochima como los 25 socios de la mencionada agrupación cumplen este mismo procedimiento y cronograma de labores. Llevan a cabo esta actividad de la esquila cada ocho meses, que es el tiempo que necesita el animal para volver a estar apto para el proceso. Cada corte dura de 10 a 20 minutos, dependiendo de la habilidad del cortador.

La lana de alpaca, al contarse con pocos animales, es bastante escasa en relación a la de oveja.

Cada familia tiene entre 15 y 20 ovejas reproductoras, en promedio. Estas tienen sus crías cada seis meses y algunas son comercializadas como complemento para su economía.

Al estar asociados logran con más facilidad conseguir recursos y tener un lugar adecuado donde confeccionar sus artesanías y poder venderlas. Las mujeres colaboran elaborando manualidades en las casas.

Los hilos son producidos en la Hilandería Intercomunal Salinas, ubicada en la parroquia del mismo nombre de la ciudad de Guaranda.

Existen seis centros de acopio en las provincias de la Sierra central, es decir en Chimborazo, Cotopaxi y Tungurahua. Uno de ellos lo dirige don Francisco Alomato, encargado de recopilar la lana de las comunidades de su sector. Luego esta es llevada a la Hilandería. En este centro compran la lana al por mayor por 22 centavos la libra. (F)

Principales clientes de hilos

Luego de la esquila y el proceso de limpieza de la materia prima, es cuando la industria hilandera obtiene los hilos de alpaca y oveja de diferentes tipos y grosores, los que se entregan con colores naturales y artificiales.

Se arma el producto final en pacas que son enviadas principalmente (el 90 %) a Otavalo e Ibarra, donde son expertos en la elaboración de textiles. Mandan alrededor de 60 pacas cada 10 o 12 días. No exportan el hilo. La exportación se realiza cuando se obtienen los productos terminados, como son los abrigos, ponchos, bufandas, etc., dando un valor agregado a su labor artesanal.