Crucero arriba a Esmeraldas
Un fuerte operativo de seguridad acompañó a los turistas.Luis Ángel Cheme / Expreso

Arribo de crucero, un ‘shot de esperanza’ para Esmeraldas

El crucero Artania llegó con 1.260 turistas. Un fuerte operativo blindó la visita, que alivia al alicaído sector turístico

Eran las siete en punto de la mañana cuando la silueta del crucero MS Artania apareció en el horizonte esmeraldeño. Imponente, majestuosa, como un gigante blanco que avanzaba lentamente hacia el puerto. Al mando estaba el capitán Hansen Morten, un hombre de mar con más de veinte años de experiencia, cuya serenidad contrastaba con la expectación que se vivía en tierra firme. El sol apenas despuntaba y bañaba de tonos dorados la superficie del agua, mientras desde los camarotes se asomaban turistas curiosos, saludando con entusiasmo a quienes aguardaban su llegada.

En el muelle, artesanos desplegaban sus carpas, colgaban collares de semillas, tallas de madera y tejidos coloridos; emprendedores ofrecían dulces típicos y bebidas refrescantes; grupos de marimba afinaban sus instrumentos, listos para arrancar con un ritmo que prometía contagiar a los recién llegados. La Orquesta Municipal, con sus metales brillando bajo el sol, esperaba el momento de dar la bienvenida con música festiva. Todo estaba dispuesto para que Esmeraldas mostrara su rostro más alegre y hospitalario.

Ciauto

Ciauto frena exportaciones a Colombia por aranceles y busca nuevos mercados

Leer más

Pero lo que más llamaba la atención era la seguridad. Policías uniformados se encontraban en cada esquina del puerto, vigilando con firmeza. Eran 86 efectivos desplegados en un operativo que incluía también militares, bomberos y personal de instituciones locales. Los turistas eran acompañados en cada recorrido, custodiados como si se tratara de un ‘turismo blindado’.

Esmeraldas, víctima de la inseguridad

En una de las ciudades más peligrosas de Ecuador, la llegada del crucero se convirtió en un desafío logístico y simbólico: demostrar que Esmeraldas puede recibir visitantes con garantías; y que la violencia no sería protagonista, sino la cultura y la hospitalidad.

La primera en descender fue Alice Schmidt, una alemana de sonrisa amplia que llevaba en la mano una pequeña bandera de Ecuador, obsequio de la Cámara Provincial de Turismo. Su gesto fue celebrado con aplausos y música. Ella, sorprendida por el recibimiento, parecía encarnar la esperanza de toda una provincia: que los turistas se lleven una impresión positiva, que hablen bien de Esmeraldas y que regresen.

Los visitantes se dividieron en grupos. Unos recorrieron la ciudad, visitando el malecón y los nuevos espacios culturales; otros se dirigieron hacia el norte, a la Quinta Mamey y Rioverde; y muchos más hacia el sur, a Atacames, al Peñón del Suicida y a la playa de Tonsupa.

Aproximadamente 400 personas recorrieron la ciudad, mientras el resto emprendía excursiones hacia los destinos más emblemáticos de la provincia. Y en cada punto, la seguridad era visible: patrullas, acompañamiento policial y hasta músicos y guías bajo custodia. La consigna era clara: nada podía empañar la visita.

Un crucero arriba a Esmeraldas. Bailarines dan la bienvenida a los turistas.
Grupos de marimba afinaron sus instrumentos y deleitaron con bailes a los turistas.Luis Cheme / Expreso

Vigilancia permanente

El blindaje fue total, casi cinematográfico. Desde el instante en que el crucero Artania se acercó al muelle, la ciudad se transformó en un escenario de vigilancia permanente: patrullas apostadas en las avenidas, policías caminando en parejas junto a los turistas, militares custodiando los accesos y bomberos atentos en cada esquina.

Era como si Esmeraldas hubiera levantado un muro invisible de protección, un cerco humano que garantizaba que nada alterara la visita. Los viajeros se movían entre sonrisas y música, pero siempre bajo la mirada atenta de uniformados que escoltaban cada paso, cada recorrido, cada fotografía. Ese ‘turismo blindado’ se convirtió en la metáfora de un territorio que, pese a sus heridas y su fama de peligroso, decidió mostrar al mundo (al menos por un día) que puede recibir con seguridad y dignidad a quienes llegaban desde tan lejos.

Las autoridades locales lo sabían. Habían pasado siete años desde que un crucero de este calibre atracaba en Esmeraldas. La llegada del Artania era histórica, una oportunidad de reactivación económica para artesanos, comerciantes y operadores turísticos. Sin embargo, no faltaron intentos de boicot: grupos que cerraron vías y generaron caos, criticados duramente por los propios esmeraldeños, conscientes de que un mal recuerdo podía alejar para siempre a los visitantes. “No tiene perdón de Dios”, se escuchaba entre los discursos oficiales, mientras se insistía en que la provincia    debe mostrarse unida y positiva.

Nestlé Ecuador inauguró una nueva línea automatizada en Surindu.

Nestlé invierte $ 63 millones en nueva línea de producción en Ecuador

Leer más

El crucero Artania, con sus 231 metros de eslora y 32 de manga, es un verdadero hotel flotante. Con capacidad para 1.260 pasajeros distribuidos en 594 cabinas y un peso de 44.588 toneladas brutas, recorre el mundo en travesías largas y memorables. Esta vez su itinerario incluía Chile, Perú, Ecuador (Guayaquil y Esmeraldas), antes de partir rumbo a Panamá. El viaje completo dura 125 días: zarpó el 7 de enero de 2026 y concluirá el 12 de mayo. Para los turistas, era una aventura; para Esmeraldas, una oportunidad de mostrarse al mundo.

La jornada transcurrió entre música, bailes de marimba, degustaciones de encocados y sonrisas compartidas. Los turistas fotografiaban cada detalle: los trajes coloridos, los paisajes verdes, la alegría espontánea de los niños que saludaban desde la orilla.

Y aunque la sombra de la violencia siempre ronda, este día la Provincia Verde se blindó para recibirlos. Fue un día de fiesta, de esperanza y de memoria: el regreso de un crucero internacional a Esmeraldas, con todo lo que ello significa para su gente. Una crónica que quedará marcada como el inicio de un nuevo capítulo en su historia turística.

¿Te gusta leer Diario EXPRESO? TE PUEDES SUSCRIBIR AQUÍ