Defender la historia

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Defender la historia

La historia, Historia y sus relatos siempre han sufrido asedios, acosos y asaltos por el poder, los caudillos y totalitarismos. Con esto buscan distorsionar la memoria social, los hechos, procesos y acontecimientos. Quieren imponer sus visiones dogmáticas, que tienen distorsiones y ocultamientos antes que evidencias y verdades. Por eso la historia política tiene más creencias y apologías que certezas. Ahora más todavía.

El 5 de Junio de 1895 un colectivo social conformado por agroexportadores, banqueros, comerciantes, profesionales, intelectuales, clase media y pueblo, se aglutinó en un proyecto de modernidad mercantil capitalista plasmado en un programa político que lideró el comerciante manabita Eloy Alfaro.

Desde ahí hasta hoy, partidos, ideólogos, plumíferos, liberales, conservadores, izquierdistas y noveleros socialistas del siglo XXI se han dedicado a la nociva tarea de “darnos leyendo e interpretando la historia”, hecha de pura propaganda ideológica y promovida como “única verdad” de ese hecho.

Van 10 años de continua tergiversación del pensamiento de Alfaro, de la revolución y del proceso. No es necesario tener grandes conocimientos para hacer evidente que escritos y producciones intelectuales de los verdaderos pensadores liberales como Pedro Carbo, Pedro Moncayo, José Peralta, los Andrade, Abelardo Moncayo, Montalvo, etc. permanecen en la sombra. Solo hay apologías de caudillos, enredos y confusiones-distorsiones. La mejor historia de esa revolución, del no-correísta, Enrique Ayala Mora, la ignoran y silencian.

Esto dice cómo actúan los interesados en falsear y tomarse el proyecto de Alfaro. Por eso tienen una historia líquida que disuelve lo sólido. Así protegen sus intereses e ignorancia, difundiendo solo creencias.

Hoy los historiadores rigurosos, honestos y éticos deben asumir la tarea de impedir que caudillos, tartufos y doctrineros asalten y dañen la memoria social. Solo la defensa de la historia proveerá verdades y certezas antes que laberintos, apologías y dogmas. Solo así el macro y microrrelato que reconstruyen escenarios y contextos ciertos, serán válidos e importantes.

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