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Chivo expiatorio chino de Trump

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, otra vez se las ingenió para tergiversar los hechos. Como parte de un esfuerzo más amplio por reprender a China por supuestamente “violar” la economía de EE. UU. a través de una política comercial injusta, ahora ha renovado su acusación de que el país manipula su moneda para favorecer sus exportaciones. Estas declaraciones son tan peligrosas como alejadas de la realidad. La acusación de Trump sobre la manipulación de la moneda china no está respaldada por los hechos. Por el contrario, durante los últimos dos años y medio, el Banco Popular de China (PBOC) ha estado interviniendo en los mercados de divisas para impedir que el valor del renminbi cayera de manera demasiado brusca frente al dólar. China últimamente ha enfrentado un aumento de salida de capital; esto ha creado presión bajista sustancial sobre el tipo de cambio, lo que es en cierta proporción resultado de un alivio de las restricciones sobre las cuentas de capital por parte del Gobierno chino -un esfuerzo que debería permitir a los hogares, corporaciones e inversores institucionales diversificar sus carteras aumentando sus tenencias extranjeras-.; y también reflejo de temores sobre las perspectivas económicas de China, incluidos los crecientes riesgos financieros y el miedo entre algunos chinos adinerados de que puedan volverse blanco de la campaña anticorrupción del presidente Xi Jinping. En lugar de permitir que el valor del renminbi cayera tan vertiginosamente como dictan los mercados, el PBOC ha intervenido para limitar las salidas de capital y compensar la presión a favor de una depreciación. Si Trump exigiera que China dejara que los mercados dictaran el valor de su moneda, el renminbi se depreciaría aún más rápido, impulsando su competitividad comercial frente a EE. UU. Al exigir que China frene la depreciación del renminbi impulsada por el mercado, Trump en efecto le está exigiendo que haga exactamente aquello que EE. UU. siempre condenó: intervenir directamente en los mercados de divisas. Trump sabe que cumplir con su promesa de revivir la industria estadounidense con cambios de políticas domésticas que impulsen la competitividad internacional de las empresas norteamericanas sería difícil de implementar y llevaría demasiado tiempo antes de que rindiera frutos. Para él, “ponerse duro” con China -a través de las palabras y de la acción- probablemente parezca un método conveniente. Una interpretación caritativa es que, en su calidad de empresario duro y pragmático, simplemente está apelando a amenazas para conseguir una posición de negociación fuerte.

La perspectiva de una guerra comercial con China podría bastar para dañar la economía estadounidense. Un dólar en alza es una mala noticia para Trump. Sus promesas de aumentar las exportaciones y repatriar empleos industriales de países con mano de obra más barata serían difíciles de cumplir en las condiciones más propicias. Si la retórica proteccionista acalorada de Trump continúa, EE. UU. enfrentará un dólar fuerte, exportadores seriamente debilitados y un déficit comercial mucho mayor -para no mencionar tensiones agudizadas con una China formidable.

Project Syndicate