Barrios de Guayaquil
En la Alborada se niegan a perder la vida barrial por la inseguridad: esto se propone
Esta ciudadela es considerada el corazón del norte de Guayaquil; especialista sugiere que aquí se implemente un plan piloto de barrios seguros

Aceras y áreas verdes están abandonadas afuera de los centros de diversión nocturna, en la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur.
Lo que se sabe
- Un asesinato golpeó a la comunidad de la etapa 6 de la ciudadela la Alborada, el 27 de abril de 2026
- Los habitantes de esta zona del norte afirman que no quieren que la violencia se normalice en su sector
- Especialista sugiere crear un plan piloto de seguridad, que fortalezca la vida barrial
Cercanía. Fue lo que más llamó la atención de María Touzard cuando llegó a vivir a la ciudadela Alborada, hace más de 50 años. Ella recuerda cómo poco a poco empezaron a instalarse bancos, supermercados y otro tipo de negocios.
Considerada como el corazón del norte y rodeada de ciudadelas como La Garzota, Sauces, Samanes, Urdenor, entre otras, la Alborada comparte con ellas el golpe que la inseguridad ha dejado en todo el país.
El hecho más reciente ocurrió el lunes 27 de abril de 2026, cuando tres sujetos llegaron en moto hasta el local de una cadena de supermercados, en la sexta etapa, a cinco cuadras del monumento al papagayo, en la avenida Benjamín Carrión.
Eran las 20:20. Obligaron al guardia de seguridad a acostarse en el suelo. Iban en búsqueda de Pedro Wilson Hidalgo Briones. El joven, de 23 años, quien era el administrador del negocio, según la Policía Nacional, intentó huir, pero fue alcanzado por los sicarios en un parque, ubicado a 40 metros.
La víctima no tenía antecedentes penales y hace dos meses habían intentado robarle su moto, según contó uno de sus familiares. Dejó huérfana a una niña de un año.
En el parque de la Y, en la sexta etapa de la Alborada, fue asesinado Pedro Wilson Hidalgo Briones
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"No queremos acostumbrarnos a la inseguridad"
El crimen acrecentó el temor en el sector. Los moradores vieron cómo su barrio, el espacio al que consideraban seguro, se convirtió en una escena del crimen, con policías investigando en el parque de la Y, aquel lugar donde solo se esperaría que jueguen los niños, descansen los adultos mayores y compartan los vecinos.
“Nosotros también nos hemos encerrado, como en todas las etapas de la Alborada, que tienen sus puertas automatizadas, las cámaras también; pero creo que el tema de inseguridad pasa los límites. Ahora, en ocasiones, hay gente que tiene su puerta y (los ladrones) la esperan ahí afuera de la puerta o simplemente ingresan”, menciona un líder barrial de la etapa 11, quien pidió reservar su identidad.
“Así como nosotros tenemos un plan de seguridad, ellos (los delincuentes) también tienen plan de cómo atacar de diferentes formas. Entonces, siempre tenemos que estar dos pasos (adelante) de la inseguridad para no caer en su trampa”, añade el dirigente, quien lamenta que “la gente esté con miedo”.
“Esto al final es a lo que vamos a llegar: a acostumbrarnos a ver esas cosas que ya pierden todo el sentido de la vida. No queremos que suceda”, expresa el ciudadano, quien reside desde hace 25 años en la Alborada.
Rejas han fragmentado a la comunidad en la Alborada
Esa resistencia a dejar que su barrio se pierda fue recogida por EXPRESO en noviembre pasado, cuando varios comités contaron cómo han reforzado su organización comunitaria, a la espera también de la colaboración institucional.
Richard Burnham, de la etapa 13, considera que aún se debe trabajar en la unión de los vecinos para “tener un poco de confianza”.
Él lamenta que el fraccionamiento de sectores, debido a la instalación de rejas en calles peatonales y vehiculares, impida acceder fácilmente a espacios como los parques.

Varios de los vecindarios de las 14 etapas de la Alborada están fraccionados, por las rejas colocadas para tratar de aliviar el temor por la inseguridad ciudadana.
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La Alborada puede acoger un plan piloto de seguridad barrial
Esa división física, que arquitectos y urbanistas consultados por EXPRESO han advertido que ofrece solo una sensación de seguridad temporal, no se percibe en espacios públicos que aún son de libre acceso, como el parque ubicado junto a la unidad educativa fiscal Ismael Pérez Pazmiño, en la etapa 3.
En esta zona se reúnen las familias a jugar voleibol y compartir
Las canchas del sitio son el escenario donde los vecinos se encuentran para jugar voleibol, conversar y compartir. Es la vida de barrio que aún se mantiene y que se niega a morir.

En las canchas afuera de la unidad educativa Ismael Pérez Pazmiño, en la Alborada, se vive ambiente de barrio, pese al temor a la delincuencia.
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Boris Forero, docente de Arquitectura, recuerda que “el espacio público es donde se construye ciudadanía”. Los dueños del barrio necesitan volver sus ojos al parque, a la calle, al espacio común, para no dejar que la delincuencia se lo tome, enfatiza.
Por eso, Forero considera que al ser el corazón del norte, la Alborada puede ser el espacio para convertirse en un plan piloto de seguridad, que se extienda a los demás barrios.
Esto requiere de varios puntos:
- Acción conjunta con la Policía Comunitaria, de manera que esté presente y conozca el sector
- Inversión del Municipio parar ofrecer espacios públicos accesibles e integrales
- Comunidad generando proyectos que pueden trabajarse con la academia
No vamos a desaparecer tampoco. De esos escombros algo brota, algo vuelve a nacer como vida. Y hay que intentarlo”.
Esa persistencia aún se vive en las calles de la Alborada, cuyos habitantes viven con la esperanza de que la unión de esfuerzos impida que este corazón urbano deje de latir.