Ecuatorianos ganaron cuatro medallas en concurso mundial de robótica en China
Tres estudiantes de Ambato y un equipo de ingenieros ecuatorianos ganaron cuatro medallas en el RobotChallenge China 2026, realizado en Beijing

El equipo ecuatoriano celebra en China las cuatro medallas obtenidas en el RobotChallenge 2020.
Una delegación ecuatoriana conformada por estudiantes y profesionales consiguió dos medallas de oro y dos de bronce en el RobotChallenge China 2026, una competencia internacional de robótica desarrollada entre el 7 y el 9 de agosto de 2026 en Beijing.
Los reconocimientos se distribuyeron entre tres alumnos de la Unidad Educativa Juan León Mera La Salle, de Ambato, y el equipo de profesionales de Smart-U, empresa dedicada a la formación y asesoría en robótica competitiva.
Los estudiantes Aaron Paredes, de 11 años; Mauro Vaca, de 14; y Matías Aldaz, de 17, alcanzaron el primer lugar en la categoría Mini-Sumo Autónomo Senior y el tercer puesto en Mini-Sumo RC.
Por su parte, los profesionales de Smart-U ganaron el primer lugar en Mini-Sumo RC Adulto y consiguieron el tercer puesto en Humanoid Sprint, una prueba en la que un robot bípedo debe recorrer una pista en el menor tiempo posible.
Tomás Cobeña y Esteban Navas, ambos ingenieros en Mecatrónica y responsables de Smart-U, participaron como competidores, pero también formaron parte del proceso de preparación y acompañamiento de los estudiantes.
Según explicaron en entrevista con EXPRESO, la edición reunió a delegaciones de aproximadamente 50 países. Entre los participantes estuvieron representantes de China, Tailandia, Japón, Corea del Sur, Rusia, Bielorrusia, Mongolia, México, Colombia, Bolivia y Estados Unidos.
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Un año de preparación para competir en China
La participación estudiantil fue el resultado de aproximadamente un año de entrenamiento. Cobeña contó que seleccionó a los tres alumnos y comenzó a prepararlos después de haber competido en solitario en la edición anterior.
“Mi meta para este año 2026 fue volver a China y llevar a mis alumnos para que ellos pudieran tener esta experiencia de competir en un evento internacional”, explicó el ingeniero.
La formación se realizó como una actividad extracurricular. Después de cumplir su jornada escolar, los alumnos permanecían en la institución para aprender diseño mecánico, programación y resolución de retos.
Cobeña señaló que actualmente trabajan con un grupo de aproximadamente 15 estudiantes interesados en la robótica. Además de adquirir conocimientos técnicos, los jóvenes aprendieron a desenvolverse bajo presión y a resolver problemas que podían surgir antes o durante una competencia.

Juez del RobotChallenge 2026 supervisa y evalúa la participación de los equipos en la competencia internacional.
Smart-U mantiene convenios con instituciones educativas para preparar a estudiantes que participan en torneos nacionales e internacionales. En el RobotChallenge, sus integrantes compitieron como profesionales y brindaron apoyo técnico a los alumnos de La Salle.
Navas explicó que él también tuvo un doble papel durante el encuentro: participó en las pruebas y colaboró como asesor externo de los estudiantes. El ingeniero aseguró que trabaja junto con Cobeña desde hace aproximadamente ocho o nueve años en robótica competitiva.
A lo largo de ese periodo han intervenido en encuentros desarrollados en países como Colombia, México y Estados Unidos, antes de llegar a China.
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¿En qué consistieron las competencias?
Las categorías de minisumo trasladan las reglas básicas del sumo a la robótica. Dos prototipos se enfrentan dentro de una superficie circular, conocida como dojo, y cada uno intenta sacar a su contrincante del área.
En Minisumo RC, una persona controla el robot a distancia. Los participantes deben ganar al menos dos de tres enfrentamientos para avanzar por las distintas fases de la competencia.
En la categoría para adultos participaron cerca de 150 prototipos, según relató Navas. El torneo comenzó con una fase de grupos y continuó con llaves eliminatorias hasta definir los primeros lugares.
En Minisumo Autónomo, en cambio, los competidores colocan los robots sobre la pista y un juez los activa mediante una señal infrarroja. A partir de ese momento, el prototipo utiliza sus sensores y la programación instalada para detectar al contrincante, desplazarse y tratar de expulsarlo del dojo.
La prueba Humanoid Sprint funciona como una carrera. El robot bípedo recibe la señal de salida y debe avanzar de manera autónoma por una pista de aproximadamente dos metros. El tiempo empleado para completar el recorrido determina su posición.
“Detrás del prototipo estamos tres personas, que nos encargamos del desarrollo, la construcción, el ensamblaje y toda la electrónica”, explicó Navas sobre el trabajo necesario antes de colocar un robot en competencia.

Alumnos de la Unidad Educativa Juan León Mera La Salle y profesionales de Smart‑U reciben reconocimientos en el RobotChallenge 2026.
El diseño mecánico marcó la diferencia
Los ingenieros atribuyeron los resultados al diseño mecánico de los prototipos, la programación y la experiencia acumulada en competencias anteriores.
“En la parte de los minisumos predominó nuestro diseño mecánico. En el caso del Minisumo RC, también nuestro manejo; pudimos manejar mejor que ellos”, señaló Cobeña.
Navas agregó que la experiencia les permitió competir frente a delegaciones asiáticas con una larga trayectoria en robótica. Uno de los rivales más complejos fue Tailandia, país que, según los entrevistados, llevó una delegación de alrededor de 150 personas.
Durante el primer día también enfrentaron cuestionamientos de otros participantes sobre las características de sus robots. La diferencia en la interpretación del reglamento, disponible en distintos idiomas, generó dudas respecto a los prototipos ecuatorianos.
Los jueces revisaron los equipos y determinaron que cumplían las reglas. El apoyo de las traductoras del evento permitió aclarar las diferencias y continuar con la competencia.
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Competir sin una recompensa económica
Las medallas no estuvieron acompañadas de un premio económico. Sin embargo, para Smart-U, el reconocimiento funciona como una carta de presentación para gestionar nuevos convenios con instituciones educativas ecuatorianas.
El viaje también representó un esfuerzo financiero. Los integrantes de la empresa cubrieron sus boletos, hospedaje y alimentación. Solo el pasaje aéreo costó alrededor de 2.000 dólares por persona, de acuerdo con Cobeña.
Cobeña aseguró que han solicitado respaldo gubernamental en varias ocasiones, pero no lo han conseguido. “Ya tenemos 10 años participando y no ha habido apoyo”, señaló.

Ingenieros de Smart‑U acompañan y preparan a estudiantes ecuatorianos durante el RobotChallenge 2023
En el caso de los estudiantes, sus familias asumieron el valor de los vuelos, mientras que la institución educativa colaboró con el hospedaje y la alimentación. La delegación permaneció aproximadamente 14 noches en China.
Los ingenieros identificaron el costo como una de las principales barreras para desarrollar la robótica competitiva en Ecuador. A esto se suma la dificultad para encontrar piezas especializadas dentro del país.
“En China, para comprar un elemento, uno va a la tienda y ahí está. Aquí en Ecuador a veces es muy complicado por los costos o porque no lo venden y toca importarlo”, sostuvo Cobeña.
Navas coincidió en que la disponibilidad de componentes no es la única diferencia. Los equipos asiáticos pueden acceder a varios prototipos y motores especializados, mientras que para los ecuatorianos las importaciones incrementan los presupuestos y extienden los tiempos de preparación.
Pese a estas limitaciones, estudiantes y profesionales lograron colocar a Ecuador en cuatro podios. Sus resultados, aseguran, muestran que la experiencia, el diseño y la programación pueden reducir parte de la brecha frente a países con mayor acceso a tecnología.