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Diario Expreso Ecuador

Lula versus las apuestas: la batalla por el bien común

Desde el llamado del Papa hasta la prohibición en Brasil: por qué las apuestas deportivas representan una amenaza para la seguridad en Ecuador

En agosto de 2024, el Banco Central de Brasil reveló que beneficiarios de Bolsa Familia, quizás política pública de Lula, transfirieron 3.000 millones de reales a casas de apuestas en un solo mes.

En agosto de 2024, el Banco Central de Brasil reveló que beneficiarios de Bolsa Familia, quizás política pública de Lula, transfirieron 3.000 millones de reales a casas de apuestas en un solo mes.Archivo Expreso

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El pasado diciembre, el papa León XIV recibió a los alcaldes de Italia y les pidió enfrentar “la plaga de los juegos de azar que arruina a tantas familias”, legitimando así sendos documentos de las Conferencias Episcopales de Argentina e Italia, trabajados con base en la grave problemática presentada en esos países. León habló entonces de un “fuerte aumento” del fenómeno y de “un grave problema educativo, de salud mental y de confianza social”.

El Papa no exageraba, pues la proliferación de plataformas de apuestas deportivas en prácticamente todos los mercados ha introducido un factor de distorsión significativo en la sociedad a través de los efectos de la ludopatía y la expansión del negocio de las apuestas sobre los mecanismos de gobernanza, transparencia e integridad competitiva. Estos elementos representan hoy uno de los desafíos más urgentes para cualquier Estado.

El entramado ilegal que se infiltra en el deporte

La economía dependiente de las actividades irregulares como el tráfico de drogas, el tráfico de personas, la minería ilegal, entre otras, es tan grande que sus intereses se extienden a casi todos los estamentos de la sociedad. Y las apuestas son hoy, en mayoría, parte de ese entramado ilegal, esta vez difuminado a través de la pasión que produce el deporte. Se han tomado hasta el nombre de la organización profesional, como en el caso de Ecuador.

Por eso es digno de resaltar que un presidente latinoamericano tome una medida drástica y necesaria: “Intentamos regular. Si no funcionaba, íbamos a cerrar. No funcionó”. Con esa franqueza, Lula da Silva defendió la acción provisional que prohíbe desde octubre las apuestas deportivas y los casinos en línea en Brasil, donde casi 44 millones de personas tenían cuenta en alguna plataforma.

La medida de Lula genera discusión, pues no deja de ser una decisión en medio de una campaña electoral y con un enfrentamiento directo a una industria que patrocina a 14 de los 20 clubes de la primera división brasileña. Pero hace lo correcto. Ya en agosto de 2024, el Banco Central reveló que beneficiarios de Bolsa Familia, quizás la mejor política pública de Lula en su primer mandato, transfirieron 3.000 millones de reales a casas de apuestas en un solo mes.

Europa inició el camino en esta lucha contra las casas de apuestas desde hace tiempo: Italia prohibió en 2018 la publicidad de apuestas, aunque sus clubes encontraron atajos; España vetó en 2021 su patrocinio en las camisetas; y, desde esta temporada, la Premier League ya no lleva casas de apuestas en el pecho de sus jugadores.

Una actividad que alimenta a muchos GDO

En Ecuador seguimos mirando y no vemos con lucidez la problemática. Ver a niños vistiendo la camiseta de su equipo favorito con publicidad de ‘bets’ es imperdonable. Que existan centros de ‘depósitos en efectivo’ de apuestas en muchas tiendas de barrios, hace aún más gris la operación de estas organizaciones.

Según datos de Ecuanomía, el interés por apostar se concentra en Manabí, Los Ríos y Esmeraldas. No parece casual que ese mapa coincida con el de las provincias más impactadas por la delincuencia organizada.

Las apuestas no son diversión, como incluso yo lo pensaba hace algunos años. Brasil demuestra con esta medida que un Estado puede decir ‘no’ de forma enfática. Ojalá el Ecuador comprenda que esta actividad está alimentando a muchos GDO y matando a muchas familias por el dinero fácil.

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