quito cómo vamos
Quito tiene más vehículos, menos usuarios del transporte público y la violencia aumenta
Daniela Chacón, presidenta ejecutiva de la Fundación Tandem, analiza los resultados del Informe de Calidad de Vida y la Encuesta de Percepción Ciudadana 2026

En este video analizamos los resultados del más reciente Informe de Calidad de Vida y la Encuesta de Percepción Ciudadana de la iniciativa Quito Cómo Vamos, junto a Daniela Chacón.
Daniela Chacón, coordinadora de la iniciativa Quito Cómo Vamos, advierte sobre un modelo de movilidad insostenible, el aumento de la violencia, el rezago ambiental y las limitaciones financieras del Municipio.
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Aunque reconoce avances en la gestión municipal y un alto nivel de orgullo ciudadano, sostiene que la capital enfrenta grandes desafíos que requieren inversión, planificación y corresponsabilidad.
Qué revela el reciente informe sobre la movilidad en Quito?
Hay más uso del vehículo privado y de las motos, mientras que menos personas utilizan el transporte público. Las vías son una de las grandes preocupaciones de la ciudadanía y esto está asociado al modelo de movilidad. La principal causa de los siniestros y las fatalidades en Quito es el exceso de velocidad.
Lo que vemos es un modelo que privilegia ir lo más rápido posible en el vehículo propio, sin considerar el resto del entorno. El Municipio ha dado pasos importantes: ya existe el Metro y está integrado con el sistema de transporte municipal. Sin embargo, todavía no está integrado con el resto de las alternativas de transporte, y eso impide que se convierta en el gran eje que permita hacer los viajes más rápidos y vuelva más conveniente utilizar el transporte público.
¿Qué tan ineficiente es el uso del vehículo particular en la ciudad?
Es absolutamente ineficiente. En Quito hay un promedio de 1,3 personas por vehículo, ocupando un espacio enorme en las calles. Dos vehículos pueden ocupar aproximadamente el espacio de un bus, pero un bus promedio transporta entre 60 y 90 personas. Un trolebús o un biarticulado puede llevar entre 150 y 250.
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Daniela Chacón, coordinadora de la iniciativa Quito Cómo Vamos.
Además, tenemos alrededor de 600.000 vehículos matriculados que circulan por las calles, sin contar las motos. En contraste, existen unos 3.300 buses.
Este no es un problema exclusivo de Quito; ocurre en muchas ciudades del mundo. Pero los lugares donde se consigue revertir esta tendencia son aquellos que apuestan decididamente por el transporte público.
Seguridad: baja la percepción de inseguridad, pero aumenta la violencia
La seguridad ha sido una de las principales preocupaciones de los quiteños desde que comenzaron a medir estos indicadores. ¿Qué cambió en 2026?
Desde que empezamos a medir los datos, en 2020, la seguridad ha ocupado el primer lugar entre las preocupaciones ciudadanas. Ese año era el principal problema para el 25% de las personas. En 2022, la cifra llegó al 40%; en 2023 subió al 75%; en 2024 fue del 76%, y en 2025 alcanzó su punto más alto, con el 83%. En 2026 baja al 58%.
Es una cifra superior a la que teníamos al inicio de las mediciones, pero también opaca a otros problemas, como la pobreza, la economía del hogar y la movilidad.
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¿Esta reducción significa que los quiteños se sienten más seguros?
Hay dos datos que pueden parecer contradictorios. Por un lado, solo alrededor del 40% de las personas se siente algo segura o muy segura al transitar por las calles, plazas y parques. Por otro, el 66% manifiesta sentirse algo seguro o muy seguro en su barrio.
La percepción de seguridad en los barrios ha mejorado con el paso de los años. Esto puede responder, en parte, a la inversión municipal en espacios públicos barriales, parques y lugares de recreación, que permiten que la gente ocupe más esos espacios. También influye la organización ciudadana, a través de comités de seguridad y vecinos que trabajan para hacer más seguros sus entornos inmediatos.
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Sin embargo, esa percepción contrasta con el incremento de los homicidios y los robos. En 2019, la tasa de muertes intencionales en Quito era de 4,9 por cada 100.000 habitantes. En 2025 cerramos con una tasa de 9,3, casi el doble.
En comparación con la tasa nacional, que llegó a 51,1 por cada 100.000 habitantes, la cifra de Quito es menor. Pero, para la ciudad, representa un incremento preocupante respecto de sus propios registros.
¿Qué tan violenta se ha vuelto la criminalidad en Quito?
Las cifras muestran que la criminalidad es cada vez más violenta. En 2019, el 9,6% de los homicidios se cometía con arma de fuego. En 2025, esa proporción llegó al 61%.
Las armas de fuego también están siendo utilizadas para cometer robos. Esto llama la atención sobre la disponibilidad de armas en la ciudad y tiene un impacto directo en la percepción de inseguridad de la ciudadanía.
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Orgullo y satisfacción: los quiteños siguen valorando su ciudad
Pese a estos problemas, ¿cómo se sienten los quiteños respecto de su ciudad?
Los quiteños amamos nuestra ciudad. El orgullo por Quito siempre ha sido un indicador alto. Empezamos con alrededor del 70% de personas que se sentían orgullosas de la capital. Hubo algunas fluctuaciones a la baja en 2022 y 2023, pero después el indicador volvió a subir.
En 2026, el 77% de los encuestados afirma sentirse orgulloso de Quito. Es decir, más de siete de cada diez personas. Además, el 68% manifiesta estar satisfecho con Quito como una ciudad para vivir.

Quito ostenta el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1978.
Cuando preguntamos por las razones de ese orgullo, el 45% menciona el patrimonio, el Centro Histórico y la historia de la ciudad. Después aparecen la geografía, la gastronomía y la cultura.
¿Cómo se explica esa satisfacción en medio de tantas dificultades?
Aunque a quienes vivimos aquí todo el tiempo nos pueda parecer que no es así, Quito tiene una calidad de vida relativamente alta frente a otras capitales de la región.
Somos una ciudad más pequeña y no tenemos los niveles de congestión y contaminación de otras urbes. El acceso a servicios básicos, como agua potable, alcantarillado y electricidad, supera el 90% en toda la ciudad. Además, pese a las falencias del transporte público, este llega prácticamente a todos los sectores y permite desplazarse desde Quitumbe a El Labrador con un solo pasaje.
Estos elementos hacen que vivir en Quito tenga ventajas frente a otras ciudades. Eso explica que el orgullo y la satisfacción mantengan cifras elevadas. La preocupación por los problemas cotidianos no necesariamente reduce el orgullo que sentimos ni el gusto de vivir aquí.
Una ciudad que envejece y debe planificar sus servicios
¿Qué cambios demográficos deberían influir en la planificación de Quito?
Es un tema importante porque debe indicarnos hacia dónde tiene que dirigirse la planificación de la ciudad. En el censo de 2010, la edad promedio de los quiteños era de 28 años. Éramos una ciudad joven. En el censo de 2022, esa edad promedio subió a 34 años y seguirá aumentando.
La población de Quito está envejeciendo. Por eso, la infraestructura y los servicios de cuidado deben planificarse desde ahora para que, cuando aumente la demanda, exista capacidad para atenderla.
No se trata únicamente de infraestructura y cuidados. También debemos pensar en la empleabilidad de las personas mayores, un tema que siento que todavía no estamos abordando suficientemente como ciudad.
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Medioambiente: el gran rezago de Quito
¿Cuál es la situación de Quito en materia ambiental?
Estamos rezagados frente a otras ciudades de la región. El medioambiente es el eje de calidad de vida en el que menos avances observamos en los indicadores.
Un ejemplo es el tratamiento de aguas residuales: Quito trata menos del 3% de sus aguas residuales, mientras que el promedio regional es del 30%. Estamos absolutamente atrasados.
Sabemos que el Municipio ha planteado construir varias plantas de tratamiento. Consideramos positiva esta propuesta porque necesitamos que esa cifra empiece a subir. Son inversiones grandes, pero indispensables.

La PTAR Quitumbe es la única infraestructura de gran escala que funciona en Quito en la actualidad.
Durante años se habló del proyecto Vindobona, que costaba cientos de millones de dólares y cuyo financiamiento resultaba muy difícil de conseguir. Desde mi perspectiva, dividir la intervención en varias plantas, para conseguir recursos progresivamente, es una decisión positiva. Avanzar en esa dirección ya sería un gran paso.
¿Qué ocurre con la generación de basura y el reciclaje?
La ciudadanía está produciendo cada vez más basura. Al cierre de 2025 llegamos a unas 2.000 toneladas diarias, el registro más alto. Es como llenar todos los días la Plaza Grande con un metro de basura.
Todo ese volumen debe tratarse y reutilizarse para evitar seguir llenando el relleno sanitario de El Inga, que está al límite de su capacidad. No podemos seguir dependiendo de su ampliación.
En Quito, más del 56% de las personas dice que separa la basura. La mayoría separa una parte, no todos sus residuos, y se la entrega al reciclador de barrio. Por eso, el papel de los recicladores es fundamental.
Sin embargo, de todo lo que la ciudadanía separa, apenas el 2% se trata. El problema es que no contamos con la infraestructura necesaria para procesar esos materiales.
La ciudad necesita grandes inversiones en descontaminación de ríos, gestión de residuos sólidos y fortalecimiento del transporte público. El presupuesto municipal todavía tiene dificultades para absorber inversiones de esa magnitud.
Finanzas municipales: ¿cómo financiar las transformaciones que necesita Quito?
¿De dónde pueden salir los recursos para atender estos problemas?
Una cifra que nos ha preocupado mucho es que, entre 2019 y 2025, el 41% de las personas propietarias de predios en Quito no pagó sus impuestos. Siempre hemos dicho que los quiteños tenemos una gran cultura tributaria, pero los datos muestran que la realidad no es tan favorable como pensábamos.
Quito necesita mejorar su capacidad de endeudamiento y, para hacerlo, debe incrementar sus ingresos. También requiere mayor autonomía financiera: solo el 35% de los ingresos municipales son propios, provenientes de impuestos, tasas, contribuciones y multas. El resto depende de transferencias del Gobierno central y de deuda.
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En la medida en que reduzcamos esa dependencia e incrementemos los ingresos propios, tendremos un Municipio más resiliente y autónomo,
con mayor capacidad para asumir las grandes inversiones que necesita la ciudad.
Estos problemas no se resuelven sin infraestructura ni inversiones importantes.
Balance de 2026: avances en la gestión, pero una ciudad estancada
Con todos estos datos, ¿cómo va Quito en 2026?
Hay avances, sin lugar a dudas. Ha mejorado la ejecución presupuestaria del Municipio y también se ha incrementado la confianza ciudadana. Actualmente, el 47% de las personas confía en el Municipio, frente al 23% registrado en 2022. Además, la ejecución de los recursos municipales supera el 80%.
Son datos positivos. Sin embargo, los indicadores, que no solo están relacionados con las competencias municipales, sino también con lo que ocurre en la ciudad en general, muestran una urbe estancada.
Quito todavía no logra recuperarse completamente del impacto de la pandemia y de sus consecuencias económicas y sociales. La falta de recuperación económica, la crisis de seguridad a escala nacional y un modelo de movilidad que avanza hacia la insostenibilidad nos presentan un panorama de grandes desafíos para la siguiente administración, sea una reelección o un nuevo gobierno municipal.
Quito
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¿Qué necesita Quito para salir de ese estancamiento?
Los retos son grandes y solo podremos enfrentarlos si existe continuidad en las políticas públicas, independientemente de quién esté al frente de la capital, y se fortalece el compromiso ciudadano. Los quiteños y las quiteñas debemos entender que muchas de las soluciones también dependen de nosotros.
Quito ya no aguanta una nueva refundación, porque eso significa detener los avances que se han conseguido y permitir que continúen retrocediendo aquellos indicadores que ya muestran deterioro.