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Diario Expreso Ecuador

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Carishinas en Bici: así aprenden las mujeres de Quito a ganar confianza sobre dos ruedas

Desde hace 16 años, este colectivo mantiene una escuela de ciclismo urbano. Mujeres adultas mayores, también hombres buscan las clases personalizadas

Jazz Armas cuenta que hasta las 20:00 se siente segura en la urbe, en bici. Si se queda hasta las 23:00, avanza como “gata asustada” hasta llegar a casa.

Jazz Armas cuenta que hasta las 20:00 se siente segura en la urbe, en bici. Si se queda hasta las 23:00, avanza como “gata asustada” hasta llegar a casa.Daniel Cuesta/ EXPRESO

Rosero Mariela
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Lo que debes saber:

  • Carishinas en Bici enseña ciclismo urbano a mujeres de todas las edades en Quito.
  • El colectivo de ciclistas cumplió 16 años de fundación en agosto del 2026.
  • Jazz Armas es una de las carishinas en bici, enseñan de forma personalizada, a niñas y también a adultas mayores, también a hombres.

Cuando Jazz Armas era niña, solía pedirle a su padre que le comprara una bicicleta. Ese día nunca llegó. Tuvo que esperar hasta 2013, cuando comenzó a trabajar en el Instituto Geográfico Militar, en El Dorado, para descubrir en ella, una forma de desplazarse por Quito. 

Para llegar hasta allí y volver a su casa, ubicada entonces en la avenida 10 de Agosto y Naciones Unidas, se acercaba a la primera estación de la BiciQ.

Poco después se incorporó a un colectivo de ciclistas. En sus salidas aprendió algunas de las habilidades que necesitaba para moverse en bicicleta por la urbe. Más tarde, enseñó a manejar a niños en un curso vacacional y conoció a otra carishina, Daniela Barragán. 

Luego la invitaron a ser instructora en Tena y, finalmente, a formar parte de Carishinas en Bici, que en agosto del 2026 cumplió 16 años.

Mientras habla, Jazz limpia su bicicleta, una GER 700x26, ligera y rápida gracias a sus llantas delgadas. “Es fácil de transportar, yo la carga con un brazo sin problema si hay grados en el camino”, explica.

No es su primera bicicleta. Antes tenía una Eagle, rin 26, de montaña básica, que utilizaba tanto para recorrer largas distancias como para moverse por la ciudad. Pero, se la robaron. 

Como buena 'carishina' tiene una segunda bicicleta, una MTB, para montaña. "Es más pro, frenos hidráulicos, bloqueo de suspensión al volante, componentes de gama alta. Se llama Espartana".

¿Por qué pedalear por la capital?

Jazz está convencida de que todas las mujeres deberían tener la posibilidad de aprender a montar en bicicleta. “A las mujeres nos dio libertad”, dice. 

Para ella es una herramienta de emancipación. Recuerda que hubo una época en la que las mujeres no podían salir solas y que, incluso para pedalear, debían llevar vestido.

"Es más que un instrumento para movilizarnos. Mi cuerpo es mi motor: enseña a cuidar la postura, a ubicar las piernas. La bicicleta empodera. Nos cambió la vida. A los hombres quizás, les dio estatus", reflexiona.

Y en ese sentido, Jazz Armas, quien es comunicadora, subraya que el nombre del colectivo resignifica la palabra “carishina”, un término kichwa que hace referencia a una mujer que no quiere hacer aquello que normalmente se espera de ella y que, en determinados contextos, también se ha relacionado con quienes hacen actividades consideradas propias de los hombres, como montar en bicicleta.

La iniciativa de fundar un colectivo llamado Carishinas en Bici fue impulsada, entre otras, por la estadounidense Charlotte Fagan y la quiteña Sofía Gordón, hace 16 años.

Hoy, Jazz, quien trabaja con el equipo de gestión del colectivo, disfruta especialmente cuando puede sumar nuevas alumnas y alumnos. Las carishinas enseñan a niñas y niños pequeños que todavía no saben montar hasta jóvenes y mujeres mayores a quienes alguna vez les dijeron que la bicicleta era cosa de hombres.

Por ejemplo, ella tiene en mente la historia de tres hermanas de más de 60 años, que durante toda su vida soñaron con aprender a pedalear. Su madre nunca se los permitió. Cuando ella murió, las tres se propusieron cumplir ese deseo.

Una de ellas fue alumna de Jazz. El día que consiguió pedalear sola durante un tramo, se rompió en llanto. Las dos se abrazaron. La mujer solo podía repetirle una frase: “No sabes lo que significa para mí”.

La escuela de ciclismo urbano de las Carishinas, de Quito

Son esos momentos los que las Carishinas en Bici quieren multiplicar: mujeres que, a cualquier edad, descubran que también pueden aprender, pedalear y avanzar por sí mismas.

Ellas mantienen la escuela de ciclismo urbano, que es autogestionada, por lo que reciben $ 59 por las cinco clases de una hora y media cada día, personalizadas. Una instructora acude a donde pida la pupila, puede ser su domicilio, un parque cercano. 

Se puede tomar los niveles básico, intermedio o avanzado. Aprenden desde el equilibrio para manejar, sortear curvas cerradas y abiertas, cambiar de marchas, frenar y estar listas para circular en el tráfico. Jazz admite que ella no ‘ratonea’ entre los carros, prefiere usar las ciclovías.

”A todas las pupilas, niñas, mujeres de 70 y 80 años que preparamos como bicimensajeras, les decimos que seguro se caerán. Ese es su mayor miedo y nos frena. Les damos herramientas para no hacerse daño y levantarse”.

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