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Diario Expreso Ecuador

el chulla del barrio

La Colmena de Quito: Guadalupe Panchi rescata la memoria de un barrio marcado por prejuicios

Esta dirigente comunitaria y gestora cultural se siente hincha de su barrio. Organiza caminatas para recorrerlo y visitar a vecinos.

Guadalupe Panchi, vecina de La Comuna, recuerda que su mamá vendía espumilla, le encantaba ingresar a casas antiguas.

Guadalupe Panchi, vecina de La Comuna, recuerda que su mamá vendía espumilla, le encantaba ingresar a casas antiguas.Daniel Cuesta/ EXPRESO

Rosero Mariela
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Lo que debes saber:

  • Guadalupe Panchi impulsa desde hace 14 años recorridos para rescatar la memoria de La Colmena, en Quito.
  • La dirigente barrial conserva fotografías, objetos y documentos para contar la historia de La Colmena y romper sus estigmas.
  • La Colmena busca atraer visitantes y dinamizar su economía sin perder identidad ni expulsar a sus vecinos.

Cuando Guadalupe Panchi tenía 18 años, mentía si le preguntaban dónde vivía. Decía que en Santa Lucía Alta o en La Bahía y de ese modo ocultaba que su casa estaba en La Colmena. En la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, donde estudió Enfermería, entendió que no tenía sentido.

Entonces descubrió que una de sus amigas hacía lo mismo: ocultaba que vivía en Toctiuco, que queda sobre San Juan. Entonces empezó a comprender que no tenía de qué avergonzarse. Hoy promueve el cariño por La Colmena, busca que el barrio se libere del estigma y que sea visto como los demás sectores del Centro Histórico.

Entre risas, Guadalupe admite que, como a otras dirigentes de su barrio y de otros sectores, a ella, algunas personas la ven como “la vecina desocupada”. La mujer, hincha del Aucas, habla con orgullo de La Colmena, el lugar donde nació y donde ha vivido sus 46 años.

La gestora cultural de La Colmena

Desde hace 27 años forma parte de la dirigencia barrial y hace alrededor de 14, impulsó el proyecto cultural Chakiñán UIO La Colmena. Organiza recorridos para preservar la memoria histórica del sector y junto con su esposo y el apoyo de la comunidad ha instalado un museo de sitio en la casa de sus padres. 

Su propósito es que el barrio deje de ser visto como el “patito feo” del Centro Histórico y acabar con prejuicios que lo han marcado.

Convertirse en gestora cultural y estudiar esta disciplina en la Universidad Central le permitió adentrarse en la historia de su barrio. En las calles O’Leary y Cestaris señala con el dedo y recuerda que allí estaba la parada del Batán-Colmena, la tercera ruta de transporte público de la ciudad.

“No es un barrio cualquiera. Hicimos mingas hasta 1985. Y cuando aquí ya contábamos con teléfonos y energía eléctrica, en El Batán, entre otros barrios vistos como ‘aniñados’, no había ni alcantarillado”, dice.

Panchi cree que los prejuicios crecieron cuando el Colegio Central Técnico salió del Centro debido a que la venta informal de la avenida 24 de Mayo se trasladó hacia San Roque y los perjudicó.

En el museo de sitio, donde se observan caretas elaboradas en talleres con los vecinos, recuerda por qué comenzó a trabajar por su barrio. Las antiguas lavanderías habían dejado de ser funcionales y se habían convertido en un espacio considerado riesgoso. Los vecinos se organizaron entonces en un comité de gestión.

Ellos comenzaron como líderes juveniles durante la administración del exalcalde Paco Moncayo. Después participaron, durante la gestión de Augusto Barrera, en Quito Verde y en proyectos de seguridad. Más tarde siguieron un curso de gestión cultural junto con Iván Villacís, Sarita Chicaiza y Mely Reinoso, también parte de la dirigencia barrial.

El rescate de tradiciones y la actividad barrial

  • Panchi recuerda que en diferentes años han buscado rescatar juegos tradicionales, las rondas con los niños, también han elaborado caretas y cometas. 
  • Así también han estado detrás de evitar la pérdida de la memoria oral e intangible, al contar leyendas. Alguien que les enseñó mucho, dice, fue Lucía Durán. 
  • Siguieron sus indicaciones y recopilaron fotografías blanco y negro, libros de los vecinos. También han convocado, en otras administraciones, con el apoyo del Municipio, a quienes puedan pintar murales y escalinatas. En fotografías se puede observar el graderío convertido en un piano, gracias al arte urbano.
  • Desde hace 14 años, como gestora cultural impulsa las caminatas en su barrio. Es un recorrido que dura alrededor de dos horas, que suele desarrollarse los sábados. 
  • En el trayecto les cuenta la historia, recuerda a los personajes, les invita a ingresar a viviendas con vista privilegiada de la ciudad, también pasan por restaurantes en donde se sirven cangrejos, conchas, almejas y más y conocen una cervecería Pica de Oro. Saludan con Enrique Guaranda, expresidente; y con Rubén Cóndor, quien tiene una orquesta.

Quisieran ser como la Comuna 13 de Medellín

Los vecinos de La Colmena no quieren que su barriada se vuelva como La Ronda. “Allá existe vaciamiento de vecinos, de identidad. Yo converso con dirigentes de La Ferro (Ferroviaria) y de la Loma y nos gustaría convertirnos en algo parecido a la Comuna 13 de Medellín, para tener incentivos y que la economía se dinamice”, apunta Guadalupe Panchi. 

A ella le preocupa mucho que se queden solo con adultos jóvenes y que sus hijos se muden. “Se quieren ir pero no porque el barrio sea feo sino porque no tenemos transporte, tampoco una Casa Somos, nos toca bajar hasta a la 24 de Mayo”.

En el modesto museo, que mantiene en una habitación de la propiedad de sus padres, Guadalupe conserva objetos que son parte de la historia de su barrio, como de otros de la capital. Para muchos podrían ser considerados “cachivaches”, admite. 

Y muestra una libreta de calificaciones de 1943, de la Escuela 10 de Agosto

“Acá se observa por qué han cambiado tanto las cosas. Mire, las materias que había: composición, dictado, caligrafía, ejercicios gramaticales, aritmética, geometría, geografía, educación, química, física, moral, antropología y sociología. Además pruebas prácticas trabajo manual, dibujo, economía doméstica, costura, puericultura, corte, gimnasia y deportes”. 

Un pedazo de una página amarillenta de El Comercio, de 1993, guarda la historia de los cines de Quito: Alhambra, Cine Atahualpa, Rex, Rumiñahui, Benalcázar, América, Colon, Quito, Presidente, República y Bolívar, se lee. Con su hermana caminaba hasta el Atahualpa. Con una sola entrada veían tres películas, con canguil y hot dog.

“Quito es más que Santa Clara, La Basílica o las plazas San Francisco y de la Independencia”, confirma e invita a visitarlos.

EL CHULLA DE MI BARRIO

Es una serie transmedia, para descubrir, retratar y dar visibilidad a los personajes que representan el espíritu quiteño.
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