
Últimos pescadores vuelven a Manta: un emotivo reencuentro tras la tragedia
Lágrimas, abrazos y fe marcaron el retorno de los dos últimos pescadores del barco siniestrado en altamar
La escena estuvo cargada de emoción, pero también de un profundo dramatismo. En el área internacional del aeropuerto Eloy Alfaro, en Manta, decenas de familiares aguardaban con carteles, globos y oraciones silenciosas el arribo de los dos últimos pescadores del barco Negra Francisca Duarte II, sobrevivientes de una tragedia en altamar que aún estremece a la costa manabita.
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El momento más desgarrador se vivió con la llegada de Jordy Alexander Flores Lucas, de 20 años. Ingresó por la puerta superior en una silla de ruedas, visiblemente afectado, con el rostro marcado por el cansancio y el dolor. Pero fue al ver a su familia cuando todo se quebró: rompió en llanto, un llanto profundo e incontenible, que se mezcló con los gritos, abrazos y lágrimas de quienes, durante días, temieron no volver a verlo.
Niños, adultos y ancianos lo rodearon. Lo tocaron, lo abrazaron, lo aplaudieron como quien celebra un milagro. La escena, cargada de humanidad, estremeció a todos los presentes. Sin embargo, el alivio de su regreso no borra el drama que aún enfrenta: Jordy presenta una lesión en la pierna derecha y una infección bacteriana que obligó a su traslado inmediato, bajo resguardo de personal médico y del Cuerpo de Bomberos de Manta, al hospital Rafael Rodríguez Zambrano, donde permanece bajo observación.

El segundo pescador llegó en un estado de salud más estable
A pocos metros, otra historia de amor y resistencia se abría paso entre la multitud. Lionel Pilay Barahona, quien sufrió quemaduras en su mano derecha, llegó en un estado de salud más estable. Apenas cruzó la puerta, su esposa, Guadalupe Mero Reyes, corrió hacia él con su pequeña hija de un año y medio en brazos. El reencuentro fue inmediato e intenso, cargado de lágrimas y silencio. A ellos se sumó doña Eulalia Barahona, madre del pescador, quien, conmovida, miró al cielo antes de abrazarlo con una fuerza que hablaba de fe, angustia y gratitud.
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En medio del dolor vivido, la esperanza también tuvo espacio para gestos sencillos pero cargados de significado. Doña Eulalia había anticipado días atrás que prepararía una comida especial para recibir a su hijo: un tradicional viche de pescado, símbolo de vida y fe en Semana Santa, una tradición profundamente arraigada en las costas manabitas.
“Siempre tuvimos fe. Soñábamos con este momento. Sabíamos que estaba vivo, pero queríamos verlo y abrazarlo. Gracias a Dios, hoy está con nosotros”, expresó la emocionada madre.
La llegada de los pescadores estuvo acompañada por la alcaldesa Marciana Valdivieso, quien, junto a personal médico, brindó respaldo institucional. La autoridad confirmó que el Municipio asumirá los gastos médicos de Jordy Flores Lucas, al destacar su valentía y la importancia de acompañarlo en su proceso de recuperación.
Jordy y Lionel fueron los últimos en arribar de los 16 tripulantes del Negra Francisca Duarte II, embarcación que zarpó en marzo en busca del sustento diario, pero que en altamar sufrió un incendio bajo circunstancias que aún están en investigación. Lo que pudo convertirse en una tragedia absoluta es hoy una historia de supervivencia, marcada por cicatrices físicas y emocionales, pero también por la fortaleza de quienes lograron volver a casa
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