Análisis
Guayas elegirá prefecto tras siete años sin que un titular electo termine su mandato
Disputa de votos se concentra en dos nichos: el primero es por el voto urbano no correísta; el segundo dentro de la izquierday es una disputa asimétrica

El próximo 29 de noviembre de 2026 se elegirá al nuevo prefecto del Guayas.
Cuarenta y siete meses gobernados a la sombra de la sucesión. Esa es la realidad que registrará la Prefectura del Guayas al cierre de su actual ciclo constitucional. Prácticamente la mitad de los últimos 96 meses de gestión provincial habrán quedado en manos de rostros que jamás fueron elegidos en las papeletas para esa dignidad.
Desde el 2019, la provincia parece incapaz de cerrar un mandato con su titular original. Primero fue la inesperada muerte de Carlos Luis Morales a los 13 meses de mandato, que catapultó a Susana González a completar un accidentado periodo de 35 meses. Años después, la renuncia de Marcela Aguiñaga a los 36 meses repitió la historia, cediendo el bastón de mando a Carlos Encalada para clausurar los 12 meses finales.
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Guayas acumula siete años sin que un prefecto electo complete su mandato
Entonces, Guayas lleva siete años sin que un prefecto electo complete su periodo. Con este sombrío historial de interinidad, se reduce la ventaja de la incumbencia, se debilita el voto retrospectivo y vuelve más volátil una competencia en la que ninguno de los principales candidatos llega completo.
Guschmer es el que mejor encarna el voto de maquinaria. Fue concejal por el PSC en 2019, candidato a la Prefectura por Movimiento RETO en 2023 (cuando quedó tercero) y asambleísta por ADN en 2025, curul a la que renunció para volver a intentarlo. Tiene marca nacional y reconocimiento, pero carga con un Gobierno que esta provincia ya castigó en el referendo de noviembre pasado, cuando el No ganó las cuatro preguntas en Guayas y, de los veinticinco cantones, solo Samborondón dio el Sí a todas.
Los demás llegan con déficits distintos. Sofía Espín conserva parte del voto correísta, pero compite sin el casillero con el que ese proyecto ganó la Prefectura en 2023.
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Juan Carlos González hereda el recuerdo de diecisiete años de hegemonía socialcristiana, pero no una trayectoria propia equivalente.
César Pérez viene del sector que la Prefectura atiende por mandato al ser el presidente de la Plataforma Agropecuaria de la Corporación de Montuvios del Litoral, aunque representación gremial no significa automáticamente adhesión electoral.
Es, en distinta proporción, una elección de marca sin territorio, territorio sin marca, herencia sin liderazgo y representación sectorial sin, necesariamente, conversión electoral. Las otras cuatro candidaturas parten desde organizaciones nacionales sin peso provincial demostrado.
Frente a esta dispersión, la disputa por los votos se concentra en dos nichos ideológicos.El primero disputa el voto urbano no correísta y tiene a Guschmer y González como protagonistas: uno ofrece capacidad de ejecución por conexión con el Ejecutivo; el otro, el recuerdo de una estructura provincial que fue hegemonía. Geraldine Weber y Renán Borbúa pueden no competir por ganar, pero sí por restar en un escenario estrecho.
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La disputa por el voto de izquierda abre un segundo frente
El segundo escenario ocurre dentro de la izquierda y es una disputa asimétrica. Espín conserva al elector que vota por instrucción; Pérez busca al que ya no se siente representado por una dirigencia judicializada, pero tampoco quiere abandonar su posición ideológica.
Pero esta elección no se gana solamente sumando votos provinciales; se gana construyendo dos mayorías distintas. Por un lado está Guayaquil, que concentra el 62 % del padrón de toda la provincia pero experimenta poco la Prefectura, porque la gran mayoría de la obra ocurre fuera de la urbe.
Por el otro están los restantes 24 cantones, territorios donde la institución es de uso cotidiano debido a los caminos vecinales, canales de riego y fomento productivo. Es en ese segundo ecosistema donde el peso de los alcaldes, los presidentes de juntas parroquiales y las redes territoriales inclinan la balanza.
Por eso una parte decisiva de la elección se juega indirectamente en las 25 papeletas de alcaldía que se votan el mismo día. Y es precisamente esa red la que más cambió desde 2023. El correísmo ganó todo en Guayas, pero llega a noviembre sin el casillero con el que ganó, con el alcalde de su principal ciudad preso y con la prefecta electa reemplazada por una figura cercana al oficialismo.
Sobre ese tablero caerá además el agua. El calendario se adelantó por El Niño y terminó superponiéndolo con la campaña. Aparece así un electorado que acudirá a las urnas posiblemente inundado. Ese votante no necesariamente distingue competencias; puede sancionar a quien percibe gobernando. El oficialismo queda particularmente expuesto porque en Guayas controla buena parte de lo visible durante una emergencia: presupuesto nacional y Gobernación.
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En 2023 Aguiñaga ganó con más del 34 % frente al 25,56 % de Susana González y otras once candidaturas se repartieron el resto. Después de siete años sin un mandato completo, Guayas puede volver a elegir un prefecto sin un respaldo social mayoritario del padrón electoral. La fragmentación no es una consecuencia de esta elección; es su condición de origen.