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Diario Expreso Ecuador

Mentes que sanan

Vocación interrumpida: el impacto psicológico de no estudiar o no ejercer la carrera que elegiste

No estudiar la carrera que se soñó (o no poder ejercerla) puede desencadenar un duelo psicológico. El psicólogo Francisco Vicuña explica qué ocurre en la mente

¿No estudiaste la carrera que soñabas o la estudiaste y nunca la ejerciste? En este episodio de Mentes que Sanan, el psicólogo Francisco Vicuña explica por qué estas experiencias pueden vivirse como una pérdida de identidad y un duelo silencioso. Hablamos de autoestima, frustración y cómo resignificar el camino para reconstruirte sin definir tu valor por un título.

¿No estudiaste la carrera que soñabas o la estudiaste y nunca la ejerciste? En este episodio de Mentes que Sanan, el psicólogo Francisco Vicuña explica por qué estas experiencias pueden vivirse como una pérdida de identidad y un duelo silencioso. Hablamos de autoestima, frustración y cómo resignificar el camino para reconstruirte sin definir tu valor por un título.

Génesis Parrales
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Lo que debes saber

  • No poder estudiar o ejercer una carrera desencadena un duelo psicológico que fractura la identidad y el propósito de vida.
  • La vergüenza es la emoción más silenciada: el miedo al juicio ajeno agrava el daño emocional y lleva al aislamiento.
  • El cerebro responde a lo que se le pregunta: reformular la pregunta activa respuestas orientadas a la resiliencia.

Hay decisiones que no se toman: a veces, simplemente, se imponen. El examen que no se aprobó, la beca que no llegó, el título que existe pero no encuentra dónde aterrizar. Cada uno de estos escenarios tiene un nombre clínico que pocas veces se pronuncia en voz alta: duelo.

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En redes sociales (especialmente en TikTok e Instagram) ha tomado fuerza una corriente de personas que comparten abiertamente el dolor de no haber podido estudiar lo que quisieron, o de haber obtenido un título que hoy acumula polvo en un cajón. Lo que antes se callaba, ahora se publica. Y detrás de cada historia, hay una herida que merece atención.

Cuando el plan de vida se rompe: más que una decisión fallida

Según el psicólogo Francisco Vicuña Matovelle, cuando una persona no puede estudiar la carrera que eligió, el golpe no es solo práctico: es identitario. Desde jóvenes, muchos construyen su imagen de futuro alrededor de una profesión. "Yo soy el futuro médico, el futuro abogado", se repiten. Cuando esa imagen se fractura, algo dentro también lo hace.

No es solo que algo no ocurrió. Es que se rompió la expectativa de vida y, con ella, una parte de quién se creía ser. Y eso, en psicología, tiene consecuencias reales: la persona empieza a tener un diálogo interno que la hunde, dominado por emociones como la ira, el miedo y la frustración.

No solamente es una decisión fallida. Realmente ataca la identidad de la persona, porque no solo es algo que no se dio: se rompe la expectativa de vida y parte de quién uno creía ser."Francisco Vicuña Matovelle, psicólogo

La vergüenza: la emoción que nadie confiesa

Entre todas las emociones que emergen, hay una que suele esconderse más que las otras: la vergüenza. Quien no pudo ingresar a la universidad, o quien abandonó la carrera a mitad de camino, muchas veces prefiere no contárselo a nadie. No solo siente que fracasó ante sí mismo, sino que lo hizo frente a quienes esperaban algo de él o ella.

Y entonces llega la comparación. Los amigos que sí entraron, los compañeros que ya ejercen, los familiares que a esa edad ya tenían título. Cada una de esas imágenes se convierte en un espejo que devuelve una imagen distorsionada: la de alguien que no pudo, que no llegó, que se quedó atrás. Esa comparación, advierte Vicuña, no solo daña la autoestima, sino que refuerza la sensación de inferioridad y bloquea la capacidad de ver otras posibilidades.

Cuando tener el título tampoco alcanza

El fenómeno no termina con la graduación. Muchos profesionales, especialmente en Ecuador y América Latina, obtienen su diploma y se enfrentan a un mercado laboral que no tiene espacio para ellos. La frustración, en ese caso, es distinta pero igualmente devastadora: ya no es la de quien no entró, sino la de quien hizo todo bien y aun así no puede ejecutar lo que construyó durante años.

En ambos escenarios, el mecanismo psicológico opera de forma similar: se establece una ecuación mental errónea que equipara el fracaso con el valor personal. Y ahí está el verdadero problema.

El error de raíz: confundir lo que somos con lo que logramos

Vicuña Matovelle identifica esta confusión como el nudo central de todo el proceso. Cuando alguien cree que su valor depende de sus logros académicos o profesionales, cada tropiezo se convierte en una sentencia sobre su identidad. "No pude entrar" se transforma en "no soy capaz". "No encontré trabajo" se convierte en "no sirvo para nada".

Esa secuencia de pensamiento, aunque frecuente, está mal construida desde su base. El valor de una persona no reside en lo que alcanzó, sino en quién es. Y los errores, lejos de definir a quien los comete, son simplemente eso: errores. Situaciones que ocurrieron, no etiquetas permanentes.

Fracaso no es igual a yo no valgo. Tú no eres un error que cometes: tú cometiste un error. Hay una gran diferencia entre las dos cosas."Francisco Vicuña Matovelle, psicólogo

Hacia adentro, no hacia afuera: la clave para salir del laberinto

Uno de los errores más comunes, según el especialista, es buscar las respuestas siempre hacia afuera: en el examen que falló, en el profesor que no aprobó, en la mala suerte o en el mercado laboral. Ese enfoque externo impide ver qué parte del proceso sí depende de uno mismo y, sobre todo, qué puede aprenderse de lo vivido.

La propuesta del especialista es concreta: antes de buscar soluciones en el exterior, hay que trabajar hacia adentro. Conocerse mejor, identificar fortalezas y debilidades, fortalecer la autoestima desde un lugar que no dependa de títulos ni de cargos. Ese proceso (al que en psicología se le llama autoconciencia o self wellness) es, según él, el verdadero punto de partida para cualquier cambio sostenible.

Cambiar la pregunta para cambiar la respuesta

Hay también una herramienta cognitiva poderosa que el psicólogo recomienda: reformular la pregunta que uno se hace frente a la adversidad. Cuando alguien se pregunta "¿por qué me pasa esto?", el cerebro responde con razones que confirman la incapacidad. Pero cuando la pregunta cambia a "¿en quién me está convirtiendo esto?" o "¿para qué me está pasando?" las respuestas abren otro horizonte.

Esa simple modificación no es solo semántica. Es neurológica. El cerebro busca coherencia con la pregunta que recibe. Una que apunta al aprendizaje devuelve resiliencia, perspectiva y posibilidades. Una que apunta al fracaso devuelve culpa.

A veces, dice Vicuña, los obstáculos que se repiten (como intentar entrar a una carrera varias veces sin lograrlo) son lecciones no aprendidas que la vida vuelve a presentar. Quizás hay algo que trabajar en la gestión de la frustración, en la paciencia, en la forma de enfrentar los conflictos. Y quizás ese sea el verdadero aprendizaje que está detrás del tropiezo.

Resignificar: darle otro nombre al dolor

El psicólogo habla desde la experiencia propia. Perdió a su padre a los 20 años tras una enfermedad inesperada, y en ese dolor encontró el propósito de su vocación. Su historia no es una receta ni un manual de superación fácil, sino una prueba de que resignificar es posible: la circunstancia no cambia, pero el significado que se le da puede transformar completamente la acción que se toma.

Para quienes sienten que la edad ya es un límite (que ya es tarde para intentarlo, que otros ya llevan ventaja, que el tiempo pasó) el especialista es categórico: nunca hay una edad que cierre las posibilidades. Lo que sí cambia con el tiempo es la urgencia de trabajar desde adentro, no de seguir esperando que las cosas se acomoden solas.

Herramientas para gestionar el duelo vocacional

Vicuña comparte una serie de recursos prácticos que pueden ayudar a transitar este proceso de manera más saludable. No son fórmulas mágicas, sino hábitos que, aplicados con constancia, permiten vaciar la carga emocional y recuperar claridad:

  1. Generar conciencia. Detenerse y preguntarse honestamente qué está pasando, qué parte del proceso tiene responsabilidad propia y qué puede gestionarse de manera distinta. Es el primer paso de cualquier cambio real.
  2. Reformular las preguntas. Sustituir "¿por qué me pasa esto?" por "¿en quién me está convirtiendo esto?" o "¿para qué me está pasando?". El cambio de pregunta activa respuestas diferentes en el cerebro.
  3. Escribir. Plasmar en papel lo que abruma la mente actúa como un vaciado emocional. Puede conservarse como diario o, si se prefiere, destruirse una vez escrito. Lo importante es sacar lo que pesa.
  4. Hacer ejercicio. La actividad física es uno de los reguladores emocionales más efectivos y accesibles. Ayuda a liberar tensión acumulada y mejora el estado de ánimo de forma sostenida.
  5. Buscar apoyo. Hablar con alguien de confianza o acudir a terapia psicológica. Tener acompañamiento profesional no es señal de debilidad, sino de inteligencia emocional.
  6. Cultivar la espiritualidad. Para quienes tienen creencias religiosas o espirituales, la oración o la meditación pueden ser un ancla de calma y conexión interior en momentos de crisis.

¿Cuándo es necesario buscar ayuda profesional?

El especialista desmonta el estigma de acudir al psicólogo solo cuando "ya no se puede más". Ir a terapia, dice, es comparable a hacerse un chequeo médico anual: lo ideal es hacerlo de manera preventiva, no solo en emergencias. Tener un espacio para hablar, desahogarse y recibir orientación profesional es una forma de mantenerse emocionalmente equilibrado, no una señal de que algo está gravemente mal.

Dicho esto, sí existen señales que indican que el proceso se está saliendo de control y que la intervención profesional ya no puede postergarse: dificultades para dormir, bajones de ánimo prolongados, llanto frecuente, irritabilidad constante, pérdida de motivación generalizada o la sensación de que no hay salida posible.

Cuando el diálogo interno se convierte en "no sirvo para nada" y el horizonte de posibilidades parece cerrarse por completo, es el momento de pedir ayuda. No como señal de derrota, sino como el primer paso real hacia la recuperación.

Al final, la carrera que no fue (o que no pudo ejercerse) no define a nadie. Lo que define, dice el psicólogo, es la decisión de qué hacer con eso. Y esa decisión, siempre, está en manos de quien la vive.

¿Qué es Mentes que sanan?

Mentes que sanan es el pódcast de psicología de Diario EXPRESO, disponible en Spotify y YouTube. En cada episodio abrimos un espacio para conversar sobre salud mental y bienestar emocional, abordando temas que forman parte de la vida cotidiana.

Cada entrega cuenta con la participación de psicólogos y especialistas que comparten conocimientos, experiencias y herramientas para comprender mejor nuestras emociones y fortalecer el bienestar personal.

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