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Ecuador no vive bajo una dictadura, sino bajo una democracia con defectos serios que, sin embargo, se sigue defendiendo sola, cada día

Ecuador no está en la liga de las dictaduras reales y llamar “criptodictadura” al gobierno de Noboa, como hizo Osvaldo Hurtado, borra una distinción que debería ser innegociable.
Freedom House, el organismo que mide la calidad democrática de 195 países, califica a Ecuador como “Parcialmente Libre”, con 64 sobre 100 puntos. Preocupa, y viene cayendo. Pero está a años luz de las dictaduras reales de la región: Venezuela ronda los 14 puntos, Nicaragua los 9, Cuba los 12. Ahí sí hay presos políticos, medios cerrados y elecciones sin oposición real. Ecuador no está en esa liga, y llamar “criptodictadura” al gobierno de Daniel Noboa, como hizo Osvaldo Hurtado, borra una distinción que debería ser innegociable.
Los datos duros respaldan el punto. En abril, Noboa fue reelegido con el 56 % de los votos en una elección competitiva, con oposición organizada y resultados que nadie disputó en serio. La Asamblea sigue teniendo bancadas rivales que fiscalizan, atacan e insultan al Ejecutivo en medios con alcance nacional, como pasó esta misma semana. Y el propio Hurtado, expresidente y crítico frontal, dijo lo que dijo en televisión abierta sin que le pasara absolutamente nada más allá del debate político y la molestia de algunos asambleístas. Bajo una dictadura de verdad, nada de eso ocurre.
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Ecuador tiene una democracia defectuosa
Dicho esto, ningún puntaje es intocable y ninguna democracia está libre de roces. El problema es tratar el roce como si fuera colapso institucional. El Índice de Democracia de The Economist va en la misma línea y ubica a Ecuador entre las “democracias defectuosas”, una categoría creada justamente para separar países con fallas de aquellos donde la democracia dejó de existir. Meter a Ecuador en la segunda canasta, sin las cifras que lo respalden, no fortalece el argumento de Hurtado: lo debilita, y le resta filo a la próxima advertencia que sí sea necesaria.
Ecuador no vive bajo una dictadura. Vive bajo una democracia con defectos serios que, sin embargo, se sigue defendiendo sola, cada día, con cada crítica que se publica sin que nadie termine preso por decirla. Confundir ambas cosas no protege la democracia ecuatoriana: la abarata.