Quito tolera
La representatividad de los alcaldes de Quito es cada vez menor. Los últimos, Jorge Yunda y Pabel Muñoz, no obtuvieron ni el 30 % de los votos ciudadanos

Los últimos alcaldes de Quito han obtenido un porcentaje tan bajo de votos ciudadanos, que no tienen representatividad ni mucho menos legitimidad.
En el año 2000, Paco Moncayo y Roque Sevilla se disputaban la Alcaldía de Quito. Sevilla venía de la tradición de la Democracia Popular que le había dado a la ciudad algunas de sus mejores administraciones, como las de Rodrigo Paz y Jamil Mahuad. Él mismo había sido un gran alcalde encargado. Moncayo, por su parte, era un héroe de la Guerra del Cenepa, con un enorme respaldo ciudadano. El tiempo demostraría que también sería un buen alcalde.
Paco vs. Roque. Dos ciudadanos honorables. Dos líderes probados. Moncayo ganó con el 59 %. Sevilla perdió con el 24 %. Hoy, ese 24% bastaría para ganar Quito.
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Sigamos. En 2004, Moncayo fue reelegido derrotando a Rodrigo Paz (así es, yo tampoco lo recordaba). El alcalde en funciones venció a uno de los mejores alcaldes de la historia de la ciudad. Paz perdió con el 36 %. En 2009 aparece el fenómeno correísta. Augusto Barrera ganó con el 43 %. En 2014, la ciudad reacciona y elige a Mauricio Rodas con el 58 %, en un voto claramente anticorreísta. Barrera pierde con el 38 %.
Rodas no estuvo a la altura de transformadores que antecedieron al correísmo. Ahí se rompieron muchas cosas y la calidad de la representación se desplomó.
Menos representatividad, menos legitimidad
En 2019, Jorge Yunda gana con el 21 %. En 2023, Pabel Muñoz gana con el 25 %, seguido por Yunda con 22 % y Pedro José Freile con 21 %. Tres candidatos prácticamente empatados. Ninguno representó una mayoría.
Es trágico. En poco más de veinte años pasamos de Rodrigo Paz vs. Paco Moncayo a Pabel Muñoz vs. Jorge Yunda. De patriotas a oportunistas. De transformadores a comediantes. De liderazgos probados a dos de los peores alcaldes que ha tenido la ciudad en décadas, hijos además, de la misma mata política.
¿Qué nos pasa? ¿Dónde están los ciudadanos que exigen mejores opciones?
¿Dónde están los partidos capaces de producir liderazgos? ¿Dónde están los liderazgos probos, preparados, capaces? La degradación es acumulada. Los partidos sobreviven en lugar de representar y lo que vemos es un desfile de cálculos, no de vocación. Y nosotros, anestesiados.
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