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Columna Internacional

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DESMOND LACHMAN

Una llamada de atención de Japón para EE.UU.

La debilidad del yen y la elevada deuda de Japón elevan el riesgo de una crisis que podría impactar a otras economías globales.

Las tensiones financieras en Japón podrían tener efectos en los mercados internacionales.

Las tensiones financieras en Japón podrían tener efectos en los mercados internacionales.CANVA

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Japón parece estar al borde de una grave crisis cambiaria y del mercado de bonos. Aunque sus autoridades gastaron más de 70.000 millones de dólares en mayo para sostener al yen, la moneda cayó a su nivel más bajo en 40 años y se estima que está significativamente infravalorada frente al dólar. Al mismo tiempo, los rendimientos de los bonos japoneses a largo plazo alcanzaron máximos de varias décadas tras el abandono del control de la curva de rendimiento del Banco de Japón (BOJ). Sin señales claras de que el país vaya a resolver las causas estructurales del problema, aumenta el riesgo de que la crisis se profundice.

Mercado de bonos y política monetaria bajo presión

La situación japonesa representa una advertencia para otros países con niveles elevados de deuda pública, como Estados Unidos, Francia, Italia y el Reino Unido. Las crisis financieras suelen extenderse cuando los mercados identifican problemas similares en otras economías. Así ocurrió durante la crisis asiática de 1997, cuando la devaluación de la moneda tailandesa provocó turbulencias en otros países de la región, y durante la crisis de la eurozona de 2010, cuando los problemas de deuda de Grecia afectaron a otras economías europeas.

Los problemas de Japón se explican principalmente por sus finanzas públicas deterioradas y sus bajas tasas de interés frente a otros países. Su deuda pública equivale aproximadamente al 230 % del PIB, la mayor proporción del G7, y el país continúa registrando déficits presupuestarios primarios. Además, el envejecimiento y la reducción de la población dificultan la sostenibilidad fiscal. La falta de un plan claro para reducir la deuda genera preocupación entre los inversores.

La política económica del gobierno tampoco ha contribuido a mejorar la confianza. La primera ministra Sanae Takaichi aprobó un presupuesto suplementario con mayores subsidios energéticos, una medida que aumenta el gasto público. Mientras tanto, el BOJ enfrenta dificultades para elevar las tasas de interés porque un aumento significativo encarecería los pagos de la deuda. La diferencia entre las tasas japonesas y estadounidenses mantiene atractivo el ‘carry trade’, mediante el cual los inversores se financian en yenes baratos para invertir en activos con mayor rendimiento.

Sin embargo, como señaló Herb Stein: “Si algo no puede durar para siempre, terminará”. Japón podría corregir su trayectoria mediante ajustes preventivos o verse obligado a actuar tras una crisis más severa, como ocurrió en el Reino Unido en 2022. Los indicios actuales apuntan hacia un escenario más complicado.

El efecto contagio sobre economías endeudadas

Una crisis japonesa podría aumentar la presión sobre otros países endeudados, especialmente Estados Unidos. Aunque su deuda representa cerca del 100 % del PIB, muy por debajo de Japón, mantiene déficits superiores al 6 % del PIB y su deuda podría alcanzar niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial. Además, Estados Unidos depende en gran medida de inversores extranjeros y de fondos de cobertura para financiar sus necesidades de endeudamiento.

La conclusión es que las economías con altos niveles de deuda deben fortalecer sus finanzas públicas antes de que una crisis en Japón desencadene nuevas tensiones en los mercados internacionales de bonos y divisas.

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