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Diario Expreso Ecuador

Desinfórmese por los canales oficiales

Los apagones en Ecuador no son solo falta de electricidad sino de credibilidad. La desinformación de los canales oficiales mantiene al país a oscuras

En medio de los apagones, informarse a través de los canales oficiales, solo lleva a la desinformación.

En medio de los apagones, informarse a través de los canales oficiales, solo lleva a la desinformación.Canva

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Finalmente las mentiras de la ministra Inés Manzano, habituales en ella pero multiplicadas ahora vertiginosamente hasta la contradicción y el paroxismo, produjeron un desastre comunicacional que arrastró consigo la dudosa credibilidad del Gobierno y la poca seriedad que aún podían algunos encontrar entre sus ‘cheerleaders’. En medio de las ruinas de la confianza pública que dejó su paso huracanado, lo único que quedó en pie, intacto, inconmovible, incontrovertible, fue la crisis de los apagones que tanto se ha empeñado en negar. Empeño absurdo pues el país la está viviendo.

Que nadie nos venga ahora con esa vieja muletilla que los funcionarios desvergonzados, desde el pedestal de su bien pagada autosatisfacción, acostumbran a restregar en la cara de los periodistas: “infórmese por los canales oficiales”. Una frase menos inocente de lo que parece.

Canales oficiales vs. medios con credibilidad

¡Los canales oficiales! A estas alturas del partido, el excelente trabajo de las verificadoras de información que han surgido en el medio digital durante los últimos años (Lupa Media, Ecuador Chequea) ha demostrado hasta la saciedad que los canales oficiales, del presidente de la República para abajo, mienten por sistema. Pero la situación es aún peor. Porque durante el noboísmo hemos aprendido que los canales oficiales (léase: los organismos públicos, cual más, cual menos) no sólo mienten sino que tienen entre sus tareas la de filtrar información muchas veces reservada para que la publiquen sus ‘cheerleaders’, sus trolls, los medios que compraron para ponerlos a su servicio o los falsos medios que parecen ser financiados con dinero público, como La Data, el Dato, Altavoz y decenas de otras cuentas que trabajan a pedido, reproducen propaganda, difunden campañas sucias y no tienen de medios más que un logotipo.

Se nos pide informarnos por los canales oficiales pero resulta que lo que parece ser información sensible (un informe de Contraloría sobre ciertos jueces de la Corte Constitucional, por ejemplo) sólo se encuentra en los medios mercenarios del Gobierno. Hay que decirlo directamente: la desinformación es el eje principal de la política de comunicación del Gobierno. La campaña sucia, la difamación, el asesinato simbólico del adversario ha vuelto a ser (ya lo fue durante el correísmo) una política de Estado. No hay, pues, nada menos digno de credibilidad que los canales oficiales.

Desconexiones programadas que igual nos dejan a oscuras

Lo hemos vuelto a constatar en estos días a propósito de la crisis de los apagones, cuya existencia se niega a reconocer el Gobierno y pretende disfrazar (así como disfraza todo) por medio de eufemismos: no son apagones, son desconexiones programadas. La cereza sobre el pastel la puso ahora un grupo de ‘cheerleaders’, empleados de Alvarado Campi en los papeles, quienes a propósito de un apagón de cuatro horas en Samborondón recogieron y difundieron, bien porque así lo quiso el poder que los administra o porque en su entusiasmo se ofrecieron de voluntarios para ello, la información de los organismos gubernamentales, dándola por cierta. Aquella que de antemano el país entero reconocía como falsa. Se justificaron diciendo que no hicieron otra cosa que recoger la información de los canales oficiales. Un procedimiento que conduce a la extinción justificada del periodismo. Porque, ¿puede haber algo más superfluo e innecesario?

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