Lasso necesita un Rabascall

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Lasso necesita un Rabascall

Con Francisco Rocha, Carondelet puso la vara alta: él representa el grado de independencia periodística que el presidente Guillermo Lasso y su gobierno son incapaces de tolerar’.

Nomás le tomó once meses convertirse en lo que no quería. Guillermo Lasso ya es ese presidente que se apoltrona entre periodistas cuidadosamente seleccionados para no incordiarlo y contesta con predecibles respuestas a sus predecibles preguntas. Qué grima. “Señor presidente, para que conste que no venimos aquí a hacer polémica sino a hablar de las cosas positivas...”, empieza el entrevistador de turno despachando su introducción a una pregunta olvidable y olvidada, y Lasso dibuja una sonrisa de vergüenza ajena que debería ser propia. Al fin y al cabo, él podría hacer de sus comparecencias ante la prensa algo diferente. Pero qué pereza. O qué miedo. Resultado: aquel que se pierde las entrevistas presidenciales desde Carondelet no se pierde de nada.

A Francisco Rocha, director de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos y experimentado entrevistador radiofónico, le cupo el honor de ser el primer periodista censurado de ‘Encontrémonos por la ciudadanía’, el show presidencial de los días martes en Carondelet. Lo invitaron primero y lo desinvitaron después, según contó el portal 4 Pelagatos. Al parecer porque en el intermedio tuiteó algo que no debía. Quizás fue eso de “el gobierno empeñado en pactar con las mafias”, que escribió el sábado. O porque a una pregunta de Carlos Vera sobre las razones para que el director del SNAI no haya sido sancionado aún por permitir la fuga de Jorge Glas, respondió Rocha con un “Creo que es porque cumplía órdenes”.

El riesgo de que fuese a repetir semejantes razones en el programa del martes, incluso transformadas en preguntas, era algo con lo que Lasso no podía lidiar. Él necesita un espacio para fingir que está indignado por la fuga de Glas sin que nadie se lo cuestione.

Decir que Francisco Rocha fue honrado con una desinvitación no es poco. Antes, el honor consistía precisamente en lo contrario: en ser invitado. No más. Con Rocha, Carondelet ha puesto la vara alta: él representa el grado de independencia periodística que el gobierno en general y Guillermo Lasso en particular son incapaces de tolerar. De manera que ser invitado a participar en la aburrida, indigerible e inservible entrevista de los martes en los patios de Carondelet se ha convertido, para el periodismo nacional, en una señal inequívoca de que algo se esta haciendo mal, o por lo menos no lo suficientemente bien. No ser invitado es un honor: es un reconocimiento de independencia periodística.

Llegados a este punto, los productores de ‘Encontrémonos por la ciudadanía’ y el propio presidente tienen ante sí dos alternativas: o matan honrosamente a su indigesto programa antes de que termine de podrirse, o lo convierten en otra cosa, posibilidad que sin duda les tienta pero que conduce inevitablemente (debieran saberlo) al modelo sabatina de comunicación de masas. Quién sabe, a lo mejor les gusta. Hay un camino intermedio: conseguirse un Rabascall. No debe ser difícil: un periodista bien mandado, con la prestancia que exigen las circunstancias (léase afeitado y bien trajeado), lo suficientemente versátil como para fingir independencia y capaz incluso de plantear preguntas aparentemente incómodas dentro de los límites de lo soportable. Con esos atributos, Carlos Rabascall fue el entrevistador preferido del expresidente prófugo y terminó convertido en su candidato a la vicepresidencia. Uno así necesita Lasso ahora que se está convirtiendo en ese tipo de presidente intrascendente.