Identidad y federación

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Identidad y federación

Guayaquil es y será lo que sus ciudadanos y ciudadanas quieren que sea

Guayaquil tiene una historia de heroísmo y sacrificio de larga data, con una identidad forjada a pulso. Nuestro ser histórico y cultural no comenzó el 9 de Octubre de 1820 con la independencia de la ‘Provincia Libre de Guayaquil’, viene de antes. Los guayaquileños no aparecimos de la nada, nuestra identidad se construyó a través de la historia. Se forjó en 1564 cuando sus habitantes juntaron dinero y voluntades para construir el hospital de Santa Catalina; se forjó en 1688 cuando sus habitantes, junto a los jesuitas, dieron comienzo al proceso fundacional del colegio San Francisco Javier, primer centro de educación de la urbe. Otra vez en 1764, cuando se reconstruyó luego del devastador incendio de aquel año. Con cada desgracia natural o ataque pirata nos definíamos como pueblo, pero los tiempos cambian y la memoria es corta. Pareciera que Guayaquil se ha olvidado de sí misma, de lo que fue. Atrás quedó esa región grande que abarcaba prácticamente toda la costa del actual Ecuador. Guayaquil miró tanto al abismo del centralismo que se volvió centralista perdiendo territorios y reduciendo su concepto de identidad de región a zona urbana. Nuestra ciudad abandonó su centro y sus barrios históricos y tradicionales, su población se blindó en urbanizaciones amuralladas; se olvidó de sus instituciones y gremios, de sus ciudades hermanas. Su identidad quedó reducida a eslóganes políticos y civismos activados de último momento para beneficio de algún caudillo que busca poder y atención. Nuestra ciudad debe repensarse, verse como parte de una región histórica, recuperar sus barrios tradicionales y abrazarse con todos los sectores que no han sido tomados en cuenta para forjar así una nueva identidad, basada en la diversidad, sin olvidar que somos hijos e hijas de pueblos que encontraron en Guayaquil un lugar al cual llamar hogar. Si no nos unimos no habrá nada que federar; no se puede llamar estado federal a unas cuantas urbanizaciones con megalomanía, rodeadas de exclusión y abandono. Para pensar en federalismo primero hay que reencontrarnos con nosotros mismos. Guayaquil es y será lo que sus ciudadanos y ciudadanas quieren que sea.