Columnas

Tarea urgente

"En alimentación, la pandemia nos ha regresado 40 años atrás. Debemos cambiar esto pronto. Algunos no tendrán otra oportunidad"

Hace unos años leí el libro Abundance de Peter Diamandis. En un ambiente donde por lo general leemos y escuchamos quejas y pesimismo, observar la evidencia de mejora en los indicadores de calidad y esperanza de vida, en profundización de la alimentación adecuada para la humanidad y en la perspectiva de avances sustanciales a partir del uso de la tecnología, fue realmente una brisa esperanzadora. Diamandis hace referencia a los cinco niveles de necesidades humanas planteadas por Abraham Maslow, donde en la base está la satisfacción de lo básico: agua, comida, refugio, etc.; y en lo más alto de la pirámide, la autorrealización del individuo. Con gran optimismo se enfocaba en que lo básico ya era un tema razonablemente doblegado, y que el futuro se centraría en resolver los problemas de la cúspide, del alma. De pronto la historia nos cambió: aquello que parecía un tema superado nos ha vuelto como tarea urgente e inmediata. La pandemia que vivimos nos ha vuelto al país al pasado, 40 años en ciertos aspectos críticos.

En un comunicado conjunto urgente del Programa de Alimentos de las NN. UU. y de la FAO emitido el 6 de noviembre pasado, se advierte de una situación de hambruna en varios lugares del mundo (África occidental por ejemplo). Pero el mensaje desesperado va más lejos, advirtiendo de un deterioro a nivel de catástrofe en otros muchos países, incluyendo Latinoamérica.

En el caso ecuatoriano, la situación es alarmante; a pesar de no existir data perfectamente confiable, expertos estiman que aproximadamente el 50 % de la población no está pudiendo resolver todas sus necesidades alimenticias. La reducción de la actividad económica, la consecuente reducción del empleo formal y la limitación de recursos públicos y privados para asistencia alimentaria, están golpeando duramente a la población más vulnerable, especialmente a los niños. Para ellos, una mala alimentación ahora no les dará una segunda oportunidad.

En este momento se requiere liderazgo y articulación del Estado y la sociedad civil para revertir la situación. Estamos a tiempo, podemos hacerlo: actuemos ya.