Columnas

¿Y si nos fuera bien?

Si nos convenciéramos íntimamente de que somos capaces de alcanzar lo que nos proponemos, lo lograríamos’.

Un nuevo gobierno ha tomado las riendas del país. El votante, alejado en su gran mayoría de las ideologías, de las corrientes de izquierda o de derecha, en realidad ha votado por quien cree que puede solucionarle sus problemas actuales inmediatos: un empleo, el acceso a educación para sus hijos y una pronta vacunación. Quizá algo que parece tan básico: ir a dormir sin que sus hijos se acuesten con hambre. Pero por un momento imaginemos que la lógica y la racionalidad se producen. Se logran acuerdos comerciales y de inversión con Estados Unidos, los países del Pacífico americano y países asiáticos, y empieza a fluir inversión extranjera. Se flexibiliza la contratación laboral, alentando al sector productivo a crear más plazas de trabajo para responder a la demanda comercial externa. Se dinamiza la economía con una reforma a la seguridad social que nos permita desactivar la bomba de tiempo previsional, y se incorpora una enorme masa de nuevos afiliados. Baja el riesgo país y con ello se reducen las tasas de interés, especialmente empujadas por la competencia, ya no entre bancos locales, sino también con bancos internacionales. Se transforma la agricultura, impulsada por los nuevos mercados, tecnificándola y convirtiéndose el tradicional obrero agrícola en un técnico de alto conocimiento. Se permite que cualquier niño o joven pueda asistir a una escuela europea o norteamericana, recibiendo educación de primer mundo. No significa educación en casa, significa que los educandos puedan interactuar en centros de educación, pero los docentes estén en cualquier lugar del mundo. Imaginemos que en 4 años podemos aplacar la desnutrición infantil, cualquier meta menor no nos debe satisfacer. ¿Por qué no podemos pensar en grande? Ah, ya sé, porque no sabemos concertar, lograr una agenda común y trabajar en equipo; porque nunca vamos a clasificar a un mundial; porque nunca nos vamos a ganar una medalla olímpica; porque nunca nos vamos a parar firmes en la frontera y gritar ‘¡Ni un paso atrás!’. Yo no sé qué piense otro, pero para mí aquí hay materia prima para que nos vaya bien.