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"Es inevitable pensar en Venezuela mientras escribo sobre Cuba..."

Opino sobre algo que no me compete, que no me concierne por ningún otro motivo que la mera empatía. Ver a los cubanos marchar en las calles con la bandera de su país debe llamar profundamente la atención de la opinión internacional porque esos marchantes arriesgan sus vidas cuando salen a la calle.

El castrismo tiene en el poder 62 años y se viene debilitando por una serie de factores, particularmente con la caída del Muro de Berlín, que ya es “historia antigua”.

La cúpula partidista de la “revolución” reorientó sus intereses hacia Venezuela y el resto de América, para asegurar un flujo de recursos que permitiese mantenerlos en el poder a costa del bienestar de sus nacionales. Basta sobrevolar la isla para asimilar la insfraestructura que tienen, basta ver las vallas del régimen que dicen todo lo que no son.

Admiro increíblemente la capacidad de supervivencia de sus habitantes. Viven y sonríen a pesar de la escasez espantosa con la que existen. Pero todo tiene un límite; personalmente creo que pasó hace rato.

La falta de atención médica por COVID-19, la precaria situación económica en la isla y la ausencia de democracia son los factores de mayor impacto en las protestas actuales. En un mundo interconectado es difícil mantener secretos y todos nos enteramos de que el presidente Miguel Díaz-Canel ordenó interrumpir la conexión de internet móvil durante el fin de semana para que los cubanos no puedan comunicarse entre ellos y con el mundo. Es importante recalcar que el uso de internet ha ido eliminando restricciones de uso en los últimos 5 años. Pero mecanismos opresivos solo evidencian el descontento y la necesidad de actualizar a Cuba.

El director teatral Yunior García fue detenido por protestar y luego de dejarlo en libertad le impusieron la prohibición de salir de su casa sin “una razón justificada”. La represión es violenta y lleva a demasiados ciudadanos a las cárceles. Sobre esto, el mismo artista comentaba la precariedad de la cárcel: “Se notaba la precariedad de esa prisión. No tenían ni planillas para tomarnos declaración, ni tinta para tomarnos las huellas digitales. Realmente no estaban preparados para lo que ocurrió ese día.” Se los libera de las cárceles porque están desbordadas.

Un régimen así solo se mantiene con violencia y en ese sentido, la respuesta de Díaz Canel de permitir el ingreso sin límites de comida, medicamentos e implementos de primer uso en las maletas de los viajeros “sin cobrar impuestos” es la declaración más concreta de que la situación se desborda.

La posibilidad de que Cuba finalmente se libere del enquistamiento de una estructura política corrupta estará determinada por las fricciones dentro de esa misma estructura.

La población lo ha manifestado de todas las maneras posibles y ahora vuelve a arriesgar su vida para comunicarlo. Lo hace porque tiene poco o nada que perder; se llega a puntos sin retorno porque la vida pierde gran parte de su encanto.

Es inevitable pensar en Venezuela mientras escribo sobre Cuba. Su empobrecimiento acelerado y la obstinación del régimen apoyado en la corrupción frenética de sus líderes crea una necesidad espantosa de estallar frente al abuso.

Ojalá que frente a las necesidades y el clamor de los cubanos finalmente podamos decir que hay #CubaLibre.