Columnas

Politización institucional

Ahora, más que nunca, es necesario el liderazgo de personas valiosas, que en lucha frontal y permanente nos guíen a una regularización de la convivencia social en nuestro país

La alternabilidad es y ha sido permanentemente la base de la democracia. Mantener las mismas personas al frente de las instituciones, ejerciendo su poder en ellas por largos períodos, es señal de un quemeimportismo social para luchar contra la corrupción o ineptitud. Ecuador sufre hace mucho tiempo un asalto político a toda clase de instituciones civiles, sean gremiales, deportivas o culturales, con el objetivo de ampliar la influencia partidista en la sociedad. Para lograr esta clase de captaciones se recurre a acciones amañadas y para comprobarlo cito dos casos ilustrativos.

En el Comité Olímpico Ecuatoriano, dirigentes cuestionados, que defienden su posición escudándose en tres medallas olímpicas a pesar de que los propios ganadores denunciaron el poco o nulo apoyo recibido para lograrlo, mantienen el poder político a costa de enquistarse en las federaciones por décadas, habiéndose forjado, contra los propios principios olímpicos de ética e igualdad, un reglamento por el cual el directorio en funciones tiene la facultad de votar en las elecciones (12 votos). No es necesario un mayor análisis para determinar que dichos votos irán a favor de la reelección o del candidato oficialista, que para el caso de permanencia, es prácticamente lo mismo.

La Casa de la Cultura Ecuatoriana, llamada a ser paladín del honor, el altar de la intelectualidad y la cultura, ha sido cuestionada judicialmente por intentar manejar elecciones amañadas para permanecer o para captar los puestos directivos. Luego de meses de pugnas y conflictos judiciales, el ministro de Cultura y Patrimonio ha tenido que exigir públicamente que cesen las beligerancias y se garanticen elecciones transparentes y legítimas. Sin embargo, la sociedad se encuentra ajena y mira desde lejos ésta perniciosa situación, como si no le importara, como si no la va a alcanzar, como si no la afectara ahora o en el futuro; y no es así, nos afecta de manera personal y como comunidad, disminuyéndonos en nuestra integridad y capacidad de organización, quitándonos identidad.

Ahora, más que nunca, es necesario el liderazgo de personas valiosas, que en lucha frontal y permanente nos guíen a una regularización de la convivencia social en nuestro país.