Nostalgia ibérica

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Nostalgia ibérica

No me parece que hoy debería ser un martes cualquiera. Le debo mucho a los hispanos, desde la Dama de Elche hasta los sonidos del Concierto de Aranjuez. Me gustaría que lo iberoamericano perdure

Dice el escritor argentino Abel Posse, creo que en Los perros del paraíso, que “nostalgia es dolor de nosotros mismos”. Esa acepción me gusta más que la que describe el sentimiento de lo perdido.

Como se trata de semántica y no de matemáticas, las fronteras entre ambas maneras de entender se entrecruzan. Así: nostalgia es una mezcla de lo perdido en relación a lo que nos circunda pero, también sobre aquello que ya no es más en nosotros.

Yo habré estado unas diez veces de visita de trabajo en España. Solo una vez de vacaciones, mas, dándome el gusto, conozco sus ciudades principales y también una serie de pueblitos hermosos en el norte gallego, en el vasco, y en el sur andaluz; en Extremadura en el oeste y en la todavía llena de ecuatorianos: Murcia, al pie del Mediterráneo.

En fechas como la de hoy, cuando yo era joven, se conmemoraba el Día de la Raza y me solazaba de haber conocido autores españoles como Cervantes y ser fanático de Don Quijote, apoyado en ese punto de vista por Montalvo, que dijo con fuerza: “aquel que no tiene algo de Quijote no merece el aprecio de sus semejantes”.

Después, mi padre me hizo descubrir a Ortega y Gasset y repetía: yo soy yo y mi circunstancia, hasta que encontré otros textos llamativos entre la Rebelión de las masas y la Misión de la Universidad, y luego en la Revista de Occidente.

¿Será nostalgia de la filosofía española? Luego de Ortega conocí física y literariamente a Victoria Camps, supe de y leí a Adela Cortina. Recomiendo a Daniel Innerarity y acabamos de tener entre nosotros, vía Zoom, a Javier Gomá, ilustrándonos en ejemplaridad pública.

También caben añoranzas más prosaicas pero igualmente deseables: la buena mesa de cualquier parte de la Península Ibérica, que Portugal también entra en mis reminiscencias con la Universidad de Coímbra o sus avenidas que cantan a las Libertades y Pessoa, y por supuesto Saramago y el ‘vinho’ verde.

No me parece que hoy debería ser un martes cualquiera. Le debo mucho a los hispanos, desde la Dama de Elche hasta los sonidos del Concierto de Aranjuez. Me gustaría que lo iberoamericano perdure.