Un IESS a punto de colapsar

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Un IESS a punto de colapsar

El país no aprende a respetar los fondos privados, tal cual algunos privados no respetan los fondos públicos

Dicen que un país puede clasificarse de acuerdo a cómo trata a sus niños y a sus viejos.

Mal estaríamos en dicha clasificación si miramos a nuestros niños desnutridos o esclavizados por el consumo de drogas y a nuestros viejos con jubilaciones que no se corresponden con lo aportado a lo largo de, casi siempre, más de treinta años de su vida laboral, y con enfermedades que no se atienden con la celeridad debida en los hospitales del Seguro Social.

Así, nuestros niños tienen todo tipo de carencias y están en riesgo de perderse como actores en la construcción del futuro.

En cuanto a los adultos mayores, están nuevamente en juego los aportes destinados a cubrir la jubilación. ¡Qué triste sería verlos angustiados sin los recursos que les permiten malamente sostener sus siempre crecientes gastos!

Desgraciadamente, la realidad concreta es que tenemos un IESS reflejando el constante asalto, por un lado, de sus fondos por parte del Estado, que mantiene una alta deuda en arrastre permanente y que nadie honra; y por otro, el permanente sometimiento de su capacidad institucional a una voraz corrupción que le vende con sobreprecio y después se roba de sus bodegas lo recién adquirido.

En suma, un IESS que ya no da más y puede colapsar con grave perjuicio para sus afiliados y jubilados, que no tendrían a quién acudir para obtener las prestaciones que ahora les ofrece, mas no les brinda.

La tragedia social por sobrevenir es grave. El Gobierno debería otorgarle prioridad a la atención de este viejo problema que de tiempo en tiempo hace notar sus complicaciones, pero, ahora, está a punto de colapsar.

El país como un conjunto debe tomar medidas. Hay muchas deudas que cobrar, del Gobierno y de los particulares; hay también que parar la sangría permanente de los diversos mecanismos de robarle recursos. Lo cierto es que, tal cual, el IESS ha estado al servicio de sus afiliados y de los gobiernos en turno; ahora le toca al Gobierno servir al IESS, reestructurándolo, por supuesto, de modo que no siga siendo más de lo mismo. Amanecerá y veremos.