La alegría de vivir

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La alegría de vivir

Construyamos el mundo que deseamos con base en un propósito en común: no dejarnos manipular ni por la ira, ni por la envidia’.

¡Qué buenos es saberse y sentirse vivo luego de haber cursado, más o menos sin contratiempos personales, dolores inevitables aparte, todo un nuevo año! Bueno es sentirse, además, todavía útil. ¡Qué fea debe ser la sensación de saberse y constituirse en un estorbo para la familia y, peor todavía, para la sociedad!

En medio de mis maltrechos riñones y otros trastornos, espero, a lo largo del 2022, me sigan funcionando los dos hemisferios cerebrales y que, sumando mis experiencias vitales, las neuronas puedan seguirse conectando unas con otras, de modo que el pensamiento complejo me sea asumible una buena temporada más.

A propósito, larga vida a Edgar Morin, nacido en 1921, quien continúa contribuyendo al desarrollo del pensamiento, de la filosofía, de la difícil convivencia entre terrícolas belicosos. Cabe expresar aquí un deseo: ojalá prosiga largo tiempo sembrando conciencia de pertenecer todos, a la egoísta y torpe comunidad humana.

Como no faltará alguien que se pregunte por qué me atrevo a calificarla de esa agresiva manera, baste pensar en la cifra de los vacunados y los que todavía no han podido recibir los beneficios de su relativa inmunización, por el pecado de haber nacido en un país pobre.

Sin duda, falta mucho por avanzar en la construcción de una comunidad humana. Mayores logros han alcanzado las termitas.

Sea este nuevo comienzo, oportunidad para buscar una auténtica sociedad de naciones, en la cual la solidaridad pueda mantenerse entre las grandes palabras del diccionario sin que nos ruboricemos al escucharla.

Espero, que la experiencia todavía no superada de la COVID-19 nos haya hecho crecer en grandeza, en templanza y también en el aprecio del enorme privilegio, pese a todo, de estar vivos. Mientras podamos, no perdamos la alegría de vivir y si de pronto nos ocurre, recuperémosla leyendo un poema, mirando una puesta de sol o disfrutando la sonrisa de un niño, o mejor todavía, compartiendo un abrazo con alguien a quien hemos aprendido a estimar, a querer.

Reciban mis apreciados lectores, mis mejores deseos por un venturoso 2022 en unión de los suyos.