Columnas

Destruir sin crear

En nuestro país, en general, y en Guayaquil, en particular, ha ocurrido que la destrucción de su arquitectura histórica y patrimonial bajo justificativos sanitarios o de “modernidad”...

El geógrafo e historiador David Harvey planteaba que los procesos de modernización implican, en gran medida, destruir para volver a construir. Decía Harvey: “La imagen de ‘destrucción creadora’ es muy importante para comprender la modernidad, justamente porque proviene de los dilemas prácticos que enfrentó la implementación del proyecto modernista”.

Esto sucedió en muchas ciudades del mundo, a través, por ejemplo, de reformas urbanas con propuestas estéticas e higienistas que, en algunos casos, significó la eliminación de edificios y amplios núcleos históricos, como en París, cuando el barón Haussmann superpuso una ciudad neoclásica a costa de la destrucción del enclave medieval.

Marshal Berman denominaba Autodestrucción innovadora al proceso natural de la modernidad en que todo lo que se construye está hecho para ser derribado. Sin embargo, aclaraba Berman, la destrucción implica la sustitución y la innovación. En ese proceso ha habido un permanente debate sobre qué conservar y, sobre todo, el porqué hacerlo. Está implícito en ello, entre otras, la construcción del concepto de nación a partir del respeto a las manifestaciones culturales y la conservación de la memoria. Hoy, a nadie se le ocurriría destruir el Coliseo de Roma para construir un estadio moderno.

En nuestro país, en general, y en Guayaquil, en particular, ha ocurrido que la destrucción de su arquitectura histórica y patrimonial bajo justificativos sanitarios o de “modernidad”, ni siquiera ha servido como pretexto para la sustitución de otras edificaciones. Así pasó, por ejemplo, con el antiguo Hotel París de Malecón y Elizalde, destruido para dar paso a un lote baldío que se usa como parqueo de automóviles, o con la Cárcel Pública Municipal, uno de los edificios más antiguos de la ciudad, abandonado desde hace muchos años. Hoy, muchas voces se han unido para tratar de rescatar al antiguo Anfiteatro Anatómico de la Universidad de Guayaquil -bajo amenaza de ser demolido-, a través de propuestas factibles e innovadoras. Ojalá no sucumba ante la visión de destruir y luego no crear nada.