Justicia blanda

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Justicia blanda

Sin duda Ernesto Mallo acertó al decir: “Leyes hay, lo que falta es justicia”. Faltó mano dura para un caso que lo ameritaba. Y de estas, hay mil historias

La noticia que retumba en nuestras cabezas desde hace algunas semanas es la de dos hermanos, menores de edad, maltratados, violados y torturados en Naranjal, presuntamente por parte de su padre y madrastra. La historia es tan retorcida que la propia madrastra es quien lleva a uno de los niños al hospital para que sea atendido por quemaduras en gran parte de su cuerpo. Ella, muy tranquila llega al centro de salud, sosteniendo la mano del pequeño para que un doctor lo examine, como si se tratara de una simple fiebre. Lo lleva dos veces y ni enfermeros, ni doctores se percatan de la pesadilla que vivía el pequeño. Parece increíble que el mismo niño entre dos veces por emergencia, con signos evidentes de maltrato y nunca haya existido un trabajador social que pudiera notar por lo que estaba pasando el menor y llamar a la Policía. Asimismo, los doctores, que también están entrenados para reconocer signos de violencia, al parecer no se percataron de que algo malo sucedía.

Lo preocupante es que los casos de abuso a menores son provocados en un número considerable dentro del mismo hogar, por sus progenitores, seres que en teoría deberían amar y cuidar a sus hijos de todo mal. Sin embargo, terminan siendo ellos los carceleros que condenan a sus vástagos a una vida llena de traumas y dolor. Y lo más seguro es que ese dolor y rechazo que recibieron lo repliquen cuando intenten formar una familia ya siendo adultos.

Pero tratando de justificar la situación, y queriendo ser optimistas (aunque el caso no se preste), se podría decir que lo del hospital pudo haber sido un caso extraordinario de descuido. Mas existe el poder Judicial, que debería haber hecho justicia a esos menores a quienes les ha tocado vivir un mundo de terror. No obstante, al momento de formulación de cargos, el juez no solicitó prisión preventiva porque se trataba, a sus ojos, de violencia intrafamiliar. ¿En qué momento de la historia el ser humano llegó a convertirse en un monstruo de mente retorcida, capaz de lastimar a su propia descendencia? Sin duda Ernesto Mallo acertó al decir: “Leyes hay, lo que falta es justicia”. Faltó mano dura para un caso que lo ameritaba. Y de estas, hay mil historias.