El demoledor

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El demoledor

Las crisis se asumen con estrategias claras y perfiles correctos para ejecutarlas, más aún en nuestro país, donde la crisis en seguridad y derechos humanos es profunda.

Las crisis se asumen con estrategias claras y perfiles correctos para ejecutarlas, más aún en nuestro país, donde la crisis en seguridad y derechos humanos es profunda.

Es inadmisible que en Ecuador haya secuestros, desapariciones forzosas, femicidio y hechos delictivos con la participación de malos elementos de la Policía Nacional. Esta institución necesita de inmediato una reestructuración profunda desde sus cimientos, para ganarse nuevamente la confianza de la ciudadanía, pues el Gobierno conoce de primera fuente el peligroso nivel de desprestigio que ha alcanzado la Policía frente a la opinión ciudadana.

Un hecho que llama la atención es que el presidente de la República en respuesta al execrable asesinato ocurrido al interior de la Escuela de Formación de la Policía haya decidido convertirse en un demoledor, pero no para solucionar el caso en ciernes, ni para derrocar la violencia contra la mujer, como lo exige la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará), de la cual Ecuador es país suscriptor, sino para derrocar el edificio donde se alojaban los oficiales de la escuela, conocido con el remoquete de Castillo de Grayskull. No sé qué se va a lograr con esto, ni qué mensaje quiere dar. Incluso, la Contraloría lo observará por destruir un bien público. ¿Qué asesor le recomienda soberana barbaridad?

Esto sería similar a demoler todos los hospitales porque ahí se mueren a diario ecuatorianos por falta de medicinas y atención adecuada de sus dolencias, o demoler escuelas donde hubo terribles delitos sexuales contra sus estudiantes y por qué no, todas las cárceles donde se perpetraron crímenes atroces y matanzas a vista y paciencia de las autoridades. No, lo que debe hacer es tomar el toro por las astas y comunicar claramente los planes de acción a tomar para corregir todos sus desaciertos.

Solo mucho discurso sin acción, es tiempo de que los ciudadanos veamos un gobierno actuando sin tanto verbo y con una clara hoja de ruta, que hasta ahora parece no tener.