Clave para desafíos de 2022 que la COVID potencia

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Clave para desafíos de 2022 que la COVID potencia

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Clave para desafíos de 2022 que la COVID potencia.EXPRESO

Después de un año en que la gente añoró volver a la «normalidad», ya es evidente que la COVID-19 no permitirá que eso suceda. La pandemia, próxima a empezar su tercer año, ha tenido un profundo efecto sobre personas, comunidades, países y la cooperación internacional, y plantea duros desafíos para 2022. Un elemento esencial para hacerles frente será la reconstrucción de la confianza. El primer desafío es que ha cambiado la relación de las personas con el trabajo. En algunos países, las medidas de confinamiento, la muerte de seres queridos y la incertidumbre general derivada de la pandemia han causado (o acelerado) replanteos vitales. Y es crucial invertir para remediar la disrupción educativa causada por la COVID-19. El segundo desafío es cortar la creciente tendencia global al autoritarismo. Según Freedom House, la pandemia ha debilitado los mecanismos de control y contrapeso del poder gubernamental en al menos 80 países, sin distinción de nivel de ingresos. También está en alza la corrupción política. El tercer desafío es que haya otra pandemia. En 2021 el mundo no distribuyó vacunas, tratamientos y terapias contra la COVID-19 en forma equitativa o eficiente. La confianza y la cooperación entre gobiernos no es un ideal imposible. La clave está en diseñar reglas, instituciones e implementación de políticas de forma que cada país sepa que todos están cumpliendo a grandes rasgos. Un importante defecto de la respuesta a la COVID-19 ha sido la falta de transparencia sobre los montos que pagan los gobiernos (y a quién) por el acceso a dosis. Es urgente que en 2022 el mundo rediseñe y mejore los mecanismos globales para la investigación, distribución y financiación de vacunas, para asegurar el nivel mínimo de confianza necesario para la cooperación internacional. Finalmente, la COVID-19 está cambiando las reglas que regirán la economía en 2022. Hay un aumento del nacionalismo económico, acelerado por la experiencia de los países en el intento de obtener equipos, tratamientos y vacunas. Si a esto se le suma el deseo de alcanzar las metas de emisión neta nula, el resultado probable será una proliferación de políticas industriales, aumento de proteccionismo comercial y más desconfianza a la inversión extranjera, en un contexto de endurecimiento de la política monetaria y aumento de deuda pública. Estas tendencias se agravan por la presencia de alianzas y rivalidades geopolíticas que influyen en las negociaciones económicas. Los desafíos económicos mundiales de 2022 son preocupantes. Pero incluso en lo peor de la Guerra Fría, fueron posibles instituciones y acuerdos internacionales básicos para contención mutua, mediante un proceso de negociación paciente y acuerdos que daban garantías a ambas partes. La confianza no es una panacea contra el aumento de tensiones internacionales pero para contenerlas se necesitará un mínimo de confianza, respaldada por instituciones con amplia credibilidad. No habrá un regreso a lo que era antes de la COVID-19, la pandemia ha cambiado demasiadas cosas. El desafío para los años venideros es seguir adelante rediseñando y reimaginando las reglas e instituciones con la mirada puesta en restablecer la confianza en los ámbitos del trabajo, la política, la salud pública y la política económica.