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Carne es caos

"Hoy se consumen en todo el mundo unas 300 millones de toneladas de carne"

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"El retroceso de hábitats naturales, aumento de la presencia humana y multiplicación de animales de crianza incrementan el riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas"expreso

El sistema de producción industrial de carne está fuera de control. Además de su aporte a la destrucción del clima, la biodiversidad, el suelo y los bosques, es una amenaza directa a la salud de las personas

 Antes de la pandemia casi nadie prestaba atención a las advertencias de la OMS sobre las enfermedades zoonóticas (causadas por patógenos que se transmiten de animales a humanos). Lo mismo ocurre con la resistencia a antibióticos, también muy vinculada con la producción de carne.

La Organización Mundial de Sanidad Animal calcula que 60 % de las enfermedades infecciosas en seres humanos son zoonóticas. Y según Nature, el crecimiento de la población mundial y cambios en las pautas de consumo seguirán aumentando esa cifra.

A esto se suman cambios en el uso de la tierra (deforestación y conversión a campos de cultivo). La actividad humana ha alterado 75% de la superficie sólida del planeta y estas cifras no paran de crecer. Al intervenir ecosistemas naturales, desequilibrarlos y reducir los hábitats de vida silvestre, estamos alterando la relación simbiótica que existió por miles de años entre humanidad y naturaleza.

El retroceso de hábitats naturales, aumento de la presencia humana y multiplicación de animales de crianza incrementan el riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas. Un trabajo publicado en Nature Sustainability muestra que más de 25% de las enfermedades infecciosas y más de 50% de las enfermedades infecciosas zoonóticas pueden vincularse con la agricultura. Y estas cifras van a empeorar al seguir expandiéndose la agroganadería industrial y prácticas de monocultivo. Otro factor importante es la producción de forraje.

La OMS y la FAO llevan tiempo alertando sobre el riesgo de pandemias implícito en la ganadería industrial. En los últimos 50 años la población mundial se duplicó, pero la producción mundial de carne creció a más del triple. Se calcula que en 2017 había 1.500 millones de vacas, mil millones de cerdos, 23.000 millones de aves de corral y dos mil millones de ovejas y cabras.

Es común que se tenga a estos animales encerrados de a miles en espacios pequeños, lo que facilita la transmisión de enfermedades. Un panel científico sobre gripe aviar y aves salvajes creado por NN. UU. está convencido de que las aves salvajes y migratorias son vectores de virus gripales altamente contagiosos, pero que estos también se encuentran en aves de granja que pueden contagiar a las primeras.

La producción de carne también supone otros riesgos sanitarios: además de la soja, el uso intensivo de antibióticos. Expertos calculan que en 2050 la resistencia a antibióticos provocará la muerte de más de 10 millones de personas al año. Y según la OMS una de las principales causas es el uso generalizado de antibióticos en crianza industrial de animales. Los brotes de COVID-19 en mataderos de todo el mundo muestran que la producción de carne implica destrucción ambiental, maltrato animal y explotación laboral.

Hay que apuntar a un consumo de carne «menor pero mejor». La mayor parte de la población mundial no come mucha carne, como debería ser el consumo: no tres veces al día, y solo una o dos veces por semana. Los políticos llevan años ignorando las advertencias sanitarias de los científicos sobre la industria de la carne.

Este año todo el mundo ha debido confrontar la importancia de esas advertencias. Se necesita una transformación integral de los sistemas agrícolas y alimentarios, con políticas que refuercen la agroecología y alienten cadenas de valor cortas, diversificadas y resilientes. El conocimiento científico necesario para ello existe hace años, solo hace falta usarlo.